Festejos populares



Bahía Blanca

Los festejos populares por la asunción del gobierno de Alberto Fernández tuvieron, a mi juicio, un escaso vuelo cultural. Básicamente fueron solo musicales y giraron en torno al rock, la cumbia, algo de tango… Se podría decir que esto es lo popular y que hay que tenerlo en cuenta, pero la función docente que no debe abandonar el Estado debería ofrecer también formas más elaboradas de cultura: música clásica, coros, ballet, espectáculos gimnásticos, etc.


En el año 2011 en Osaka, Japón, decidieron superar la catástrofe de Fukushima formando “el coro más grande del mundo” compuesto por 10.000 personas de pueblo para interpretar la “Oda a la alegría” de Beethoven. ¡Tremendo desafío! Varones, mujeres y niños ocuparon un estadio completo. Todos vestidos de blanco y negro, alineados, mirando atentamente al director, en un perfecto alemán y en un silencio que permite apreciar toda la gama de que es capaz la voz humana y los instrumentos. Lograron algo deslumbrante y conmovedor. Y sorprende saber que esta obra se ha convertido en parte infaltable de las navidades japonesas. Son los milagros de la disciplina.


André Rieu es uno de los directores que más ha contribuido a que sea popular en Europa la música que en otros continentes es considerada elitista y reservada a personas con cultura superior. Produce sorpresa ver la tan masiva concurrencia y su atenta participación. Y entre los asistentes no se notan diferencias de clase, lo cual es una prueba de que se trata de una democracia exitosa tanto en lo económico como en lo cultural, cosa que no se logró sin el esfuerzo de todos.


La sabiduría de los romanos nos advierte que “res severa verum gaudium”, la felicidad verdadera deriva del esfuerzo arduo. No deberíamos conformarnos con lo fácil, con la excusa de que es popular.

Humberto Guglielmin
DNI 10.401.180


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