Ganó el perdedor

Por Redacción

En la Argentina actual, parecería que importa menos el carisma de los candidatos o las ideas que reivindican, que el esquema electoral elegido. De haberse aplicado en Santa Fe un sistema electoral menos tramposo que el basado en la “ley de lemas”, que permite a los partidos ahorrarse el desgaste que les supondría una interna ferozmente disputada y ofrecer a los votantes una gama muy amplia de opciones, el socialista Hermes Binner estaría celebrando su triunfo rotundo sobre su rival Jorge Obeid, pero el peronista pudo apropiarse de los votos en favor de sus compañeros de suerte que resultó ser el ganador por un margen respetable a pesar de haber conseguido un cuarto de un millón de sufragios menos. Asimismo, de no haber sido por la voluntad férrea de Eduardo Duhalde de impedir que regresara a la Casa Rosada Carlos Menem, razón por la que frenó el intento de aplicar la ley de lemas en escala nacional, el riojano sería el presidente de la República y el panorama frente al país sería radicalmente distinto de lo que efectivamente es. En otras palabras, a los jefes más poderosos del movimiento dominante les ha sido dado optar por el sistema electoral que les parece más conveniente y, como si esto ya no fuera más que suficiente, también se las han ingeniado para transformar la incoherencia ideológica que es típica del peronismo en una ventaja casi insuperable porque pueden postular candidatos de la extrema izquierda, del centro moderado y de la derecha.  Antes de celebrarse las elecciones santafesinas, Obeid se comprometió a eliminar la ley de lemas que tanto lo beneficiaría, pero no sorprendería que, luego de pensarlo, decidiera conservarla por temor a que sin ella lo sucediera un político ajeno a la pendenciera familia peronista. Por cierto, esto es lo que cree Binner, que tiene sus motivos para sentirse víctima de un fraude institucional.

De todos modos, aunque en el transcurso de una campaña agitada Obeid hizo hincapié en su proximidad a Néstor Kirchner y en su voluntad de apoyarlo, no hay por qué suponer que la popularidad actual del santacruceño haya incidido más en las elecciones de Santa Fe que en las celebradas en otras provincias, como Río Negro, donde casi todos los candidatos manifestaron su aprecio por el presidente de la Nación. Que éste haya sido el caso hace pensar en que la aprobación generalizada de la fase inicial de la gestión del mandatario que se ve reflejada en las encuestas de opinión debería atribuirse más a su estilo hiperkinético y a su hábito de ensañarse con los símbolos más visibles del mal, que a cualquier simpatía por el “proyecto” que dice tener en mente. Hasta ahora, no se ha producido ningún caso de un político antes desconocido que haya logrado destacarse por su adhesión al kirchnerismo. Puede que esto ocurra en los próximos meses, pero mientras tanto los presuntos representantes del “proyecto” kirchneriano seguirán siendo personas como Obeid, que pertenecen al elenco político estable provincial o nacional cuyo entusiasmo por la obra que ha emprendido el presidente se verá atribuido a nada más profundo que el oportunismo.  

Aunque Kirchner considera a Obeid como un integrante de su propia fracción y por lo tanto se ha sentido obligado a darle su respaldo formal, podría haberle resultado mucho mejor que triunfara Binner, un hombre con el que tiene bastante en común, porque Santa Fe es un distrito muy complicado, con muchísimos problemas sociales que son agravados esporádicamente por inundaciones devastadoras. Por lo tanto, no es del interés del presidente que un gobernador elegido por una minoría en elecciones que fueron celebradas en el marco de un sistema que virtualmente todos dicen es ridículo, cuando no incomprensible, sea calificado regularmente de kirchnerista, lo que en cierta manera hará que el presidente se vea constreñido a compartir la responsabilidad por los reveses y escándalos que con toda seguridad ocurrirán. Asimismo, a Obeid le esperarán más enfrentamientos con los partidarios del senador electo Carlos Reutemann y muchos otros peronistas, además de los simpatizantes de Binner que no han vacilado en denunciar posibles irregularidades, realidad que hace prever que los costos políticos que tenga que pagar Kirchner por su presencia en la gobernación sean mayores que la ventaja que podría suponerle sus aportes.


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