Encrucijada poselectoral
Por encontrarse el país nuevamente en un “año electoral”, el consenso era que, en los casi diez meses que culminaron el domingo pasado, el equipo económico del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no haría nada que podría costarles votos a los candidatos oficialistas. En términos generales, acertaron quienes vaticinaron que el gobierno se limitaría a aplicar parches coyunturales con la esperanza de que sirvieran para brindar la impresión de que no tardaría en solucionar los problemas que surgían. Aunque ciertas medidas ordenadas por Guillermo Moreno, el ubicuo secretario de Comercio Interior, sí tuvieron un impacto negativo, el malestar que provocaron se debió a su torpeza, no a la eventual voluntad del gobierno de manejar la economía con realismo aun cuando un esfuerzo en tal sentido lo privara del apoyo de sectores determinados. Pues bien, ya ha terminado un larguísimo período caracterizado por la irresponsabilidad electoralista. Al amanecer el “día después”, llegó la hora en que, por fin, el gobierno no tendrá más pretextos para negarse a tratar de combatir la inflación, reducir la brecha entre el dólar oficial y el blue e impedir que las reservas sigan evaporándose, entre las muchas asignaturas pendientes que prefirió archivar hasta celebrarse los comicios. Últimamente se ha hablado mucho de la hipotética ventaja de desdoblar el mercado cambiario creando un “dólar turista” o de limitar las compras en el exterior a través de internet, o sea, de una especie de choque poselectoral destinado a corregir las distorsiones que se han producido en el transcurso de la campaña. Por lo pronto, sólo se trata de especulaciones estimuladas por integrantes de las diversas fracciones que luchan por imponerse en la interna oficial. La verdad es que nadie sabe muy bien qué hará un gobierno debilitado por los resultados de las elecciones legislativas. Aún existe la posibilidad de que los más comprometidos con la ideología confeccionada por los kirchneristas procuren “profundizar el modelo”, desoyendo los consejos de quienes les advierten de las consecuencias que tendría para el país una aventura de tal tipo. Si bien dicha variante parece poco probable, sería un error descartarla por completo ya que la alternativa, que sería atribuida a un intento de reconciliarse con los hasta hace poco despreciados mercados internacionales adoptando medidas “ortodoxas”, se vería resistida por muchos “militantes” kirchneristas. Sea como fuere, lo único que a esta altura parece evidente es que al país le aguarda una etapa económica, y por lo tanto política y social, sumamente difícil. Mucho dependerá de la evolución de la salud de la presidenta que, como es notorio, está acostumbrada a tomar todas las decisiones significantes. Mientras Cristina guarde “estricto reposo”, sus subordinados no podrán pedirle instrucciones detalladas, pero tampoco podrán dejar la economía en manos de un “piloto automático” que está llevándola hacia una colisión con la realidad. Parecería que, antes de enfermarse, Cristina se había resignado a hacer un esfuerzo por mejorar la relación con la comunidad financiera internacional pero, por motivos políticos, no se habrá comprometido explícitamente con una estrategia determinada. Es factible, pues, que –a diferencia de lo que sucedió hace dos años cuando la presidenta se anotó un triunfo plebiscitario en las urnas– no haya muchos cambios drásticos inmediatos, aunque las circunstancias actuales sean llamativamente más complicadas que las del 2011 y por lo tanto exigen una reacción más decidida. En los meses últimos, se ha agravado la sangría de divisas, el dólar blue acaba de superar otra vez “la barrera” de 10 pesos y, lo que es más alarmante aún, se ha difundido la sensación de que en esta ocasión no le será dado al país reanudar el crecimiento rápido de los años iniciales de la década kirchnerista. Así las cosas, nos enfrentamos con la combinación ominosa de un gobierno voluntarista políticamente debilitado que ya no cuenta con el apoyo de la mayoría, una presidenta autoritaria que se ha visto traicionada por su propia salud y una crisis económica imputable a las deficiencias inherentes a un “modelo” que los kirchneristas más influyentes parecen resueltos a defender, cueste lo que costare, por motivos ideológicos.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Miércoles 30 de octubre de 2013
