“Haciendo caminos”: la familia Cavazza
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La familia Cavazza es una de las tantas que llegaron a estas tierras de la mano de Vialidad Nacional. Mientras se construía la Ruta 40, doña Violeta Sara Quillén Pichaud de Cavazza acompañó junto con sus hijos a su esposo Roberto: vivían en casillas construidas a la vera de la ruta. Roberto había venido a trabajar en la construcción del puente Neuquén-Cipolletti, y luego se trasladó a Zapala.
Doña Violeta nació el 3 de junio de 1919 en la Estancia de Quillén, propiedad de su padre, León Pichaud, un francés nacido en Cognac que había llegado a la Argentina en 1910 y se había convertido en estanciero y criancero. Pichaud formó su familia con Julia Marie Joliette Jeanne Greau, con quien se conoció en la localidad chilena de Lautaro; allí se casaron y tuvieron diez hijos. Debido a la cercanía con Chile, distancia menor que la que debían recorrer para enviarlos a escuelas de Neuquén Capital, los hijos del matrimonio estudiaron en el vecino país hasta tercer año de Humanidades.
Regresaron a la Argentina en la década de 1930. Don León se desempeñó como administrador de la Estancia San Juan. En 1934 se fueron a vivir a San Martín de los Andes, donde tuvieron una pensión. Posteriormente se fueron a vivir a Zapala, explotando el mismo rubro.
El paseo a la Estación del Ferrocarril, vieja costumbre de la época, era la caminata obligada de las jóvenes. En uno de esos recorridos, en Zapala, Violeta conoció a su futuro marido cuando bajaba del tren, en 1935. Llegaba con su bagaje de ilusiones y de la mano de Vialidad Nacional. Don Roberto Cavazza nació el 27 de marzo de 1912, hijo de italianos de la Lombardía; falleció el 3 de enero de 1977.
En 1937 se casaron en Buenos Aires. Violeta tenía 17 años. Ya casados volvieron a Zapala. Tuvieron 5 hijos: Violeta Alicia (Bocha), Josefina Julia, Adelaida, Roberto y Hércules Luis, que les dieron nietos, bisnietos ¡y también tataranietos!
El arribo a la capital de la provincia fue en 1950. Una vez aquí don Roberto compró el terreno en la calle Tucumán, ¡era pleno desierto!
Las casillas donde vivían cuando su esposo trabajaba en el camino, recuerda Violeta, eran de celotex, una especie de cartón prensado, que se apoyaban sobre un piso de portland. Sus muebles eran cajones de naranja en los que guardaban la ropa y pertenencias de la familia. La mudanza general, de un lugar a otro, se hacía en camiones que enviaba la empresa mencionada anteriormente.
Violeta sufrió, el último mayo, la pérdida de una de sus hijas, Adelaida; pero quiere agradecer profundamente la maravillosa atención y asistencia recibida en el hospital Bouquet Roldán, donde atendieron a su hija. De la misma manera, hace unos días regresó ella a su hogar, luego de la eficiente atención recibida en el Castro Rendón a raíz de su enfermedad; por ello valora profundamente la calidez humana del personal de los hospitales provinciales mencionados.
Hoy, Violeta, con sus jóvenes 98 años, transcurre sus días en su casa de la calle Tucumán al 255, en donde era clásico el gigantesco cedro azul que acompañó su vida, rodeada de sus hijos, nietos, bisnietos y tataranietos, a los que ella retribuye con esa simpatía que siempre la caracterizó. En su nombre, ¡feliz día a todas las mamás, vivas y muertas pero presentes en nuestro corazón!
Beatriz Carolina Chávez
DNI 6.251.256
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