“En los 50, en Río Negro la UCR apuntó alto”

Para Cardone, en esa década el partido estuvo liderado por una dirigencia bajo fuerte ebullición de ideas.

Redacción

Por Redacción

entrevista: Edgardo Cardone, historiador dedicado a la UCR rionegrina

Carlos Torrengo

carlostorrengo@hotmail.com

Martín Heer

–¿Rastrillando nuevamente la historia del radicalismo rionegrino?

–Sí. El radicalismo que se reformula aquí, en consonancia con lo que sucede con el partido a escala nacional, a partir del surgimiento del peronismo. El radicalismo que queda bajo sopor tras la derrota en el 46 de la Unión Democrática que integró y fue su viga esencial, el radicalismo de aquélla derrotado estaba hegemonizado por el unionismo, que con centralidad porteña imponía sus criterios al conjunto con resistencias del sabattinismo y del Movimiento de Integración y Renovación, que lideraban los entonces jóvenes Ricardo Balbín, Arturo Frondizi, Moisés Lebensohn, etc.

–En Río Negro no talló el sabattinismo. ¿Se desprende entonces que, tras el desplome del unionismo, usted investiga la incidencia del MIR en Río Negro?

–No, porque no hubo una incidencia terminante en ese sentido en relación a la provincia. El MIR sí jugó fuerte en la integración de la nuevas conducciones nacionales… Frondizi, Balbín, que abrevaron mucho en el campo de sus ideas de la famosa Declaración de Avellaneda de antes de que llegara Perón.

–Socialdemocracia pura…

–Puede ser, sí. Pero yo reflexiono sobre el conjunto de la renovación de ideas y de estilo de protagonismo que alentó la derrota. Porque el radicalismo perdió, pero no se rindió. Le plantó rápidamente batalla al peronismo en el poder. Su avanzada fueron los “44 de fierro”, o sea la bancada de diputados nacionales del partido que, de hecho, se transformó en “el partido”. Esta cultura de resistencia, de no dejar la cancha libre, la asumió todo el radicalismo. Yo trabajo lo sucedido en Río Negro a partir fundamentalmente de los 50.

–¿Qué era en términos de poder el radicalismo rionegrino en ese tiempo?

–A comienzos de los 50, instalación en toda la provincia. En cada curva, en cada recta, en cada boliche, en cada esquina, un radical. Y conducciones inquietas, lúcidas, pero partido acotado por la condición de territorio nacional que tenía Río Negro, que en alguna medida, al condicionar el sistema electoral, no podía luchar por la gobernación, por caso.

–¿Con qué fuentes ha trabajado?

–Orales, aún viven protagonistas de aquel tiempo. Y cartas. Eran políticos de escribir y escribir. Y archivos personales, de diarios. El del “Río Negro”, impecable.

–¿Las familias de aquellos protagonistas guardan papeles?

–Hay de todo en la viña del señor. Un caso: el del doctor Guido. Cuidaron todo. Mucho de mi investigación se desbrozó siguiendo la lectura de 1.300 cartas de Guido con distintos planos de la dirigencia radical, ya nacional, ya provincial. Guido y “Apin” Gadano fueron los dos dirigentes radicales de la provincia que en aquellos primeros 50 tuvieron mayor contacto con la dirigencia nacional del partido.

–¿Qué era Guido desde la política en una provincia que no era la suya?

–Un trabajador incansable. Metía una camisa, un pulóver en su portafolios, un maletín con una máquina de escribir y partía por caminos de tierra rumbo a los pueblos rionegrinos. Con los años, ya el radicalismo divido entre UCRI y UCRP, Guido cumplió un rol fundamental en la instalación del frondizismo en la Patagonia. En esa labor, kilómetros a kilómetros, y en otras partes del país la desarrollaron también Arturo Zanichelli –luego gobernador de Córdoba– y Celestino Gelsi, que lo sería de Tucumán.

–¿Qué era el partido antes de los 50 en Río Negro?

–Lo dirigía Honorio Montalvetti, de San Antonio Oeste, que luego se iría con el balbinismo. Carlos Contín lo lideraba en Viedma. El partido existía, pero el 46 cambia su historia por lo que le dije antes. Yo trabajo a partir de este período.

–En ese período, ¿Roca y Viedma son decisivos en materia de dirigencia?

–Sí, por gravitación demográfica y sin desmedro del protagonismo de otros planos de la dirigencia del interior profundo de la provincia, por así llamarlo. El caso de Elías Chucair, de Jacobacci. Pero avanzados los 50 hay dos grandes grupos. En Roca, Gadano, Julio Rajneri, Alberto Río Negro, Pablo Oreja, Mario Viecens, Epifanio, Basail y se me escapan varios. En Viedma, Edgardo Castello y Guido, que conforman un comité que irradia influencia sobre el este de la provincia.

–¿Cómo se va decantando en Río Negro la partición del radicalismo que se da en la Convención de Tucumán en el 56?

