“Entender nuestra historia a través del fútbol”
Como casi la mayoría de los argentinos estuve pendiente de la definición de la Copa América, un capítulo más en nuestra apasionante historia futbolera, y otra vez con un desenlace no deseado. A partir del hecho consumado y de las reacciones asombrosas de muchos de mis compatriotas, mi reflexión es que a pesar de perder –que es siempre doloroso– es preferible a ganar, ya que el exitismo de la victoria nos evitaría aprender algo, y eso tanto en fútbol como en el Campeonato de desarrollo de las Naciones es muy peligroso y también fuente de frustraciones que crecen. El hecho más asombroso es cómo con absoluta liviandad y sin pudores un gran porcentaje de argentinos convertimos al dios Messi que nos llevaría al paraíso del podio en el tirano culpable de todos los males que nos aquejan, y de paso aprovechamos para escrachar a los jugadores que no nos gustan simplemente porque no crecieron en el club de nuestros amores. Esto es ideología pura y pensamiento con el corazón, sin la objetividad necesaria para reconocer que Tevez por Agüero no hubiera cambiado la historia. Tal vez Tevez hubiera tenido una oportunidad y la hubiera convertido (cosa que no hizo Higuaín), eso no cambia nada sobre los merecimientos de Argentina en aquél partido. Pero mejor vayamos a la analogía, analicemos la cosa importante, el campeonato que definirá nuestro futuro (el del 4/7 fue sólo un revés para nuestro ego, que está tan dañado que no nos permite decir “somos los mejores del mundo”). Ese campeonato que se está jugando es, ni más ni menos, el destino del país donde los argentinos obramos (jugamos). De la misma forma que en la Copa América, buscamos el mesías salvador (presidente, el líder), el que por iluminación divina es dueño de todas las respuestas, sabe todo lo que hay y lo que no hay que hacer y nos asegura un destino brillante de preeminencia sobre los demás países de la Tierra. “Estamos condenados al éxito”, “somos un país rico” o “Dios es argentino” y otras estupideces de ese tenor son las que muchos argentinos creen ciertas. Miremos a Chile, miremos a Alemania en el mundial 2014, ninguno de ellos necesitó cargar el peso del éxito o del fracaso sobre un astro superlativo; muy por el contrario, creyeron en el equipo, en el aporte de cada uno (correr todos, dar todo). Argentina es uno de los pocos países con características diría primitivas que no puede entender el concepto de equipo. No entendemos que colocar todas las fichas en una sola persona casi siempre termina mal: Stalin, Hitler, Castro, Chávez y varios más. Al final casi siempre el iluminado, que es sólo un ser humano al que le cuesta aceptar sus errores porque ese reconocimiento devaluaría su ego, termina encerrado y conduciendo a ciegas hasta estrellar a todos. Estamos eligiendo nuestros líderes para los próximos años, es importante que seamos autocríticos, que entendamos que sólo mejoraremos si cada uno de nosotros logra mejorar cada día en lo que hace (trabajo, estudio, deporte, periodismo, política, etc.); que no existen iluminados, sólo hay personas más inteligentes, preparadas y con visión que son las que deben gobernar, pero controlados por la suma de poderes como lo expresa el concepto republicano. Tratemos de interpretar qué representa cada uno de los candidatos posibles en el campeonato de las naciones que jugamos y jugaremos, quién es un líder republicano y quién es sólo un dictador disfrazado de demócrata. De nuestra objetividad depende un futuro de alegría u otro cargado de frustración… como en el fútbol. Claudio Ciucci DNI 12.503.277 Cipolletti
Claudio Ciucci DNI 12.503.277 Cipolletti