“Las fieras”: crónica de una experiencia cinematográfica roquense

Se filmó en la ciudad y zonas aledañas la primera película de ficción en décadas. Dirigida por Juan Flores, junto a un equipo técnico de la región, contó con la participación de Andrés Ciavaglia, Carlos Portaluppi, Moro Anghileri, Jorge Sesán y una treintena de actores locales.





Julián, junto a su esposa Clara, vuelve a su ciudad natal para cuidar a su padre moribundo. Su llegada y sus intenciones de quedarse en la región generan resentimientos, tanto familiares como sociales. Julián se enfrenta con Olmos, antiguo empleado de su padre, que vive en la casa del río y no tiene donde ir. Julián se ve obligado a defender la nueva tierra.
La historia le daba vueltas en la cabeza a Juan Flores desde hacía bastante tiempo. Tiempo en el cual vio cómo muchas chacras del Alto Valle eran abandonadas por cuestiones, no sólo económicas, sino también, y acaso, sobre todo, familiares. Todo esto alimentó su historia y decidió que allí había una película. Fue el principio de “Las fieras”, su ópera prima.


Filmada entre noviembre y diciembre pasados en locaciones de Roca y alrededores, “Las fieras” fue una gran aventura cinematográfica llevada a cabo por un equipo de trabajo conformado casi en su totalidad por profesionales y estudiantes de cine de la región, apoyados por las actuaciones de Carlos Portaluppi, Jorge Sesán, Moro Anghileri y Andrés Ciavaglia y las de unos treinta actores de la ciudad.
Pero de aquella idea recurrente en la cabeza de Juan Flores a la primera toma filmada, el 16 de noviembre, pasaron varios años y todas las vicisitudes habidas y por haber en un país como la Argentina. Vicisitudes que oscilaron entre la felicidad de un premio obtenido para hacer posible su filmación y la incertidumbre por el sucesivo cajoneo de dinero respectivo a la posibilidad de, tres años después, acceder a finalmente a aquel monto y la urgencia de filmar de inmediato como si filmar de inmediato fuera posible. Y de algún modo lo fue porque “Las fieras” es una historia en sí misma: la de cómo hacer cine de ficción en el Alto Valle.

De noche y de día. Olmos (Jorge Sesán) y Rissi (Carlos Portaluppi), en un bar entre parroquianos.

El recorrido
En 2017, el guion de “Las Fieras” se presentó en el Concurso Raimundo Gleyzer, un espacio creado por el Incaa para darle la oportunidad a jóvenes guionistas, directores y productores que no hayan estrenado un largometraje, para el desarrollo de un proyecto de largometraje.
Juan Flores, nacido en Buenos Ares, pero criado en Roca y a su vez formado en Artes Visuales en la Universidad Nacional de las Artes, era un joven realizador en busca de posibilidades de desarrollar su primer largometraje.
El guion de “Las Fieras” ganó el premio en cuestión, fue reescrito y lo presentó en Ópera Prima, dos concursos anuales organizados por el Incaa para la producción de seis largometrajes de ficción dirigido a directores que aspiren a dirigir su primer largometraje de ficción. Flores también accedió a este premio. En condiciones normales, la película debía filmarse en 2018, pero los proyectos fueron frizados por las autoridades del Incaa de aquel momento y el dinero nunca llegó. Hablamos de poco más de 9 millones de pesos.

Necesitábamos mucho de la experiencia de los actores porque no íbamos a tener segundas tomas ni posibilidades de repetir situaciones”.

Lara Decuzzi, productora de «Las fieras».


Con la pandemia el Incaa sacó un fondo de reactivación para películas que quedaron suspendidas. Allí fue el proyecto de Juan Flores. Recién en marzo del año pasado comenzaron a destrabarse los montos obtenidos en los concursos. Bien. Para filmar en los meses siguientes. No tan bien. “Tienen el mismo premio que en 2018 y tienen que filmarlo antes de que termine 2021 (risas)”, resume Lara Decuzzi, productora del filme, en un extenso diálogo con Río Negro junto al director Juan Flores.
¿Qué hacemos?, se preguntaron Lara y Juan. Hagámosla, fue la respuesta inmediata sin mayores certezas de cómo hacerla en tan poco tiempo de preproducción y aún sin el dinero. “Gané un premio, ¿cómo no voy a hacer la película?”, reflexionaba Juan.
La película finalmente tuvo un presupuesto, entre premios y fondos de reactivaciones, de 12 millones de pesos, de los cuales el Incaa sólo aportó 6… una semana después de comenzada la filmación. “El costo medio de una película nacional hoy para el Incaa es de 25 millones de pesos. El costo real es de 90 millones. Por menos de 50, 60 no hacés una película”, revela Lara Decuzzi, productora audiovisual formada en Diseño de Imagen y Sonido (FADU- UBA), radicada desde hace años en Roca donde es docente de la carrera de Cine del IUPA.


