Freno urgente al cambio climático global

NORBERTO OVANDO (*)

Los informes de la comunidad científica son contundentes: la situación se agrava a un ritmo mayor que el que se temía: año tras año se superan récords de emisiones de gases de efecto invernadero, se multiplican la frecuencia e intensidad de los fenómenos atmosféricos extremos (sequías, incendios, huracanes, inundaciones…) que afectan a poblaciones crecientes y nos acercamos peligrosamente a la irreversibilidad de este proceso de degradación de las condiciones de vida en el planeta. Es necesario por ello acelerar e incrementar de inmediato las medidas contra el cambio climático para que siga siendo posible contener el incremento de la temperatura media del planeta por debajo de los 2 ºC antes del final del siglo. Sabemos, ciertamente, que el cambio climático no es el único grave problema global que amenaza nuestra supervivencia, pero eso no justifica que le prestemos menos atención. Todos los problemas han de ser atendidos porque están estrechamente vinculados y se potencian mutuamente. La lucha contra el hambre, por ejemplo, exige evitar las sequías que agostan los cultivos y las inundaciones que degradan los suelos cultivables. Cuando concluya el primer período de compromiso del Protocolo de Kyoto, en el 2012, tiene que haber quedado decidido y ratificado un nuevo y más ambicioso marco internacional que garantice las fuertes reducciones de las emisiones que según ha mostrado claramente el IPCC son absolutamente necesarias. Hacer frente al cambio climático es costoso, pero no hacerlo lo sería mucho más. Ahora, más que nunca hasta aquí, se precisa un clamor ciudadano que obligue a que se adopten acuerdos vinculantes para frenar el cambio climático mientras aún estamos a tiempo. Ello no supone olvidar la crisis económica que tan dramáticamente nos está afectando, muy por el contrario: la única salida real y durable a dicha crisis está en la transición a la sostenibilidad, a una economía baja en carbono que posibilite la creación de millones de empleos, vinculados a las energías renovables, al incremento de la eficiencia de productos y procesos, a la rehabilitación de viviendas, a la agricultura ecológica, a la producción cultural como alternativa al consumo material, etcétera. No se trata, pues, de elegir entre frenar el cambio climático o atender otros graves problemas como hacer frente a la crisis económica: debemos exigir que en Qatar se alcancen acuerdos vinculantes para frenar el cambio climático como condición esencial para la transición a sociedades sostenibles y solidarias. La conferencia sobre cambio climático de Doha debe de centrarse en objetivos ambiciosos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y también debería apoyarse en los logros obtenidos en la cumbre de Durban y avanzar hacia un acuerdo global legalmente vinculante. Como conclusión, se debe apoyar un segundo período del Protocolo de Kyoto (Kyoto II) que vaya desde el 1º de enero de 2013 hasta el 31 de diciembre de 2020 y durante este segundo período se deben promover mecanismos de seguimiento y sanción para los países que no cumplan con la reducción de gases de efecto invernadero e incentivos para los que sí lo hacen. Se debe impulsar un nuevo orden mundial, basado en la cooperación y en la solidaridad, con instituciones que sean expresión de nuestra ciudadanía planetaria común, capaces de evitar la imposición de intereses particulares que resulten nocivos para la población actual o para las generaciones futuras. (*) Presidente de la Asociación Amigos de los Parques Nacionales (AAPN)


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