Financiamiento frutícola, propuestas para salir de la crisis

Las tasas para préstamos, dentro del sistema financiero, están hoy por arriba del 35% anual. Einstein aseguró tiempo atrás: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Pero pareciera que los gobiernos, de todos los tiempos, no han podido incorporar esta premisa.



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ECONOMÍA REGIONAL

El nuevo gobierno nacional, que asumió el 10 de diciembre pasado, implementó una serie de medidas que atienden al futuro de la actividad frutícola del Valle de Río Negro y Neuquén, las que sin dudas han de mejorar la rentabilidad de la actividad de aquí en adelante.

Me refiero a la devaluación del peso, el fin al cepo cambiario, la eliminación de las retenciones y a la reinstauración de los reembolsos a la exportación realizada por puertos patagónicos.

Sumado a estas medidas implementadas a nivel nacional, hay que incorporar en esta ecuación costo/beneficio el impacto a la baja que se observa en los precios de los fletes marítimos. Esto se da por una combinación de varios factores. En primer lugar, por la disminución del precio internacional del petróleo, que perforó esta semana la barrera de 30 dólares el barril, cuando hace ya un año estaba en 50 dólares y a mediados del 2015 se ubicaba en los 60 dólares, siempre hablando del crudo Brent. Otro de los factores es la caída en el crecimiento del PBI de China y otros países asiáticos que frenaron su importación por vía marítima y esto generó una sobreoferta de fletes en el mercado.

Pero si bien los cambios en la economía han modificado positivamente las expectativas de la actividad, también llevaron el costo financiero a tasas de interés superiores al 35% anual, lo que impide el acceso al crédito de corto plazo y menos aún a aquel de largo plazo. La necesidad de retirar pesos del mercado y que los ahorros no se destinen a la compra de dólares llevó al Banco Central, en estos primeros días de la gestión Macri, a elevar la tasa de interés de referencia. A esto se le suma la reciente medida que ya no obliga a las aseguradoras a invertir en lo determinado por el inciso K y los Fondos Comunes de Inversión dejan de participar en la compra de los cheques de pago diferido a través de la bolsa, disminuyendo la demanda y el aumento de la tasa en un día que pasó del 25% al 35% anual.

Sobre el contexto externo, se puede mencionar la devaluación de la moneda rusa que ya perforó la barrera de los 80 rublos por dólar, llegando a ubicarse en 50 rublos durante abril del 2015, es decir, se devaluó más del 60% en este período bajo análisis. La moneda brasileña sigue esta misma tendencia. El año pasado cotizaba cada real a 2,5 por dólar, ahora esa relación se ubica en los 4,1 por dólar, lo que registra una devaluación del 64%. Habrá que analizar, en este nuevo contexto, cómo reaccionarán los precios mayoristas de las frutas en los distintos destinos externos.

En Rusia, por ejemplo, hoy ya se habla de una caja de peras del Valle a 1.800 rublos, mientras que el año anterior esa misma caja cotizaba a 1.300. Considerando el tipo de cambio del rublo en cada fecha, podemos manifestar que el valor sería similar en moneda dura, entre u$s 23/24 por caja, un precio que sería satisfactorio considerando que el retorno FOB puede ser mayor en consideración a la baja de los precios del flete marítimo y adicional a los reembolsos por puertos patagónicos mencionados párrafos arriba.

Roberto Rappazzo Cesio (*)

rrappazzo@leverage.com.ar

(*) Contador público, exministro de Economía de Río Negro, consultor

Temporada 2016

Para esta cosecha se estima para la región del valle de Río Negro y Neuquén una producción global en torno a los 1,4 millones de toneladas de peras y manzanas, proyectando canalizar al sector industrial 600.000 y para el consumo en fresco las restantes 800.000, de las cuales se exportarían 400.000, por un monto de 270 millones de dólares.

El valor total de la temporada se estima en 8.100 millones de pesos para el consumo en fresco y otros 1.000 millones para el sector industrial, lo que da un ingreso global de 9.100 millones de pesos, a razón de 9 pesos por kg de fruta en fresco y 2 pesos por kg de fruta en industria.

Hay que agregar el ingreso que se obtendrá por la reinstauración de los reembolsos por puertos patagónicos del 8%, DNU 2229-11/2015, para el Puerto de San Antonio Este, que podría estimarse en más de 15 millones de dólares anuales.

El sector frutícola ve favorables las nuevas medidas y necesita encontrar solución a la situación generada por el ancla fijada al tipo de cambio durante tantos meses, que hizo que dejaran de ingresar al sector fondos comerciales, sin poder compensar ese déficit con el sistema financiero y aumentado las deudas fiscales por impagos con las cargas sociales principalmente, situación que automáticamente inhibe a los deudores de ser asistidos por los bancos, no sólo en nuevas líneas crediticias, sino además reduciendo las calificaciones y hasta la cancelación de las mismas, provocando incertidumbre sobre el futuro de las empresas de la región.