“Cuando yo estudiaba en la facultad me decían que el tiempo promedio de rodaje era de 8 semanas, hoy, si estás un poquito suelto de plata, filmás, como mucho en cuatro semanas. Porque más tiempo es imposible pagar. Nosotros la hicimos en tres semanas porque realmente no había manera”, reconoce. “Nuestro plan de rodaje inicial era de cuatro a cinco semanas. Antes de comenzar le consultamos a Juan si podía hacerla en tres (risas). Ahora lo decimos con una sonrisa porque la filmamos”. El equipo técnico fue conformado en un 90 por ciento con gente del IUPA entre egresados, docentes y estudiantes. Un solo técnico se contrató de Buenos Aires porque con la cámara que se filmó ninguno lo había hecho antes.

Las Tres Cruces, en la zona de bardas de Paso Córdoba, fue una de las locaciones exteriores elegidas para la filmación.

Crónica de una aventura
Así, la película se fue filmando con lo se pedía pagar a cuenta y con lo que la comunidad estaba dispuesta a colaborar. Detrás de “Las Fieras” hubo mucha capacidad de gestión y de generación de recursos que no aparece en ningún manual: bienvenidos a la escuela de cine en tiempo real.
“Le golpeamos la puerta a todos”, reconoce Lara. “La comunidad en general, todos a su manera nos tiraron un centro. Había que darle de comer a decenas de personas durante casi un mes. Fue la ‘financiación’ que conseguimos (risas). Filmamos con la mitad del presupuesto, que eran seis millones”.
Sobre los 12 millones y qué es dinero (y qué no lo es) en el mundo del cine de acá. “Che, 12 palos para una película… El tipo al que le mangueamos 12 almuerzos va a decir esta me mangueó y tenía 12 millones…!”, reflexiona la productora. Pero, puesto en contexto, los 12 millones suenan diferente. Por ejemplo: la cámara que se usó cuesta 40 mil pesos por día, sin el lente ni el trípode, que iban aparte. Sólo con la cámara tuvimos casi un millón de pesos. Y era la más barata, aclara Decuzzi.


Filmada en locaciones céntricas de Roca como el restaurante De Felippe y una casa de calle Maipú propiedad de uno de los actores, las Tres Cruces y los valles de la luna de Paso Córdoba, el cementerio, chacras y hasta en Cervantes, la producción de la película movilizó diariamente decenas de personas propias y ajenas, como inspectores municipales, bomberos, policías y choferes, entre otros
“El cine es muy invasivo, caes a una locación con treinta personas, tenés que cortar calles, controlar un montón de cosas que rodean la locación para que no ‘contaminen’ las tomas”, explica Lara. “Todo eso fue gestión, producción. Filmamos en el cementerio, cortamos luces del alumbrado, instalamos bajadas de luz especiales en locaciones privadas para poder enchufar todos los equipos. Todo esto en ciudades que conviven con producciones es muy común. Un día tuvimos que elevar hasta los nueve metros un farol con una grúa del alumbrado público, a las dos de la mañana para simular la luz de la luna. Al principio, los municipales pensaban ‘¿es en serio?’ (risas) y ya después eran uno más de nosotros”.

El equipo técnico y los actores principales, en un alto en la filmación.


“Estuvo cerca de ser parte Rodrigo de la Serna”, revela Decuzzi. Pero una cuestión de tiempos lo impidió. En cambio, sí fueron parte Carlos Portaluppi, Jorge Sesán (“Pizza, birra, faso”, “Okupas”), Moro Anghileri (“Buena vida delivery) y Andrés Ciavaglia (“Desmadre”), como actores principales
“Portaluppi tenía ciertas características que le iban muy bien al personaje”, cuenta Juan Flores. “Es un personaje que habal mucho y su experiencia le iba a facilitar el desarrollo de su personaje. Sesán, en cambio, es un personaje mucho más tosco, de menos palabras y más gestos. Moro Anghileri es una de las mejores actrices actuales que se copó con el proyecto y no por afinidades porque no conocía a nadie”.


¿Cómo llega una producción como esta a contar con este tipo de actores y actrices? A través de gestiones por amistades y contactos en común, pero también por el proyecto en sí mismo. “Una carita para cortar entradas siempre es necesario”, se sincera Decuzzi. “Después, es necesario conformar un equipo de laburo que pudiera responder a un rodaje intenso, medio desgastante. Necesitábamos mucho de la experiencia de los actores porque no íbamos a tener segundas tomas ni posibilidades de repetir situaciones”.


La producción hizo un casting en Casa de la Cultura durante dos días. Y otro virtual al que respondieron muchos actores y actrices de otras provincias. Hicimos castin virtual también. Muchos de ellos ni siquiera sabían que la película iba a ser en Roca.
Muchos de los se presentaron en el casting venían trabajando en los cortos que producen los alumnos del IUPA. Pero, aclara Decuzzi: “Para un corto tenés como mucho cinco días de rodaje, nosotros le proponíamos tres emanas seguidas donde no podían hacer otra cosa que estar diez horas laburando”.
Y el actor de cine no es lo mismo que el actor de teatro. “No hay una formación específica, pero porque tampoco hay una práctica regular de actuar para cine en la región. Es complejo porque te vas a formar en esto, pero para que filmes una película cada 30 años como pasó ahora en Roca”.

Juan Flores, director de «Las fieras».

