Frente
No es fácil convencer a esta sociedad un tanto cómoda y conservadora de que cambiar no es un salto al vacío.
NEUQUÉN
hÉctor mauriño vasco@rionegro.com.ar
La posibilidad de que la oposición se una para derrotar al MPN y desalojarlo de su cómodo reinado de medio siglo es una milonga que se repite y se repite en el repertorio político neuquino pero hasta ahora no ha logrado pasar del guitarreo. Lo intentó Massei con una alianza –y casi lo logra frente a un Sobisch acorralado por los escándalos de corrupción y la “Cámara oculta”–. Lo intentó Quiroga con otra alianza –y casi se le da empujado por el peso de la tragedia de Fuentealba–. Lo intentó, en fin, Farizano con otra alianza más pero tampoco pudo ser. No es fácil ganarle a este partido vitalicio, eterno, perpetuo, definitivo. No es fácil convencer a esta sociedad un tanto cómoda y conservadora de que cambiar no es un salto al vacío, de que lo que vendrá será mejor. ¿Será mejor? Como quiera que sean las cosas la oposición, acaso recordando al Partido Revolucionario Institucional mexicano, que gobernó 70 años pero al que al final le llegó la hora de resignar ante el PAN (Partido de Acción Nacional), no se da por vencida. Ahora la expectativa de algunos antiemepenistas insomnes y frentistas recalcitrantes ha comenzado a cifrarse en una hipotética alianza entre los intendentes de las dos principales ciudades de la provincia, Horacio “Pechi” Quiroga y Ramón Rioseco. Uno y otro tienen dilatada experiencia política y a su turno ambos han derrotado más de una vez al partido provincial en sus propios distritos. Los dos, en fin, tienen como principal capital político sus gestiones como jefes comunales. Los separan, empero, la magnitud de sus respectivas ciudades –aunque uno y otro se consideran al fin y al cabo “complementarios”–, su disímil raigambre ideológica y su encolumnamiento político. Aunque estos últimos aspectos –que existen, uno se reclama de centro y ‘anti-K’ y el otro, popular y kirchnerista– no parecen constituir un obstáculo insalvable dado que tanto Quiroga como Rioseco han dado muestras reiteradas de que los anima un pragmatismo a toda prueba. Así, por ejemplo, el intendente de Cutral Co recorre desde hace dos años infatigablemente la provincia y sobre todo la capital, en procura de ser conocido y reconocido. Aprovecha para plantear propuestas “para los próximos 20 ó 30 años” y tejer alianzas con todos los sectores dispersos dispuestos a dar la madre de todas las batallas. Precisamente uno de estos entusiastas de todas las batallas contra el partido provincial parece ser Une, que después de su propia implosión y de la mano de Mariano Mansilla ha optado por encolumnarse detrás del cutralquense. Rioseco ha dicho una y otra vez que el problema es la propuesta y no el candidato y que lo mejor sería dirimir este último asunto en una interna abierta con Quiroga. En realidad no parece que le preocupe demasiado la posibilidad de perder e ir de segundo en la fórmula, acaso porque el intendente de Cutral Co ha recorrido en su ciudad un espinel en el que hábilmente colocado detrás del puntero –el radical Eduardo Benítez– ha sabido esperar su turno para quedarse con todo el paquete. Claro que tampoco es cuestión de achicarse. Por eso, hoy por hoy los operadores de Ramón presumen de acumular “20 puntos” de intención de voto en la capital –hasta ahora el lugar donde menos lo conocen y más valoran a su socio–, algo que, dicen, no es muy diferente de lo que atesora Quiroga. “Por ahí anda”, deslizan cuando se les pregunta. Cuando se les indaga sobre la aparente frialdad del intendente neuquino, que no niega el acuerdo pero tampoco lo anda predicando demasiado, los riosequistas alegan que la sociedad con el líder de Nuevo Compromiso Neuquino “está firme” y atribuyen la cautela de “Pechi” a un dato que deja alguna duda: “desde febrero, cuando acordamos hacer la alianza, Ramón ha crecido más que él”. Más allá de que nadie regalaría su propio boliche, como muestra de que el optimista Rioseco no se queda ni se quedará quieto, sus “equipos técnicos” están preparando un proyecto propio de ley provincial de Hidrocarburos para contraponerlo al que piensa presentar en los próximos días el oficialismo. En el sector están convencidos de que el MPN ha transigido demasiado con las empresas que explotan la principal riqueza de la provincia y de que aumentar la renta petrolera no sólo es posible sino que resulta crucial para el desarrollo de Neuquén. Desde el quiroguismo no niegan para nada las buenas migas con Rioseco, aunque aclaran que actualmente su jefe, “más que interesado en llegar a la otra orilla, está preocupado por el para qué”. Y se explican: “No le alcanza con ganar, quiere saber cómo va a gobernar”. Enseguida aclaran que Pechi quiere diferenciarse del “populismo emepenista” y que para él “no vale la pena reemplazar al MPN para hacer lo mismo” . Así, por ejemplo, advierten que en materia petrolera –cualquiera coincide en que en Neuquén es ‘el tema’– no tiene sentido seguir gravando a las empresas, porque el Estado, vía impuestos, “ya se ha convertido en su socio mayoritario”. Aseguran que la cuestión pasa más bien por un mayor control de lo que se produce, hoy librado a las declaraciones juradas, y plantean que el marco jurídico es la denominada ‘Ley Corta’ de hidrocarburos, “que Cristina destrozó con el decreto 1277 (complementario de la expropiación del 51% del paquete accionario de YPF)”. No lo dicen así, pero dan a entender que el esquema actual es como poner al zorro a cuidar las gallinas. Respecto del alarde riosequista en materia de intención de voto, los operadores de Quiroga acuden a la chicana: “Nosotros no tenemos esa información pero eso sí, en Cutral Co Quiroga mide 80 puntos, igual que Rioseco”. Puede ser que finalmente terminen abrazados como náufrago a un madero. Pero por ahora, más que lo que quieren, parece unirlos lo que no quieren. También, claro, las ganas.