Francesco Guido, emprendedor de “Ítalo Muebles”

Neuquén


En el mes de la celebración de los inmigrantes, recordamos que las oleadas inmigratorias al país-tan características de la primera mitad del siglo XX- continuaron y continúan produciéndose sin cesar.

Tal es el caso de don Francesco Alfredo Guido y familia, calabreses, arraigados en estas tierras a fuerza de trabajo y esfuerzo. Francesco nació en Terrati, provincia de Cosenza, región de Calabria, Italia, en 1925. A los 19 años conoció a Vicenzina Rossina Porco, de 17 años, nacida en Sangineto, también región de Calabria, quienes se casaron en 1946; allí nacieron sus dos hijos italianos, Bárbara y su hijo Rosario. En busca de una mejor vida y tentado por familiares de su esposa que vivían en Buenos Aires, Francesco viajó solo a la Argentina para establecerse y traer a su esposa e hijos.

Francesco y Vincenzina se encargaron de transmitir a sus hijos los valores que traían de su Italia natal: el trabajo y esfuerzo para progresar en la vida.

En 1950 llegó en el barco “Río Santiago” a Buenos Aires, comenzó a trabajar en una empresa que se dedicaba a obras en general. Como lo vieron astuto, rápido e inteligente, le dieron un curso de conocimiento de obras en italiano mientras le enseñaban el español.

Luego de seis meses, con un precario idioma lo enviaron a La Rioja a dirigir las obras del complejo deportivo de esa ciudad. Una vez finalizado el trabajo debía regresar a Buenos Aires, pero se quedó allí, ya que existía una comunidad italiana calabresa. En ese lugar trabajó de plomero, albañil y todo lo relacionado con la construcción, siempre con personal a su cargo.

Al comienzo alquilaba una vivienda y luego con esfuerzo construyó su propia casa con el objetivo de recibir a su esposa e hijos, quienes llegaron el 15 de mayo de 1955, al Puerto de Rosario. En la ciudad de La Rioja nacieron dos de sus hijos argentinos, María Ana y Alfredo. Pero en esa ciudad la oferta de trabajo no andaba bien entonces en un viaje a Buenos Aires, se contactó con empresarios que le comentaron que en Neuquén, una provincia chica y pujante en ese entonces, Y.P.F. necesitaba empresas para obras. Es así que en 1962 llegó a Neuquén.

Vivió en un hospedaje y desde allí en un Jeep Ika se trasladaba desde Neuquén a las distintas localidades donde tenía sus obras. En 1964 se radicó con toda su familia definitivamente en la capital y luego de unos años nació su hija, Marina Beatriz. En esta etapa la empresa constructora se afianzó y logró ser proveedor de Y.P.F. En los años venideros realizó trabajos en distintas localidades del Alto Valle.

Tal fue el caso de Plaza Huincul en donde construyó la pileta de natación y el Quincho; en Catriel, el quincho; en Rincón de los Sauces, los hangares en el aeródromo. Realizó dos obras para el Estado neuquino: la salita de Primeros Auxilios de Barrio Sapere y la de Valentina Norte. En Centenario realizó la red de agua potable y la vereda de la Plaza San Martín en el casco viejo. Cansado de tanta burocracia y dificultades, decidió retirarse de la construcción dando de baja su empresa. En 1972 abrió su mueblería “Ítalo Muebles “en la calle Intendente Carro 43 y años después una nueva sucursal en la calle San Luis 583 del Barrio Nuevo.

“Chenzina” como le decían cariñosamente a su esposa, fue el pilar de la familia, acompañó siempre a su esposo e hijos en las distintas situaciones que se presentaron. Participó activamente en las fiestas comunitarias y de la Asociación Italiana en las provincias donde vivieron. Sus nietos son: Lisi, Carina, Andrea, Roxana, Leonardo, Valeria, Pablo, Federico, Guillermo, Alfredo, Antonella, Nicolás y Adriano, fueron motivo de su alegría durante los últimos años al igual que sus 13 bisnietos. Francesco y Vincenzina se encargaron de transmitir a sus hijos los valores que traían de su Italia natal: el trabajo y esfuerzo en el quehacer cotidiano como única manera de progresar en la vida.

Beatriz Carolina Chávez

DNI 6.251.256


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Francesco Guido, emprendedor de “Ítalo Muebles”