Un ejemplo simplifica mucho estos conceptos. Hoy una pyme frutícola –segmento más afectado del sistema junto a los productores– que procesa 4 millones de kilos de fruta espera facturar en la temporada un poco más de 30 millones de pesos por la comercialización de unas 190.000 cajas. Con estos valores en juego, la empresa no puede acceder a obtener capital de trabajo por el 10% de su facturación, debido a que el stock de pasivos inmoviliza su funcionamiento. Esta pyme ocupa 75 personas en forma directa y unas 50 en forma indirecta, es el fiel reflejo del impacto económico que está sufriendo hoy toda nuestra la economía regional.

Antecedentes

El genial Albert Einstein aseguró hace ya mucho tiempo atrás: “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Pero pareciera que los gobiernos argentinos, de todos los tiempos, no han podido incorporar esta premisa. Se enamoran con la fijación del tipo de cambio buscando de esta manera contener la inflación. Los resultados siempre son los mismos: una fuerte devaluación, la ruina de las actividades productivas de las economías regionales puras y medidas posteriores buscando asistencias parciales para el salvataje de la actividad.

Así sucedió con la tablita en los años 1980-1981 donde se resolvió otorgar una línea especial para empacadores y productores, ajustada a dólares, sin interés, a 10 años de plazo, con fondos del Estado nacional provenientes de la Secretaría de Hacienda de la Nación, por 75 millones de dólares, asignando al sector empaque 28,8 millones y al sector productor 36,7 millones, complementado por una línea adicional implementada por Banco Provincia de Río Negro por 10 millones de dólares.

Durante la vigencia de la convertibilidad y antes de que estallara la crisis del 2001, en los años 1993-1994 el gobierno provincial resolvió líneas especiales para productores, empacadores e industria implementadas a través de la moneda frutícola, en un primer término, por 25 millones de dólares; y al otro año, a través del Fondo Compensador Frutícola, por 30 millones de dólares, bajo el sistema de garantía de los reembolsos de exportación por puerto patagónico, donde los exportadores cedían sus derechos de cobro por el plazo del préstamo de cuatro años. Como contraparte, el gobierno de Río Negro otorgó en garantía del fondeo la Coparticipación Federal de Impuestos. Estas líneas fueron complementadas por el gobierno nacional a través de préstamos del Banco Nación Argentina (BNA) instrumentados a través de las Cédulas Hipotecarias Rurales (CHR).

En mi opinión, hoy tenemos oportunidades para liderar un cambio ya. Acudir en apoyo de esta economía regional pura, arruinada por políticas económicas nacionales desacertadas, es algo que no puede esperar. Esta economía compite con naciones que han trabajado durante años con programas sistemáticos para su desarrollo productivo, como Chile, Nueva Zelanda y Sudáfrica. Países que han logrado nuevas variedades para ofertar en los mercados, producciones de hasta 100 toneladas por hectárea; acceso a los puertos sin los altos costos locales que tenemos y gastos de logísticas muy inferiores. En definitiva, la región quedó muy lejos de sus competidores en variedades, calidad, costos, infraestructura y logística.

Para que las pymes y productores puedan consolidar el stock de deudas fiscales y bancarias se necesitan mecanismos financieros que hoy existen en el mercado. Los pasivos se originaron por la insuficiencia de los ingresos comerciales y el último recurso de las empresas ha sido el endeudamiento sistemático con las obligaciones fiscales, en primer lugar, y el atraso de los pagos de las deudas bancarias, que obligaron a productores tradicionales a alquilar sus chacras en defensa de su propio patrimonio. Aún existen deudas impagas de préstamos tomados en 1993 en el BNA con las CHR, que se transformaron con el tiempo en un cepo al crecimiento del sector y aún con la chacra hipotecada.

Para lograr salir de este esquema el gobierno tiene instrumentos varios, si no ¿qué sería de las provincias si tuvieran que pagar sus pasivos que hoy refinancia el gobierno nacional? ¿O qué sería de la cartera de Prat Gay si tuviera que cancelar la deuda acumulada de las importaciones por 5.000 millones de dólares? ¿No se emitió un bono a largo plazo para consolidar estos valores?

Resuelto el stock de la deuda, hay que acompañar a la actividad, en particular en sostener a las pymes, a pequeños y medianos productores con la posibilidad concreta de que coloquen el 100% de su producción a precios rentables.

Mientras avanzaba la ruina de la actividad productiva, no existía problema alguno para establecer la rentabilidad del 12% en líneas aéreas (que quebraron al quitarle el apoyo) y mantener el impacto al bolsillo de los consumidores que aportan unos 84.000 millones de pesos anuales en subsidio para sostener la actividad de las operadoras petroleras a través del precio del combustible en los surtidores, 10 veces el ingreso total esperado para la temporada frutícola 2016.

Los objetivos políticos deberían centrarse hoy en canalizar recursos para el capital de trabajo que permita a las pymes y productores atender la cosecha y comenzar a pensar en la modernización a través de un programa sostenible en el tiempo.

Debe quedar en claro que la fruticultura no es una actividad anual, se necesitarían 10 años para cambiar y modernizar. Hay que empezar ya y para ello se necesita generar rentabilidad al sector. Pensar en créditos al sector productivo como salida a esta ruina es desconocer las verdaderas necesidades de la actividad ante la imposibilidad de productores y empresarios para acceder al financiamiento. La economía regional pura no es ni mejor ni peor que otras economías, es diferente como lo aclara su definición, con ocupación de mano de obra intensiva y un auténtico perfil exportador.


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