“Game of Thrones” cumple 10 años: por qué hubiera sido la serie ideal para la pandemia

Esas dosis homeopáticas, con entregas de capítulos una vez a la semana, nos hubiera ayudado a descansar la cabeza de tanta realidad para meternos en el mundo de la ficción.

Ahora que todo quedó trastocado; ahora que las restricciones vuelven a ponernos de frente a las peores cifras de la pandemia; ahora que el año pegó esa frenada que no queríamos, volveremos a extrañar a esta serie que nos entretuvo durante tanto tiempo, cada domingo, cuando HBO estrenaba un nuevo episodio.


“Game of Thrones”, ese relato épico de la disputa por un trono entre siete reinos y otras tantas familias enfrentadas en luchas de odio, sangre y secretos inconfesados, cumple 10 años el próximo 17 de abril (¿cuándo pasaron tantos?). Obviamente, pueden verse nuevamente todos los capítulos, ordenados de mejores a peores, agrupados por protagonistas, o por familias, o en la seguidilla más básica y lógica, desde el primerísimo comienzo hasta el número 73, el despreciado final. Pero no es igual.

La nostalgia no es siempre la mejor compañera , pero en estos tiempos pandémicos, a quién no le gustaría que nos vuelvan a contar esta historia como si nunca la hubiéramos visto. A quién no le hubiera gustado que se estrenara en 2020 y no en 2011, para que hubiéramos podido maravillarnos, horrorizarnos, enojarnos y entristecernos por ese relato que parece ficción pero que tiene tanto sobre el mundo real, sobre el poder real, y sobre la pelea por el poder real.

Porque sí, podemos ver nuevamente todo ese mundo que creó primero para los libros George R. R. Martin, pero caeríamos en la gula, en querer ver todo, uno detrás de otro, sin pausa, hasta quedar anestesiados de tanto dragón, de tantas batallas, de tantas venganzas urdidas y servidas en un plato frío.

La gracia y lo que nos hubiera hecho tanto bien el año pasado -y ya que estamos también en este, con su segunda ola- son las dosis homeopáticas, que llegaban puntuales los domingos a la noche, a las 22, cuando podíamos lograr que todo estuviera oscuro y callado para entregarnos a los destinos de los siete reinos de Westeros, hipnotizados por la música inicial.

Los inicios de la aventura que nos acompañó durante 10 años.


Esas dosis homeopáticas son algo que perdimos con la pandemia y el hábito de maratonear hasta el final cada serie. Nos volvimos consumidores voraces, prácticamente incapaces de saborear una entrega por semana. Quizás la sobredosis informativa que padecimos todo el 2020, y esa espera casi demencial de los datos de cada día, que nos subía la ansiedad y nos generaba taquicardia, sea en parte responsable de que hayamos buscado en el streaming, y en la posibilidad de emborracharnos de series una cura para distraernos, o dormirnos, o las dos cosas a la vez.

Con “Game of Thrones”, el encuentro semanal funcionaba a la perfección. Primero porque cada capítulo era una pieza de ingeniería montada sabiamente por David Benioff y D. B. Weiss. No era sólo lo que contaban, sino cómo lo contaban. La intriga, los secretos que se iban develando a cuentagotas, la frialdad con la que mataban a los personajes que adorábamos por el bien de la historia y más allá de nuestro desgarro, le dieron a esta serie un lugar bien alto en la historia de la tevé.

“Game of Thrones” nos hubiera puesto la cabeza en otro lugar. Nos hubiera permitido los domingos aprender a querer al personaje de Peter Dinklage hasta volverlo el favorito. Nos hubiera puesto a discutir los lunes sobre si eran necesarias tantas escenas de sexo, y tanta violencia. Nos hubiera maravillado con el cambio de la Madre de los dragones. Nos hubiera dolido la tortuosa vida de Jon Snow. Nos hubiera fascinado con el arco que trazan las hermanas Stark. Nos hubiera hecho expertos en el mapa de Westeros en el que al final supimos movernos sin necesidad de GPS.

La nostalgia no sólo no es aconsejable sino que es un poco patética porque no se pueden revivir esos tiempos pasados. Pero después de un año en el que todos hicimos un poco de terapia de orden y de revisión de viejas fotos, este regreso de Game of Thrones, nos hace sentir que en algún lugar de la grilla televisiva, hubo un tiempo pasado que fue mejor. Y si no mejor, maravilloso.

El elenco, durante una de las grabaciones. Lograron un gran sentido de pertenencia.


Por cuestiones de prejuicio, la televisión ocupa muchas veces el lugar de caja boba de los desperdicios. De “Los Soprano” y “The Wire” en adelante, sin embargo, se encargó muchas veces de demostrar que la literatura vive con algunas grandes páginas también en ese artefacto que tenemos en casa. “Game of Thrones” elevó la apuesta con una escenografía y una producción descomunal.

Y si, es cierto también, que el final no estuvo a la altura, pero creo que le perdonaríamos incluso ese mal paso, si pudiéramos escuchar nuevamente el cuento como si nunca antes lo hubiéramos visto. Y si nos regalara una vez a la semana, la posibilidad de entrar en un mundo de ficción, para salirnos, por una hora al menos, de esta pesadilla pandémica.


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