“¡Francisco, se viene el penal!”
Para quienes no entendemos mucho sobre los protocolos y formas que tiene el Vaticano de llevar adelante sus acciones, y en especial la elección del papa, es a veces más distendido tratar de llevar algunas explicaciones a nuestro acervo cultural, en este caso, al fútbol. Los cardenales que ofician en una elección del nuevo papa son como los jugadores de un equipo de fútbol que se reúnen para decidir sobre el nuevo capitán y es así que eligieron a un nuevo pontífice, al cardenal Bergoglio de Argentina, como el capitán del equipo del Vaticano. La Iglesia Católica hace muchos años que no mete un gol (al menos que beneficie a quienes dicen querer proteger): o los disparos pegan afuera o se estrellan contra el travesaño o, a veces, hasta compran a algún árbitro para que les deje pasar una jugada, en la cual muchos deberían haber sido expulsados. Es así que millones de cristianos han dejado hace muchos años de ir a la iglesia, por aquello de “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”. Estas deserciones dieron la oportunidad a otros clubes (nuevas Iglesias) para que se apoderen de estos hinchas (creyentes) que, sin tener un rumbo definido o viendo que los jugadores ya no transpiran la camiseta, se entregan a estos nuevos equipos, muchos de ellos de buena voluntad, otros, unos simples chantas de cuarta que por un diezmo te prometen la salvación eterna. Sin mencionar que los que se salvan son ellos, los que reciben el diezmo, ya que se la pasan viajando y gastando el dinero de los más humildes. Menudo partido le queda ahora al nuevo papa argentino: las violaciones a niños por parte de clérigos (en especial en EE. UU.), las maniobras financieras del Vaticano, el tema inter-religioso, la trata de niños y mujeres, el celibato y tantos otros “temas menores”. Lo escribo entre comillas porque parece que para los antecesores del papa Francisco estos temas no eran de vital importancia o, al menos, nada hicieron o pudieron hacer al respecto. Como fuere, los anteriores capitanes del equipo Vaticano lo han dejado al borde del descenso directo, ya que el promedio de estos últimos 50 años es tan bajo que uno piensa que si no se fueron al descenso es sólo porque su antigüedad (2000 años), el acuerdo con referís y asociaciones de fútbol (el poder mundial) y algunos otros clubes (otras religiones) les jugaron a favor. Hoy, el nuevo capitán tiene una función primordial y es la de patear un penal, cosa que le está impuesta a todo nuevo papa que llega al Vaticano: patear el penal para dejar su sello marcado. Como todos sabemos, el penal es la máxima pena en el fútbol y quien lo ejecuta tiene grandes probabilidades de hacer un gol. Lo que no es poco decir para el Vaticano, después de tanto tiempo que no mete la pelota en la red. Ahora bien, como todos sabemos, un penal se puede patear al centro del arco, a la izquierda o a la derecha y demás esta decir que el Vaticano hace años que viene pateando hacia la derecha, por lo cual los arqueros están avivados y saben para donde tirarse. Y los pobres que Francisco dice querer defender no están a la derecha del arco, mal que les pese a muchos, que se confiesan todos los domingos y vuelven el lunes a las andadas. Yo creo que este tema de a dónde patear el penal que tiene que ejecutar el papa Francisco no es un tema menor, ya que dependiendo del lugar que elija es que sabremos cómo será su papado de aquí en adelante. Lo único de lo que podemos estar seguros todos es que, patee a donde patee, va a meter la pelota en el arco y sacudir la red, ya que no puede negar su argentinidad y pasión por el fútbol. Creo que tanto creyentes, como agnósticos, ateos o de cualquier cultura religiosa quieren que la Iglesia Católica, con el poder que le conceden los 1200 millones de fieles en todo el mundo, patee este penal y meta un gol en el cual todos se sientan representados y no sólo la gente que está en los palcos. ¡¡¡ Francisco, se viene el penal !!! Jorge L. Fernández Avello DNI 12.862.056 Bariloche