François Hollande, ¿presidente gracias a Strauss-Kahn?

Redacción

Por Redacción

Nadie lo tuvo en cuenta durante años, ni sus amigos ni sus enemigos, que lo subestimaron y hasta se burlaron de él. Pero a François Hollande parece haberle llegado su hora el próximo domingo, cuando tiene grandes posibilidades de convertirse en el segundo presidente socialista de Francia, siguiendo los pasos de su admirado François Mitterrand.

Por el momento encabeza las encuestas y ha dejado atrás a su rival conservador, el actual mandatario Nicolas Sarkozy.

Lo que parece ser un éxito inminente dispara grandes sueños entre los socialistas y deja azorados no sólo a actores políticos internos, sino también a la canciller alemana Angela Merkel, que había manifestado su claro respaldo al candidato conservador.

Hasta no hace mucho, Hollande pasaba desapercibido hasta en sus propias filas. Algún crítico mordaz llegó a decir, antes de que se celebrara la primera vuelta electoral, que su peso político lo habilitaba más bien a accionar un bote a pedal, no a conducir desde la proa el pesado buque que es ahora Francia, país que deberá afrontar viento y marea para continuar a flote. Sin embargo, después de la primera ronda, los tonos en su contra se han vuelto más moderados.

El presidente del Partido Socialista se muestra, ya desde hace tiempo y sin dejarse inmutar por las críticas, como alguien jovial, con sentido del humor y con los pies sobre la tierra. Esa fue su carta de presentación como una alternativa de izquierdas a las filas sarkozystas. Ahora, al pronunciar discursos, incluso ensaya gestos dignos de un mandatario. Y en el debate televisivo celebrado con el mandatario, aguantó muy bien los embates de su adversario.

Los escándalos sexuales en los que se vio envuelto el ex presidente del FMI Dominique Strauss-Kahn, hasta ese momento esperanza de los socialistas, le despejaron el camino hacia la Presidencia. Hollande, que hasta ese momento no era recibido más que con una tibia sonrisa, supo reconocer la oportunidad y tomarla.

En el primer momento llenó un vacío que había dejado a los socialistas sumidos en una gran confusión y un evidente desconcierto. Y su entrada en escena parece haber sorprendido hasta al propio Sarkozy, que más bien esperaba tener que medirse con la secretaria general del partido, Martine Aubry.

Un comentarista de la televisión francesa intentó explicar el elevado respaldo por Hollande diciendo que “Francia ansía volver a la normalidad”. Hollande, a diferencia de su contrincante Sarkozy, da la impresión de ser una persona cualquiera, un ciudadano más. Donde otros esperan hallar carisma, él apostó por armonía, consenso y equilibrio.

Sin embargo, en un primer momento se podría decir que las diferencias entre ambos candidatos no son tan grandes. La revista “Le Nouvel Observateur” incluso apuntó que podrían ser dos hermanos un poco distintos. Se llevan sólo seis meses de edad, crecieron en el suburbio parisino de Neuilly, son abogados, ambiciosos y productos del establishment político.

Hollande se acerca desplegando simpatía, pero sus opositores aseguran que no tiene la capacidad necesaria para enfrentar conflictos. Y que hace promesas inalcanzables.

El socialista propone, entre otras cosas, crear 60.000 empleos nuevos en el sector educativo e iniciar un costoso programa contra el desempleo juvenil. Además, quiere imponer un 75 por ciento de impuestos a quienes registren ganancias anuales que superen el millón de euros.

En cuanto a su vida privada, es sabido que convivió durante años con la candidata a la presidencia de 2007, Ségolène Royal, con quien tuvo cuatro hijos. Pese a ser presidente del Partido Socialista, dejó que su ambiciosa compañera se postulara como candidata. Ella, tras fracasar en las urnas, lo plantó. La razón: la relación que Hollande había iniciado con la periodista política Valérie Trierweiler, quien por otro lado, tras ser reconocida oficialmente como pareja, tiene buenas opciones de entrar en el Elíseo como sucesora de la dupla Bruni-Sarkozy.

Si bien nunca saltó a la primera plana, se dice que Trierweiler tiene gran influencia sobre Hollande. Según la prensa, fue ella la responsable de una pequeña sorpresa que dio el candidato socialista al iniciar la campaña electoral. Hollande, de cuya figura no se mofaban pocos, se sometió a una dieta radical e hizo aparición dando una imagen renovada, que se vio acompañada por gafas nuevas y elegantes trajes.

Dicen que su entusiasmo por el uso de Twitter en campaña también es cosecha de su pareja. (DPA)


Nadie lo tuvo en cuenta durante años, ni sus amigos ni sus enemigos, que lo subestimaron y hasta se burlaron de él. Pero a François Hollande parece haberle llegado su hora el próximo domingo, cuando tiene grandes posibilidades de convertirse en el segundo presidente socialista de Francia, siguiendo los pasos de su admirado François Mitterrand.

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