–Vía dictados ideológicos. Porque hubo ideología en esa fractura en términos de visiones sobre el país, sus problemas, sus soluciones. Se dio como en el resto del radicalismo. Desde mi perspectiva, Arturo Frondizi –y creo que hoy esto está muy asimilado por el conjunto de los argentinos– expresaba una bagaje de ideas que buscaban rescatar al país de su atraso en ese campo, y no se puede negar que su propuesta de desarrollo se fundaba en una organización de argumentos muy bien sustentados. Ricardo Balbín era más el dictado voluntarista del que había estado impregnado históricamente el partido… Y bueno, en Río Negro cada radical fue acomodando su silla en el teatro que más le gustaba…

–¿Qué traducen las fuentes que usted maneja en relación a la idea que domina en el radicalismo rionegrino, tras el 55, sobre el futuro del peronismo?

–Traducen, al menos para un sector muy mayoritario, que el peronismo era historia. Están convencidos incluso de que la proscripción que le aplicó la Libertadora se desvanecería sola porque con el tiempo no tendría a quién proscribir. Es decir: el peronismo se perdería en la larga noche de la historia, como diría Hobsbawm. De cara a los tiempos por venir, sería recordado como una pesadilla que ya dobló la esquina…

–“Una noche de alcohol pendenciero”, decía Larralde…

–Y la historia le daría la razón. Pero en el radicalismo rionegrino de aquel tiempo también había sectores que reflexionaban el tema con mayor rigor de análisis. Eran los que, ya cruzado el 55, estaban cerca de Arturo Frondizi. El peronismo existía, estaba. Replegado, pero estaba. Y tenía su razón de existencia guste o no. No se puede construir un sistema político sin tenerlo en cuenta….

–Pero al menos, hasta donde uno puede abrevar hoy, ¿este sector de la UCR rionegrina es minoritario?

–Como lo es la línea de pensamiento a nivel nacional. Hay un hecho que suele pasarse con lectura muy rápida en relación a este tema: la elección convocada por la Libertadora para constituyentes, el 28 de julio de 57. Se trató de un recuento globular del mapa político post 55. El radicalismo ya estaba dividido: frondizismo (UCRP) y balbinismo (UCRI). El peronismo, proscripto, votó en blanco. Obtuvo cerca de 2,2 millones; segundo la UCRP, con 2,1 millones y tercera la UCRI con 1,8 millones… Perón mantenía su tropa, el radicalismo estaba divido. Ya nada le garantizaba buenos vientos… Frondizi llegaría a presidente, con la mano del peronismo proscripto. Illia, sin esa mano y con el 23% de los votos y el peronismo al acecho. Río Negro no era inmune a esa tensiones…

–Por razones que hacen a su desarrollo económico, educativo, acceso a la propiedad privada, ausencia de masividad obrera por décadas, Río Negro fue un espacio con intensa movilidad social. ¿Favoreció esto la instalación del radicalismo en el tiempo que usted estudia?

–Lo que uno detecta a través de las fuentes es que aquella sociedad, estamos hablando de una provincia de 100.000 habitantes, estaba abierta, esperando, aun con Perón en el poder, un partido que la expresara, la integrara. Los radicales rionegrinos percibían esto, por eso remozaron el partido y procuraron convertirlo en poder….

–¿Estamos hablando, si nos ajustarnos rígidamente a la definición, de una burguesía incipiente que busca a la política?

–Puede reflexionarse así, un dato que ayuda a formar ideas de cuanto estaba por hacerse. Ya en el 57, cuando la Constituyente de Río Negro debatió el tema de la capital de la provincia, en ese marco se hablaba de un contrato formulado por la Intervención Federal en Neuquén con Agua y Energía Eléctrica de la Nación para construir El Chocón sobre el Limay. Esta idea no prosperó y El Chocón se hizo por otro lado. Pero si uno sigue los archivos, rastrilla, encuentra cómo aquella sociedad neuquina y la del Alto Valle pensaba, hablaba de lo que se comenzaba a abrir de frente al futuro… Años después, el sapagismo se haría de ese ritmo. Y esto con independencia de valoraciones sobre el sapagismo y sus hechuras… Es decir: en ambas provincias había gente de negocios, de actividad profesional, idea de progreso que necesitaba poder político para manejar ese futuro… No sé, el radicalismo sigue existiendo, pero en los 50 la UCR fue un gran partido en Río Negro.

–No parece ser un tiempo para neuquinos y rionegrinos adherido a la idea de soledad, ¿no?

–En absoluto. La política de aquellos 50 hasta los finales de esa década, para no superar el lapso que estudio, se plantaba ante los desafíos en territorios con mucho de hostilidad en términos de vías de integración… Salir de Roca para Viedma bien limpito y llegar 8 o 10 horas después blanco de polvo….


entrevista: Edgardo Cardone, historiador dedicado a la UCR rionegrina

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