Guerra
Columna semanal
El disparador
Un auto gris frena de golpe a mitad de cuadra y estaciona. En los asientos traseros, unos parlantes enormes, que no dejan espacio para otra cosa. El asiento del acompañante, vacío. Las ventanillas delanteras, bajas. El conductor: un hombre de unos 40 años, con el pelo rapado. Lleva una campera de cuero negra y gafas oscuras. La mano derecha la usa para gesticular y darle manotazos al volante mientras habla a los gritos por celular.
-¡¿Querés que le controle la plata a una nena de 15 años?! -dice.
-…
-Sí, ¡claro! ¿Me hacés pelear con nuestra hija y yo soy el loco?
-…
-¿Pasa algo que yo no sé con nuestra hija?
-…
-Vosss-sosss-la-madre, ¿sí? ¡Contestá lo que te pregunto!
-…
-Pará de insultarme.
-…
-No te aguanto más, siempre ponés a la nena en el medio.
-…
-Se va a sentir pésimo si no le doy plata para almorzar.
-…
-Si querés enseñarle a ser austera, dale el ejemplo: dejá de comprarte zapatos a cada rato.
-…
-Siempre lo mismo… ¡Te hacés la víctima!
-…
-¡Sí! ¡Hago lo que quiero! Le voy a dar la plata.
El hombre revolea el celular contra el asiento del acompañante. Golpea el volante con las manos. Lanza un insulto al aire. Sacude su cabeza y, entonces, descubre que a pocos metros una señora lo observa desde la vereda.
-¿Vos qué mirás? -dice él.
-Escuchaba.
-¡¿Y por qué no se mete en lo suyo señora?!
-Porque su auto bloquea mi garaje.
El hombre se da cuenta de que está mal estacionado. Resopla y le dice a la señora que tiene razón, que perdón, que le dé un minuto para serenarse, que ya se va. Ella le responde que no pasa nada, que no tiene prisa y se disculpa por haber escuchado la discusión. “Pero me parecía inoportuno interrumpirlo… ¿Pasó algo grave?”, pregunta.
El hombre, se desahoga: le cuenta que lleva dos años divorciado, que la hija piensa que sus padres la usan como pretexto para pelearse entre ellos y que su ex mujer no ayuda a que haya una mejor relación entre todos. “Mi ex me enloquece, dice una cosa y hace otra, siempre se está quejando de algo o con ideas raras. Las discusiones son absurdas… Y, todo, por haberla dejado”, dice.
-¿Y por qué la dejó? -pregunta la señora.
-¿De verdad le importa escuchar a un extraño?
-¿Qué es más importante que intentar ayudar a alguien?
-No me puede ayudar -afirma él.
-Lo puedo intentar, pero si usted quiere.
-A mi ex la dejé porque discutíamos todo el tiempo.
-Entonces hizo bien en separarse, ¿no?
-Pero siento culpa -murmura él.
-La culpa es la necesidad de ser castigado.
-¿Qué? -pregunta él.
-Nada, eso no importa -dice la señora.
-¿Y qué es lo que importa?
-Que dejes de pelear sin sentido.
-Pero no podemos parar…
-Mirá, como dijo Kennedy: el hombre debe fijar un final para la guerra porque si no la guerra fijará un final para el hombre.
Juan Ignacio Pereyra
El disparador
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