Época de clásicos

Ni Boca-River, ni Racing-Independiente. En esta época, la economía argentina revive otros dos viejos clásicos: la puja salarios-precios y la bicicleta tasas-dólar. El árbitro pasó a ser Axel Kicillof y en ambos no se descarta un desarrollo conflictivo, aunque se juegan en fechas diferentes.

Por Redacción

LA SEMANA ECONÓMICA

Con el último parche aplicado al impuesto a las Ganancias para los trabajadores en relación de dependencia, el ministro de Economía dio la pitada inicial de la disputa por los ajustes de salarios en las paritarias del sector privado, que ya había tenido su precalentamiento en distintos gremios, con reclamos del 30% al 48% rechazados por la parte empresaria ante las presiones oficiales de no trasladarlos a precios. El trámite elegido por Kicillof difícilmente podría haber sido más complejo. No sólo dejó sin cambios el mínimo no imponible y las deducciones fijadas en agosto de 2013 para mantener fuera del impuesto a quienes entonces tenían un sueldo bruto inferior a los $ 15.000 mensuales (y de $ 25.000 en la región patagónica), aunque ahora cobren más por los ajustes salariales del año pasado. También dispuso la rebaja indirecta de Ganancias para los trabajadores que hace 19 meses ganaban entre $ 15.000 y $ 25.000, mediante la suba diferenciada de las deducciones por ganancia no imponible y cargas de familia. Este aumento en las deducciones promedia 20% y se eleva a 30% en las provincias patagónicas. Pero como se establecen según tramos de sueldo (más altas para los salarios más bajos y viceversa), ahora rigen 12 tablas diferentes de deducciones, detalladas en otros tantos anexos de la resolución general 3770 de la AFIP. En general, la medida beneficia principalmente a los trabajadores casados con hijos, que tendrán una quita de Ganancias superior a la de los solteros. Como es retroactiva a enero de 2015, la diferencia con el impuesto ya retenido será reintegrada en 5 cuotas mensuales, a partir de junio. Según Kicillof, el impuesto abarca a sólo 11% del total de asalariados en blanco y casi 7 de cada 10 (68%) pagarán entre 33 y 66% menos de lo que pagaban. Pero el resto (con sueldos superiores a $25.000 en agosto de 2013) deberá tributar las alícuotas más altas de la escala, que no se modifica desde hace 15 años, como si la inflación no existiera. Lo mismo ocurrirá con buena parte de los trabajadores autónomos y profesionales independientes que pagan Ganancias sobre el excedente de un piso que no llega a $6000 mensuales y tampoco fueron incluidos. En ambos casos, el ministro les sacó tarjeta roja. Más allá de toda esta polvareda en el medio campo, lo concreto es que -según los propios cálculos oficiales- la decisión implica una mejora de 5% en el salario de bolsillo de los trabajadores solteros y de 6% para los casados con dos hijos, en ambos casos sobre un sueldo bruto de $ 20.000 mensuales. Con una inflación que este año apunta cerca de 30% anual, este alivio impositivo no parece justificar la ovación que recibió Kicillof al formular el anuncio el lunes último, por parte de una tribuna de funcionarios-militantes que había colmado las butacas del microcine del Ministerio de Economía y dejó de pie a no pocos periodistas. De hecho, más que una conferencia de prensa fue un acto político, con chicanas y críticas a los candidatos y sindicalistas opositores, al diario Clarín y a economistas, incluyendo a Miguel Bein (asesor de Daniel Scioli). También Kicillof aprovechó ese marco para desmentir que impulse un techo (de 25/28%) en los ajustes salariales de las paritarias. Lo hizo justo en el momento en que el titular de la Unión Obrera Metalúrgica (y de la CGT oficialista), Antonio Caló, denunciaba haber recibido presiones oficiales para desistir del reclamo por 32% de aumento. Es un secreto a voces que hay fuertes discrepancias sobre la pauta salarial de 2015 entre Economía y Trabajo, que impiden avanzar con las paritarias y frenar conflictos. El propio Caló promete llevar adelante esta semana el paro de 36 horas que suspendió la anterior tras la conciliación obligatoria. El gremio bancario paralizará sus tareas mañana martes, en reclamo de un ajuste de 33% más compensación por Ganancias y el de aceiteros paralizó los puertos del litoral donde se embarca la soja para pedir 42 y 48%. En realidad, una y otra cuestión están relacionadas, pero el arbitraje de Kicillof confunde a los jugadores y no evita los conflictos. Por un lado, si bien el nuevo parche de Ganancias mejora los sueldos de bolsillo de algo más de dos tercios del total de 11% de los asalariados que tributa el gravamen (según el ministro), el objetivo no declarado es que los gremios con más trabajadores alcanzados por el impuesto cierren las paritarias con ajustes que no lleguen a 30%. No sólo por el rechazo empresario a absorber pagos de Ganancias, sino también para no reavivar expectativas inflacionarias. No será fácil lograrlo: en su mayoría se trata de gremios enrolados en la CGT opositora, que ya amenaza con otro paro general, aún sin fecha. Por otro, la intención oficial de no homologar incrementos superiores a 28% perjudica al 89% restante de los trabajadores no alcanzados por el impuesto (entre ellos mercantiles y metalúrgicos), ya que perciben sueldos muy inferiores al mínimo no imponible. En este caso, no podrían recuperar la caída del salario real sufrida en 2014 y que sólo no existíó para el ministro de Economía. Según Kicillof, el año pasado no hubo deterioro sino recuperación del salario real, tras comparar los aumentos salariales (cercanos a 30% en dos o tres tramos) con la inflación del Indec, que midió una suba de precios de 23,9% anual, unos 12 puntos menos que los cálculos privados (35/37%). Aún así, no pocos sindicalistas -y también muchos empresarios- son renuentes a firmar acuerdos salariales por un año. Unos y otros saben que la actual desaceleración inflacionaria se apoya en el atraso cambiario (y tarifario) que el próximo gobierno deberá corregir, aunque no sepan cómo ni cuándo. Con este marco, ya comenzó a jugarse el primer partido del otro clásico: la bicicleta tasas-dólar. En el partido de ida, tanto el Ministerio de Economía como el Banco Central ofrecen a bancos e inversores colocar pesos al 27% anual (en Lebac y Bonac), una tasa similar a la inflación, pero extremadamente positiva en dólares, ya que el tipo de cambio oficial se ajusta a un ritmo anualizado inferior a 14%.. Claro que para capitalizar esa diferencia hay que jugar el partido de vuelta. O sea, pasarse de pesos a dólares (oficiales o paralelos), antes de cualquier salto cambiario. El problema es que este segundo partido no tiene fecha. Hay quienes lo ubican para agosto (después de las PASO nacionales); para octubre- noviembre (antes de la elección presidencial o de una eventual segunda vuelta) o para diciembre (con el cambio de gobierno). El presidente del BCRA, Alejandro Vanoli, que tiene mandato hasta 2019, acaba de afirmar que en 2016 se mantendrá la estabilidad cambiaria, pero pocos le creen (incluso que llegue a esa fecha en el cargo). Pero lo más llamativo es que quienes vienen eludiendo esa bicicleta -y por consiguiente los dos partidos- son los asalariados en blanco que más ganan, pagan Ganancias y -en no todos los casos- son autorizados por la AFIP a comprar “dólar ahorro” a $10,70, Paradójicamente, el propio Kicillof contribuye a que no corran riesgos cambiarios.

Néstor O. Scibona