Está todo dicho, sólo hay que ponerlo en marcha
Violencia urbana en Neuquén y el ejemplo de Medellín
BEATRIZ KREITMAN (*)
La violencia urbana se ha transformado en un fenómeno cotidiano, donde nada sorprende; por el contrario, parece haberse naturalizado. Tal vez sea momento de abrir una ventana para mirar no sólo el espacio de la escuela, de la familia y sus problemas, sino el conjunto de la sociedad. Son muchas las miradas puestas sobre distintas experiencias en el mundo, lugares donde la tarea apunta a construir una sociedad, una propuesta alternativa y de resistencia a una crisis social profunda. Hasta el gobernador de la provincia de Neuquén, en su discurso inaugural del actual período de sesiones, habló de la experiencia de Medellín (Colombia), otrora la ciudad más violenta del mundo, con el impacto del narcotráfico metido en las entrañas de la vida de la ciudad. El gobierno colombiano creó un programa especial, con una formulación expresa en el documento del Consejo Nacional de Política Económica y Social “Medellín: reencuentro con el futuro”, donde el diagnóstico relacionaba los problemas de violencia con el narcotráfico, pero también con los fenómenos estructurales de desigualdad y pobreza, ocupación desordenada del espacio, precariedad de vivienda y carencia de espacio público, deficientes servicios sociales, falta de oportunidades para jóvenes, alto desempleo, insuficiencias de políticas de seguridad y de protección de los derechos humanos, todo sumado a la falta de participación ciudadana. Sobre ese terrible diagnóstico definió un programa de inversión social y movilización institucional con asignaciones presupuestarias para cuatro años. El programa centralmente amplía las oportunidades educativas, la mejor escuela en el “peor lugar”, promueve el empleo juvenil, mejora el espacio urbano, las instalaciones existentes, crea espacios deportivos y culturales, fortalece la justicia y la seguridad pública. Pero con un importante presupuesto y trabajo en el corto, mediano y largo plazo. Una de las tareas desde los organismos del Estado es detectar, acompañar, tramitar, copensar las situaciones de cambio, y la superación de la violencia es tal vez el mayor desafío político de estos tiempos El joven, el otro, el diferente, funciona como el depositario de todos los males, como el portador de las “fallas” sociales. Este tipo de pensamiento supone que la pobreza es del pobre, la violencia del violento, el fracaso escolar del alumno, la deficiencia del deficiente. Discriminación, apatía y desinterés, diversas formas de agresión y de violencia, subgrupos en pugna, hacen replantearse la existencia de dos paradigmas contrapuestos: el preventivo y el punitorio. ¿Cómo resolver estas situaciones desde propuestas que promuevan realmente la solución y recuperación de valores ciudadanos y democráticos? ¿Cómo no reivindicar el discurso de la tolerancia, frente a las consecuencias que plantea la intolerancia para la vida humana y el ejercicio de la libertad? Y aún más… ¿Cómo no superar la instancia de tolerar para llegar a la escucha de ese otro, con la consecuente posibilidad de conocerlo, aceptarlo y respetarlo? Actualmente Neuquén registra un fuerte deterioro en todas las áreas que tiempo atrás fueran orgullo de los neuquinos. La falta de políticas públicas hace que el sistema clientelar sea cada vez mayor. Las políticas públicas desde hace años promovieron la concentración del ingreso y la riqueza. Esto debilitó los elementos que sostienen la cohesión económica y social, porque la dinámica reproductiva es empujada por intereses sectoriales y no por el interés del conjunto de la sociedad. La pérdida como sociedad de “un proyecto de futuro hace que nos quedemos sin rumbo, sin identidad, perdemos nuestra historia y, por otro lado, y como consecuencia de ello, nuestros orígenes comienzan a desaparecer, hay una verdadera amnesia histórica. El rasgo central de esta dinámica es la desorganización del comportamiento colectivo, por sobre los movimientos de integración. Este clima de inseguridad y desesperanza va deteriorando los lazos de solidaridad por debilitamiento o alteración de los procesos identificatorios, la dispersión social se incentiva desde la exaltación de valores como el individualismo extremo y la fragmentación subjetiva de apoyaturas y referentes. ¿Cuántas familias hoy no tienen casa propia? Cuántas viven en asentamientos, “tomas”? Esto sin dudas provoca una situación de riesgo y precariedad creciente. La educación y la salud son los sectores más afectados en los últimos diez años. Más de la mitad de los jóvenes que inician la escuela secundaria la abandonan y muchos de los neuquinos están sin trabajo, con trabajo informal sin obra social o con planes precarios. Las características centrales de una sociedad cada vez más consumista determinaron que los barrios cerrados avanzaran sobre las zonas productivas, terminando con las chacras. Los hipermercados y casinos invadieron la provincia. Se cerraron las costas de los lagos y los ríos, la tierra no es de quien la trabaja, es para expoliación de recursos naturales. Las políticas implementadas hacen de Neuquén una provincia rica, con gran parte de la población pobre; una sociedad absolutamente desigual, con el consecuente nivel de violencia que dicha situación genera. Si algunos o muchos hombres y mujeres de Medellín, ciudad con casi tres millones de habitantes, con un diagnóstico aun peor que el neuquino, pudieron comenzar la recuperación y el intento de una sociedad igualitaria, empecemos a sentar las bases para recuperar la paz y superar la violencia. Por supuesto esto requiere no sólo del reconocimiento de la realidad sino de un fuerte compromiso de las autoridades, con voluntad y reforma real donde la sociedad en su conjunto se comprometa. Eso sí, con recursos presupuestarios serios, acordes y proporcionales a la gravedad de los problemas que hoy sufren muchos de los habitantes de esta provincia. Cuando Sergio Fajardo llegó a gobernar Medellín, los principales problemas eran violencia, desigualdad y corrupción, una ciudad asolada por el narcotráfico, pero comenzó su administración con una consigna: dar lo mejor a los más pobres, los mejores parques, las más modernas escuelas, bibliotecas, espectáculos. “Le devolvimos la dignidad a un pueblo que antes recibía migajas, y encima las agradecía” Está todo dicho, todo escrito, sólo hay que ponerlo en marcha y para eso la decisión política es el primer paso. (*) Diputada provincial, CC-ARI Neuquén