Guerra por el Estado
¡Al fin! Aportan propuestas a la campaña por la gobernación. El abuso de los recursos de todos es violatorio de la ley de Ética Pública.
DE DOMINGO A domingo
Al fin! Los candidatos a gobernador han comenzado a decir qué proyectan hacer si llegan al cargo. Es un ejercicio saludable que supera el nivel del debate que se mantenía hasta ahora, limitado a los alineamientos nacionales o a la falta de ellos.
El gobierno provincial es todavía un instrumento poderoso.
Aun cuando se vea muy debilitado por la creciente centralización de recursos en manos de la Nación, la calidad de los servicios que reciben los rionegrinos depende en gran medida de la eficiencia y eficacia con que se administre el Ejecutivo provincial. Tiene responsabilidad central en la administración de la salud, la educación y la seguridad, pero también injerencia en otros innumerables aspectos de la vida de las personas.
No obstante, es habitual que las campañas electorales oculten más que explicar, y desplieguen herramientas propias de la publicidad comercial o la seducción mediática en lugar de apelar a la transparencia y la conciencia de la ciudadanía.
El 14 de junio se votará, además de los cargos provinciales del Ejecutivo y la Legislatura, para elegir intendente y concejales en San Antonio Oeste, Jacobacci y Sierra Colorada, comunas en las que en la actualidad gobierna el Frente para la Victoria.
Un análisis simple de las últimas elecciones refleja que es tendencia en el país y en América Latina que quien está en el gobierno abuse de los recursos del Estado para promover el triunfo de su partido o el suyo propio. Y que generalmente obtiene el triunfo.
Esto implica dos cuestiones: la debilidad ética de la dirigencia y la ausencia de una sanción ciudadana a esa falta grave.
Cuatro candidatos se disputan la gobernación en Río Negro. Dos de ellos tienen alguna relación con el Estado. Además, el Pro suma su lista de legisladores
El gobernador Alberto Weretilneck hace un uso obsceno de los fondos provinciales en favor de su campaña electoral. Y Miguel Pichetto exhibe su condición de gestor de fondos y obras nacionales, puerta de entrada a los despachos donde se decide la suerte del país.
Los otros dos están en desigualdad evidente, aunque sólo Magdalena Odarda pueda objetarlo: Horacio Massaccesi también usó del Estado para promover su figura cuando fue gobernador.
Además, hay otra situación particular: Weretilneck llegó al cargo tras la muerte del gobernador y fue perdiendo aliados y construyendo nuevas sociedades políticas. Esto provoca que su caudal electoral sea un misterio al cual los resultados de los comicios municipales del 3 de mayo agregaron algo de luz.
Precisamente a raíz de la lectura que todos los partidos han hecho del escrutinio de mayo es que hoy los esfuerzos de campaña se centran en torno a Bariloche.
Es allí donde los candidatos pasaron esta semana la mayor parte de su tiempo. Y también donde avanzaron en dar a conocer sus propuestas.
Bariloche es la ciudad de mayor número de electores, una «vidriera» nacional, un polo de actividad turística con fuerte peso del sector privado y posee un electorado con personalidad. Más de una vez ha votado en un sentido distinto a la tendencia provincial o nacional. El debate promovido por sus empresarios fue un ejemplo de ciudadanía consciente.
Para los candidatos, Bariloche es todo un desafío. Sobre todo porque no realizó este año comicios municipales que permitieran conocer su estado de ánimo.
Allí, Miguel Pichetto formuló su propuesta a favor de un Río Negro productivo, de un jefe policial en actividad y de cerrar los Caina, por entender que en lugar de proteger a los menores se los detiene y aleja de su familia y de la escuela.
El radical Horacio Massaccesi eligió la polémica e impulsó que Bariloche vote a favor de su reconocimiento como ciudad autónoma, una suerte de micro-Estado dentro de la provincia.
Magdalena Odarda apuntó contra la minería contaminante y a favor de iniciativas destinadas al empleo joven.
Weretilneck siguió esgrimiendo, allí y en todas partes, su condición de gobernante para confundir Estado con gobierno y cargo con candidatura.
Para sus adherentes, ésa es su fortaleza. Aunque, en rigor, busque compensar lo evidente: que no tiene un partido activo ni una base de militancia por fuera de la corte de funcionarios públicos.
Por suerte la campaña es corta. El Estado rionegrino, maltratado durante décadas, no resistiría un abuso prolongado.
Después del anuncio de pase a planta de 5.500 personas, sumó la actualización inflacionaria de las asignaciones familiares, presentándola como una acción magnánima.
Además, formalizó a 700 referentes TIC en las escuelas. Al hacerlo, rompió con la tradición de que los cargos docentes sean elegidos por asamblea de oposición de títulos y antecedentes.
Pero fue más allá: esta semana, junto con la factura de consumo de agua, se distribuyó en domicilios una suerte de periódico del Estado provincial destinado a promover su figura.
En el mismo formato y papel que la cuenta del servicio esencial, se muestra una foto del gobernador en cada página y un particular énfasis en presentarlo como un benefactor que distribuye millones. Un Papá Noel de las buenas noticias.
El estilo propagandístico es similar al que emplea el gobierno nacional pero, en este caso, no lo hace a través de los medios de comunicación sino de la distribución puerta a puerta, en aparente aprovechamiento de la estructura de un organismo de propiedad estatal.
También la boleta de impuestos que distribuye la Agencia de Recaudación Tributaria tuvo su uso proselitista. Se sumó a la andanada de anuncios y comunicados de los organismos estatales.
El gobernador Weretilneck no puede desconocer que la ley 3550 de Ética en la Función Pública prohíbe expresamente a los funcionarios provinciales «realizar con motivo o en ocasión de ejercicio de sus funciones actos de propaganda, proselitismo, coacción ideológica o de otra naturaleza, cualquiera fuese el ámbito donde se realicen las mismas».
Aun así, este tipo de leyes parece ocupar un lugar meramente decorativo. Son redactadas y promulgadas como obligaciones morales, pero nadie parece estar obligado a cumplirlas.
Es evidente que este boletín y la impresión de la leyenda en las boletas de Rentas ocasionaron al Estado un gasto sin justificación en la utilidad pública.
Corresponde a los órganos de control de la Provincia calcular ese costo y reclamar que sea reintegrado a la Administración Pública.
Mientras esto ocurre, la batalla psicológica incluye la difusión parcial de encuestas de uno y otro sector.
Pero las particularidades de este comicio complican todo pronóstico. La introducción de dos fuerzas no tradicionales rompe la clásica disputa entre peronismo y radicalismo. La militancia de una y otra fuerza se distribuye entre los cuatro sectores en disputa. Hay radicales y peronistas en todas las listas…
El resultado, todo un misterio.
ALICIA MILLER
amiller@rionegro.com.ar