“Hago lo que el día me muestra que haga”
La cantante Patricia Sosa está en un muy buen momento, cantó en el Luna y en Colón y sigue de gira. “Río Negro” habló con ella sobre su manera de encarar la vida y también de su hija.
Tras las presentaciones del 2012 en ND Teatro, con su último compacto “Desde La Torre”, Patricia Elena Sosa lo expuso por vez primera en el Luna Park el 14 de junio, con Sandra Mihanovich, Valeria Lynch, Dany Vila, las venezolanas Ninoska y Arlyna León, finalistas de “Soñando por cantar” y Hugo Lobo en los bronces, Oscar y Marta Mediavilla, como invitados especiales.
Antes, 29 de mayo, integrando “Las elegidas”, cantó en el Teatro Colón de Buenos Aires, evento que la señal TN puso al aire justo un mes después. En esa emotiva noche Patricia, Lynch, Mihanovich, Marcela Morelo, Lucía Galán, María Graña, María Martha Serra Lima, Julia Zenko, Virginia Tola y Fabiana Cantilo fueron acompañadas por una sinfónica de setenta instrumentistas de las orquestas Estable del Colón, Filarmónica de Buenos Aires y la Juan de Dios Filiberto, salvo el baterista, único varón, y un coro de treinta voces femeninas, con dirección de la Maestra Natalia Dorfman.
El 13 de julio, Sosa cantará en Casino Trelew y el 27 en Espacio Quality, Córdoba.
Formidables pretextos para entrevistar a la cantautora que incursionó en la actuación televisiva, y también en el cine y el teatro. En el Luna, durante las tres horas que duró su recital, la acompañaron en coros a Patricia, Sofí Sobral y Martita, su única hija de veinticinco años.
“Dedicarse al arte, creo, viene en los genes y yo no le abrí ningún camino a Marta. Ella no lo acepta, se los abre sola. Y se ubica en un lugar donde yo no la hubiera puesto porque no lo conozco. Es actriz y ha participado, ha sido protagonista de obras de teatro premiadas y ella se busca todos los trabajos, jamás dice que es hija mía. Es más, hicimos una película juntas, ‘Ningún amor es perfecto’ y un día el director me pidió que lo dejara ser objetivo para elegir lo mejor… No sabía a qué se refería. En un rato viene Marta, me contó, y tengo que entrevistarla porque ella quedó en el casting para hacer de tu hija y estoy entre dos chicas. Yo no supe qué responderle porque ella había desayunado conmigo y ni siquiera me lo había comentado. Y, aparte, en la agencia donde estaba anotada, la mandaron por el parecido físico, no por conocer el parentesco. Al rato cae, hola mamá, se fue a tomar un café con Pablo y quedó. Se lo ganó sola, no acepta que le franqueen puertas”.
–¿Eso cómo te deja? ¿Con orgullo, con…?
–Me pone bien que se la quiera bancar sola y que haga su camino, me enorgullece ver todo lo que está haciendo por sí misma. Después me da rabia porque pienso que si hubiera tenido a alguien que me diera una ayudita, que le hablara a un productor y me recomendara para cantar en algún boliche. Algo… Me hubiera ahorrado muchos pasos. Hijos de otros famosos que veo, todo lo contrario, le piden ayuda a sus padres, una colaboración para tocar. Pero no, Martita no quiere. Cantó conmigo en el Luna porque se lo rogué. Me dijo que sí, que estaba muy contenta, pero sólo el Luna Park.
