Falleció el obispo emérito Miguel Hesayne

Tenía 96 años y estaba radicado en Azul. Participó activamente de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos.



En la ciudad bonaerense de Azul, falleció el obispo emérito Miguel Esteban Hesayne.

Fue el histórico defensor de los Derechos Humanos y lo hizo desde el obispado de Viedma, durante 20 años, entre 1975 y 1995. Además, fue el gestor del proyecto Paulo VI de la capital rionegrina.

Alzó la voz contra los excesos del proceso militar, en contraste con la actitud de otros miembros del episcopado argentino.

Hesayne -con unos pocos, como los obispos de Neuquén, Jaime de Nevares, y al de Quilmes, Jorge Novak- participó activamente de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos.

Vale recordar que el papa Pablo VI lo eligió como obispo de la diócesis de Viedma el 5 de abril de 1975; pero el cuatro de junio de ese mismo año recibió la plenitud del sacerdocio en el Orden Episcopal en la catedral de Azul por monseñor Manuel Marengo. 

Hesayne fue obispo de Viedma por 20 años, hasta el 28 de junio de junio de 1995, cuando renunció por edad. Fue allí que se convirtió en obispo Emérito y se radicó en el Instituto Cristifero de Azul. Permaneció en esa ciudad hasta su fallecimiento.

Al llegar la información a Viedma, se dieron expresiones de dolor y condolencias por el prelado, de 96 años.

El padre Luis García fue uno de ellos y convocó para esta tarde, a las 20,10, a la eucaristía por “su eterno descanso y acción de gracias por su servicio a nuestra Diócesis”.

A su currícula episcopal hay que sumarle también otros méritos. Es que como titular de la cátedra de Derechos Humanos de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires, recibió un "Honoris Causa" en 2001, otorgado por la Universidad Nacional de Río Cuarto.


Un "luchador incansable"


Allá por 2009, se trató en la Legislatura el pedido para declararlo "ciudadano ilustre". Aquella oportunidad fue excusa para que varias figuras elogiaran su persistente lucha por los derechos humanos.

Martha Ramidán fue una de las primeras en tomar la palabra en aquella ocasión, y dejó una reflexión más que interesante de la forma de ser de Hesayne.

“Su lucha inclaudicable por la defensa de los derechos humanos lo involucró de manera personal a través de la denuncia y señalamiento de los responsables de la desaparición forzosa de personas y enseñó que el servicio episcopal también puede ser agente promotor de cambio”, explicó Ramidán 10 años atrás.


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