La trama
Julián (Andrés Ciavaglia), junto a su esposa Clara (Moro Anghileri), vuelve a Roca, su ciudad natal, para acompañar a Antonio (Carlos Fosque), su padre moribundo. Se instalan en la casa del río, una casa de fin de semana de su padre. Es una propiedad de dos hectáreas, dividida por un bosque. Allí se crían y venden cabras. De todo el trabajo se encarga Olmos (Jorge Sesán), un hombre que nació en la zona del río y vivió toda su vida ahí. Olmos es quien habita la casa hasta la llegada de Julián, quien le cambia la vida y lo deja sin casa obligándolo a irse a lo de su hermano Rissi (Carlos Portaluppi). Este lo alerta de ocupar una porción de la tierra para no perder todo lo que tiene.
Julián se hace cargo de él y de todo su alrededor. Mientras tanto, Clara, consigue trabajo y disfruta de su nueva vida. Julián analiza qué puede hacer con la chacra y piensa si vender es la mejor opción.
Julián empieza a notar que están tomando su tierra e invadiendo su lugar y descarga su impotencia por todo lo que le sucede. Comprende que las leyes en las afueras de la ciudad tienen otros códigos.

Protagonistas en situación. Andrés Ciavaglia, Moro Anghileri, Carlos Portaluppi, Jorge Sesán y Merlina Molina Castaño.


Julián se obsesiona con Olmos y viceversa. Clara empieza a sentirse sola y Antonio muere. La lucha entre ellos se vuelve más intensa. La obsesión y la venganza sacan lo peor de ellos. Olmos decide dejar la lucha e irse. Clara también. Julián se queda solo y el viento del sur sopla con fuerza. Dejaron de lado lo que importaba.
“Los dos puntos de vista son correctos y no se nota tanto quién es el bueno y quién el malo. Todos tienen sus razones para hacer lo que hacen”, apunta el director. “La película trata sobre la lucha de tierra, la propiedad privada. Pero si la movés un poquito hay acción, tiros, persecución, amor. Y los personajes terminan convirtiéndose en quienes no son por cosas que no vale la pena”.


Durante el tiempo en que el proyecto cinematográfico estuvo entre paréntesis, el guion tuvo algunos cambios, reconoce su director: “La película antes era más lenta, más violenta y menos tolerantes los personajes”.
Una vez terminada la filmación a comienzos de diciembre pasado, todo el equipo celebró el hecho de haberlo hecho y se tomó un merecido descanso. Pero la aventura aún está lejos de terminar: lo que sigue en los próximos meses es la posproducción, momento en que se editan las imágenes y el sonido, se mezcla el audio se introduce la música, se trabaja en el color… O lo que es lo mismo: la película tal como se la verá en el cine. Y tal como se la verá en el cine no será antes de junio. Pero será.

Ficha técnica

Director: Juan Flores. 

Guión: Ezequiel Epifanio y Juan Flores. 

Producción ejecutiva: Laura Rojas, Ángela Odetto y Lara Decuzzi. 

Jefe de Producción: Agnese Boaretto. 

Asistente de Producción: Joaquín Lima. 

Productor de locaciones: Federico Laffitte. 

1° Asistente de Dirección: Natalia Cano. 

2° Asistente de Dirección: Rocío Barrero. 

Actúan: Carlos Portaluppi, Moro Anghileri, Jorge Sesán, Andrés Ciavaglia y Merlina Molina Castaño. 

Actores y actrices locales: Alfonso Garabito,Sonia Costantini, Mariana Gauna, Emiliano Sánchez, Daniel Gianini, Carlos Fosque, Jorge Miguel, Joaquín Lima, Facundo Moraga, Hector Villarruel, Gustavo Calmels, Oscar Albrieu, Raquel Vidal, Ondina Agüero, María Néboli, Carlos Urbano Rotta, Daniel De Felippe, Delia Susana Falcó, Francisco Lagos, Leandro Rojas, Daniel Ferro, María Navarro, Julia Varela, Claudio Leal, Inés del Carmen Vázquez, Jonatan Cariman, Daniela Martín, Leonardo Martínez, Guillermo Ojeda, Mariano Forneró. 

Datalogger: Fabián Romero.

Continuista: Mercedes Ávila .

Director de fotografia y camarógrafo: Mariano Laguzzi.

Gaffer: Diego Aguirre y Lucas Ruiz. 

Reflectorista: Javier  Témoli, Alan Romero y Marcos Maldonado.

Jefe de eléctricos: Rocío Diez y Mario García.

Video assist: Gonzalo Maldonado.

Director de sonido: Lucas Tartaglia.

Microfonistas: Juan Temoche y Aldana Figueroa.

Editor en set: Ignacio Guala.

Directora de arte: Paulina Lopez Meyer.

Escenógrafo: Rodrigo Garabito.

Vestuarista: Florencia Mathieu, Amanda Mujica Portas. 

Utilera: Marina Hernalz. 

Maquillaje y peinado: Victoria Martínez Barón. 

Pasantes: Franco Blanco Lozano, Micaela Botto, Ezequiel Dengler y   Maica Lescano. 


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