–Pone condiciones. Tiene padres de fuerte temperamento, de convicciones firmes, de trayectorias sólidas. Debe medir eso…
–¡Mirá! Cuando protagonizó “Borges para niños” en el Presidente Alvear, no quería que fuéramos a una función porque no sé qué pasaba, ponele que había un desajuste técnico. Pero fuimos a escondidas… Nos pusimos bien atrás y no sólo eso, llevamos un equipo de filmación. Yo quería filmarla. A mí me hubiera gustado tener un registro de todas mis actuaciones, no lo tuve, por plata, porque no me daba cuenta de lo valioso que sería ahora. Cuando terminó la función le comenté, se rió y me contó que había visto las cámaras pero pensó que era cosa de la producción para armar algunos micros para tele. Ahora tenemos ese recuerdo…
–Dije convicciones claras, pero hay más palabras que marcan líneas en tu recorrido artístico: firmeza, trabajo parejo con tu capacidad de creación, con tu voz, con la expresión. Me contaste hace bastante ya que eso se relacionaba con tus viejos y las herencias que te dejaron. A tu papá recordaste…
–Sí, particularmente, con mi salud vocal, soy… Tengo como una simbiosis con mis cuerdas vocales, les digo: mis chicas y hablo con ellas. No grito y si lo hago alguna vez, les pido perdón. Entonces, trato de estar bien siempre. Trato, dentro de lo posible. Antes, era mucho más rigurosa con el trabajo. Me ponía todos los días a tocar, vocalizaba y sigo vocalizando cada día, ensayaba muchísimo más, estaba tratando de tener un espacio, mío, exclusivo. Lo conseguí y empecé a relajarme. Y si bien, para compromisos como el del Luna reforcé los ensayos, lo hago una vez al año y nada más. No hay que volverse loco. Estoy más en el disfrute. Componer es inevitable, sale, al menos para mí. Pero no lo tomo como algo metódico. Excluí los métodos de mi vida, salvo para la salud vocal. Hago lo que el día me muestra que haga. Depende… Si está maravilloso, me voy al río o como he hecho muchas veces, agarro la camioneta y me voy a la montaña y manejo setecientos kilómetros hasta Sierra de la Ventana. Sí, me voy a meditar…
–¿Cómo es la relación con el público?
–La relación que tengo con el público, mejor, que la gente tiene conmigo es absolutamente generosa. Siento que subo al escenario y quienes me escuchan, prestan atención. Me abren el plexo, por donde entran las sensaciones y terminan cerrando los ojos llevados por mi voz. Eso hace un ida y vuelta permanente. Me tiran energía positiva. Antes, cuando terminaba un concierto grande, me iba a un hotel, sola… Muchos años lo hice. No quería volver a casa porque me daba miedo creerme lo que me decían. Me quedaba sola, meditaba hasta encontrarme conmigo otra vez, hasta saber que era simplemente una persona a la que le dieron un don y lo estaba custodiando desde la total humildad. Al otro día volvía a casa, tranquila. De lo contrario, me iban a seguir adulando de la misma manera, me iban a llamar por teléfono. Y no es que no me gustara, me daba temor no poder manejarlo… Bueno, el no manejarlo me llevó a un divorcio.
Ahora no me ocurre eso. Lo tomo como algo generoso por parte del público y ya está. Sé que no tengo que creérmela. Soy una realidad de ficción. Cuando una pareja de enamorados viene a verme y me aplaude, me grita diosa y qué sé yo, después se van a comer pizza y yo paso a ser una anécdota en sus vidas. Quedo en el recuerdo y con los años lo rememorarán con aditivos que irán poniéndole. Y yo a casa con mi familia, mi hija…
Desde hace muchos años hago un ejercicio cuando me levanto. Me bajo de la cama con el pie derecho, visualizo a mi ego, lo pongo de rodillas y lo piso con el pie izquierdo. Es la mejor manera de enfrentar el día. Lo que destruye al mundo es el ego mal puesto. En todos los ambientes, en todos los lugares, cuando el yo, yo, yo, porque yo, es la palabra más escuchada, no hay que confiar. La vida no es eso, para mí. Al ego hay que humillarlo… Me interesa ser absolutamente carnal y cotidiana. Tengo la suerte de ser artista y de transmitir las cosas que deseo, pero no quiero ser más que eso.
Una enorme cantante en el escenario y una mamá orgullosa por los logros de su hija.