En la vía…
Estamos extraviados como pueblo, a la intemperie, muy lejos del camino a casa… Cae la noche y hay que buscar refugio y adormecerse contando estrellas para parar de pensar.
Por millones, los vagabundos se persignan, dondequiera reina el desconcierto. Sinuosos vericuetos nos rodean y el agrio sucederse de los días pesa en nuestros hombros cansados.
Tiene olor a sucio el aroma de fracaso que inunda caminos, pueblos y ciudades. Se esconde la esperanza y, tras más de un día sin pena ni gloria, resolvemos apostar, una vez más, a la ruleta de la vida.
Frágiles y desprolijos vamos a la deriva, pero no hay tierra a la vista. Tropezando vamos por un pantano en el que hasta el barro se subleva. Con el corazón herido y la mente afiebrada, murmuramos un Padre Nuestro que detiene nuestras lágrimas perdidas… Se nos acerca un ángel y nos llama, a cada uno por su nombre; de pronto despertamos. Todo lo viejo se hace nuevo, ha pasado la embriaguez, el escenario del horror se ha transformado y lo lejano está más cerca.
Liberados de las cadenas de la agonía, la reacción afectiva se despierta, rutilante de amor, y extendemos nuestras manos que sostienen nuestro palpitante corazón abierto a los demás.
Alberto Félix Suertegaray
DNI 14.169.481
Roca