Expiado, una singular propuesta teatral

Carlos Denicolay, Julio Benítez y Fabiana Quintero se presentan en una sala acondicionada en el barrio Pájaro Azul bajo los conceptos planteados por el creador del Teatro Altosf en Venezuela.

Por Redacción

CULTURA

Por Teresita Méndez

teremendez@live.com.ar

“El lenguaje inédito nace de lo desconocido”. La definición pertenece a Juan Carlos De Petre, actor, director, dramaturgo, poeta, ensayista, guionista y pedagogo que concibe el hecho teatral como acto de creación integral donde el actor diseña sus roles o personajes y el director es organizador filosófico de la obra. En estos y otros conceptos basan su propuesta los artífices de “Expiado”, obra estrenada el miércoles.

Desde la tarjeta a la que acceden nueve espectadores por función y escrito en letras negras, el título Espiado contiene una ´x´ roja que modifica significado. La que sigue es una libre interpretación del mensaje, adhiriendo al espíritu sugerido por los realizadores.

Una breve reseña que acompaña desde el ingreso a la sala señala que “es la obra a la que arribamos, la que encontramos, la que estaba esperando a ser develada. Usamos como método de búsqueda/encuentro, ´el teatro desconocido´ de Juan Carlos De Petre que basa su propuesta creadora, desarrollada durante tres décadas de investigación, utilizando la experiencia sistemática y el autoconocimiento como metodología del descubrimiento (pasado por nuestro tamiz). Estoy satisfecho y profundamente agradecido del proceso de creación. Decimos lo que queremos decir”, aporta el coordinador general Carlos Denicolay.

Cabe a cada asistente hacer un esfuerzo más o menos considerable, dependiendo del grado de compenetración que logre con las escenas que van sucediéndose, para adentrarse a la relación de una historia que apela a los sentimientos.

Difícil camino el escogido por Julio Benítez, Fabiana Quintero y Denicolay para abordar una trama en la que los recuerdos adquieren protagonismo, por dolorosos, por profundos y por su difícil tránsito hacia el alumbramiento. De la puesta participan Pablo Beato (técnico) y Silvia Hermida (asistencia). La expiación, “es un acto de Amor”.

El selecto noneto de observadores será partícipe al final, cuando alguno de los protagonistas deposite simbólicamente uno de esos recuerdos –celosamente resguardados hasta entonces por la protagonista femenina- en una mano extendida, cerrándola y posándola sobre el corazón. Una invitación a guardarlo atesorándolo.

Y es que el gesto conlleva complicidad, la sensación de que se ha asistido a una revelación, de haber oficiado de voyeur cuya presencia resulta en expiación tras espiar recuerdos, sentimientos e íntimas acciones.

Invitados a acceder a la sala descalzos, los nueve espectadores toman libremente sus lugares transitando sobre cartón corrugado, “inestable” al decir del coordinador general que señala la consigna de ocupar el espacio delimitado por el papel.

Rodeando el espacio donde transcurre la acción, desde sus ubicaciones asistirán a la elaboración de un mensaje cuya urdimbre habrá que descubrir. Particular interpretación libre que dependerá de experiencias propias.

Un biombo, un sombrero, un hombre acostado y una mujer estáticos introducen el contacto visual. La oscuridad precede al canto-lamento femenino que inunda el recinto cuando el hombre despierta para castigar las teclas de una máquina de escribir, cita singular a las 4 de la mañana repite.

Respondiendo a conceptos acuñados por De Petre (creador en Venezuela del Teatro Altosf), la obra estrenada en la sala acondicionada en Picaflores 11.334 del barrio Pájaro Azul, resulta de la conquista del vacío y el despojo, de “la ignorancia consciente como punto de partida para revelar lo oculto, sin consignas ni condicionamientos, sin temas o ideas a desarrollar”. Porque “el lenguaje inédito nace de lo desconocido”.

Es a lo que apelan los actores mientras ponen el cuerpo a la creación escénica. Mostrar y transmitir un mensaje único, que no registre precedentes, porque parte del particular aporte de sujetos decididos a abandonar pre conceptos y conocimientos adquiridos para liberar creatividad.

Pirámide de vidrio, se le escucha decir. Ella y él comparten el espacio pero separados. Aire inhalado y exhalado rompe el silencio mientras una iluminada radiografía destaca el corazón en la imagen de un bebé. Percusión como latido acompaña la desnudez del hombre que apela luego a cubrirla con un mameluco.

Ella también aguarda el encuentro, depositando botones o cuentas de colores en un frasquito que cuelga del cuello.

Crean ambiente en medio de una escenografía despojada pero pródiga en detalles.

Un muñeco que compartirá protagonismo cuelga de uno de los tantos hilos, cintas y lazos que conforman la red unificante y, en la voz femenina, “resguardo para volver”. Recuerdo… “oxidado, patético, necesario” que asoma mientras es atada y él dice: no tiene por qué doler… A veces sí, responde ella.

El gesto masculino de despojarla del colgante que pende de su cuello basta para alejar sumisión y marca la despedida hasta dentro de quince días. Algo cambió en ella desde entonces, la mirada parece ahora transmitir confianza. Alas rígidas que esperan suspendidas.

Mientras, un tercero que asiste iluminando detalles, modificando el ambiente, preguntando o afirmando, inquiere ¿es necesario tanto esfuerzo? cuando él asciende una tela y dice: me siento espiado, palabra que ella repite y el tercero corrige: expiado.

Siempre quise volar afirma ella mientras porta alas. Todo lo que se puede ver está detrás de los párpados dice él mientras venda los ojos de ella e intenta alejar temores. Ya es hora, anuncia él. Y los secretos son repartidos. Y llega el beso final.

Arte, define De Petre, es aquel que muestra huellas, signos y señales que muevan al espectador a proponerse la ascensión de su ser. La obra propuesta en el recinto –edificio que concluye en una pirámide transparente- parece acudir en auxilio de aquella búsqueda. Singular, individual, personal y propia, cada una de las nueve miradas parece confluir en la vista de la luna espiando desde el techo transparente. Buscando, tal vez, la expiación.

DeBariloche


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