Por encontrarse el país nuevamente en un “año electoral”, el consenso era que, en los casi diez meses que culminaron el domingo pasado, el equipo económico del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no haría nada que podría costarles votos a los candidatos oficialistas. En términos generales, acertaron quienes vaticinaron que el gobierno se limitaría a aplicar parches coyunturales con la esperanza de que sirvieran para brindar la impresión de que no tardaría en solucionar los problemas que surgían. Aunque ciertas medidas ordenadas por Guillermo Moreno, el ubicuo secretario de Comercio Interior, sí tuvieron un impacto negativo, el malestar que provocaron se debió a su torpeza, no a la eventual voluntad del gobierno de manejar la economía con realismo aun cuando un esfuerzo en tal sentido lo privara del apoyo de sectores determinados. Pues bien, ya ha terminado un larguísimo período caracterizado por la irresponsabilidad electoralista. Al amanecer el “día después”, llegó la hora en que, por fin, el gobierno no tendrá más pretextos para negarse a tratar de combatir la inflación, reducir la brecha entre el dólar oficial y el blue e impedir que las reservas sigan evaporándose, entre las muchas asignaturas pendientes que prefirió archivar hasta celebrarse los comicios. Últimamente se ha hablado mucho de la hipotética ventaja de desdoblar el mercado cambiario creando un “dólar turista” o de limitar las compras en el exterior a través de internet, o sea, de una especie de choque poselectoral destinado a corregir las distorsiones que se han producido en el transcurso de la campaña. Por lo pronto, sólo se trata de especulaciones estimuladas por integrantes de las diversas fracciones que luchan por imponerse en la interna oficial. La verdad es que nadie sabe muy bien qué hará un gobierno debilitado por los resultados de las elecciones legislativas. Aún existe la posibilidad de que los más comprometidos con la ideología confeccionada por los kirchneristas procuren “profundizar el modelo”, desoyendo los consejos de quienes les advierten de las consecuencias que tendría para el país una aventura de tal tipo. Si bien dicha variante parece poco probable, sería un error descartarla por completo ya que la alternativa, que sería atribuida a un intento de reconciliarse con los hasta hace poco despreciados mercados internacionales adoptando medidas “ortodoxas”, se vería resistida por muchos “militantes” kirchneristas. Sea como fuere, lo único que a esta altura parece evidente es que al país le aguarda una etapa económica, y por lo tanto política y social, sumamente difícil. Mucho dependerá de la evolución de la salud de la presidenta que, como es notorio, está acostumbrada a tomar todas las decisiones significantes. Mientras Cristina guarde “estricto reposo”, sus subordinados no podrán pedirle instrucciones detalladas, pero tampoco podrán dejar la economía en manos de un “piloto automático” que está llevándola hacia una colisión con la realidad. Parecería que, antes de enfermarse, Cristina se había resignado a hacer un esfuerzo por mejorar la relación con la comunidad financiera internacional pero, por motivos políticos, no se habrá comprometido explícitamente con una estrategia determinada. Es factible, pues, que –a diferencia de lo que sucedió hace dos años cuando la presidenta se anotó un triunfo plebiscitario en las urnas– no haya muchos cambios drásticos inmediatos, aunque las circunstancias actuales sean llamativamente más complicadas que las del 2011 y por lo tanto exigen una reacción más decidida. En los meses últimos, se ha agravado la sangría de divisas, el dólar blue acaba de superar otra vez “la barrera” de 10 pesos y, lo que es más alarmante aún, se ha difundido la sensación de que en esta ocasión no le será dado al país reanudar el crecimiento rápido de los años iniciales de la década kirchnerista. Así las cosas, nos enfrentamos con la combinación ominosa de un gobierno voluntarista políticamente debilitado que ya no cuenta con el apoyo de la mayoría, una presidenta autoritaria que se ha visto traicionada por su propia salud y una crisis económica imputable a las deficiencias inherentes a un “modelo” que los kirchneristas más influyentes parecen resueltos a defender, cueste lo que costare, por motivos ideológicos.
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