Fuego

NEUQUÉN



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Nada es más difícil que tomar decisiones, pero nada es más apasionante”. La sentencia, atribuida a Napoleón, es por estos días consuelo de Jorge Sapag, convertido por imperio de las circunstancias en una suerte de bombero, que tan pronto debe acudir a apagar el fuego de un conflicto social, como a combatir las llamas reales que asuelan los bosques de la provincia. El gobernador retornó esta semana del frente de combate contra los incendios forestales luego de ocho días. Lo hizo con la satisfacción de haber logrado controlar el fuego y también con la convicción de haber hecho un aprendizaje útil a la política: la lucha contra las llamas no tiene nada de burocrática sino que por el contrario es de una gran ejecutividad; las decisiones cruciales –de ahí lo de Napoleón– se deben tomar a cada rato y, como suele ocurrir en política, en circunstancias especiales no hay vuelta atrás ni segundas oportunidades. Apagó los incendios de la policía, de Salud, de los estatales y de los bosques cordilleranos. Ahora el desafío pasa por extinguir a tiempo uno de los más difíciles: el que le planteará el combativo gremio docente. La apuesta del gobernador es a solucionarlo antes de que, una vez más, se salga de madre y termine aplazando indefinidamente el comienzo de clases, algo letal por sus consecuencias sociales y políticas. En el gobierno confían en poder controlar a tiempo este fuego también. “Confiamos en que llegaremos a un acuerdo con los docentes como hicimos con todos los demás. Lo vamos a acomodar”, dijeron, optimistas, muy cerca del gobernador. El gobierno local recibió con alivio el desmadre que provocó la devaluación porque sus ingresos en pesos se verán sensiblemente incrementados. “Eso nos ayudará a cerrar la brecha abierta por la puja salarial”, confió la fuente. En realidad, quitando los interrogantes que todos se formulan sobre cómo evolucionarán la economía, el tipo de cambio y la inflación, la mayor preocupación del gobierno neuquino para este año es –¡cuándo no!– política. A diferencia de Cristina, que ya dijo taxativamente que no será candidata a nada, Sapag no parece haber archivado su re-re. Al menos no ha dicho que no y eso, aunque tampoco diga que sí, en política es elocuente por sí mismo. En las alturas del oficialismo admiten que la re-reelección se sigue barajando como posibilidad, aunque reconocen también que es una hipótesis “difícil”, mucho más ahora “que el contexto socioeconómico y político se ha complicado”. Tras reconocer que el punto de no retorno para lanzar una enmienda o una constituyente “es el primer semestre del año”, el hombre del gobernador deslizó que, en definitiva, “tal vez lo mejor sería pasar la posta”. Y habló de “tres o cuatro” figuras oficiales que podrían ser “buenos candidatos”. Esta semana la modorra oficialista se vio sacudida por la entrevista entre Pereyra y Brillo. Ambos dirigentes coincidieron en impulsar una nueva ley de hidrocarburos y en trabajar juntos para la interna partidaria. Los únicos que quedarían afuera, dijeron, serían quienes atentaron contra el MPN pidiendo que vote por otro partido”. Claramente hablaban de Sapag pero, más allá de la pirotecnia verbal, las cosas no son tan lineales. En el MPN todos saben que divididos no se llega. Pereyra lo experimentó en carne propia en las últimas elecciones: ganó bien, pero si la puja hubiera sido por la gobernación se hubiera quedado con las ganas. No por nada circula la versión de que El Caballo no descarta apuntar a la secretaría general de la CGT nacional como alternativa a la gobernación. Lo de la nueva ley de hidrocarburos tampoco está tan claro. Pereyra primero salió a pedir el cambio, pero luego habló con el ministro Coco y reculó. En el gobierno explican que lo nuevo en la materia son los no convencionales y como la única provincia que por ahora los tiene es Neuquén, la nueva legislación tiene que ser provincial y no nacional. Y están preparando el respectivo proyecto de ley. Como el bien más preciado de esta provincia es el petróleo y en eso no hay discusión, Pereyra –que se lleva muy bien con Coco, que a su vez es el principal operador de Sapag– no parece dispuesto en realidad a complicar las cosas con un tema que es ‘patrimonio común’ de la santa cofradía emepenista. Otra cosa es el discurso político. Esa esgrima requiere de jugadas como la que el petrolero protagonizó con Brillo. Aunque a los hombres del sapagismo lo que haga el exdiputado los tiene sin cuidado: “Siempre al medio, se quedó en ninguna parte”, le endilgan, sin poder disimular cierto rencor. Otro tema son las internas del MPN. En el gobierno piensan que se harían a finales de año y reiteran que ellos serán de la partida. Pero cuando se los interroga sobre el costo-beneficio que tendría para Sapag jugar esa pulseada, admiten que tal vez lo mejor sería buscar un acuerdo equilibrado con Pereyra. El otro hecho llamativo de la semana fueron las declaraciones concordantes de Quiroga y de Rioseco sobre una posible fórmula de unidad para enfrentar al MPN. “Ideológica y políticamente son el agua y el aceite pero los une la gestión: ambos son buenos administradores”, apuntó un operador de Quiroga. Agregó que “además son complementarios, porque a Pechi siempre le fue mal en Cutral Co y Rioseco en Neuquén capital no entra”. En todo caso dejó sentado que todavía “se está muy lejos” de un acuerdo formal. El que vendrá en febrero invitado por Quiroga a la Fiesta de la Confluencia es Sergio Massa. Pechi descuenta que es uno de los “presidenciables” con mayores posibilidades y en el massismo ven al neuquino como el aliado más potable en la provincia. Pero en el entorno quiroguista advierten que todavía es muy temprano para identificarse con un candidato. Justamente por estos días Quiroga se reunió con el hermano de Daniel Scioli. “La verdad de la milanesa es que podríamos estar con cualquiera de los dos”, reconoció el hombre del intendente.

hÉctor mauriño vasco@rionegro.com.ar


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