Hay acción en los yacimientos no convencionales

Enormes equipos están instalados en el desierto.

Matías Subat

RODOLFO CHÁVEZ

rchavez@rionegro.com.ar

SIERRA BARROSA (AN).- Con siete grados bajo cero, el sol pleno del mediodía es una bendición aquí en el desierto. Pero el viento anda con afiladas cuchillas y no permite caricia alguna. Nada de eso parece importar a los hombres del petróleo. Ellos van y vienen entre una decena de enormes camiones azules que, cual criaturas mitológicas con potente carga y tentáculos en sus lomos, permanecen aparcados como listos para cinchar. Se ubican en hilera y de a pares, espalda contra espalda, a pocos metros de una enorme pluma de la que cuelga un trépano, listo para perforar. Los camiones no tienen trompa y son gringos, parecidos a aquellos que manejaba en una serie televisiva de los 70 un personaje que, vaya casualidad, se llamaba igual que la empresa norteamericana a cargo de la perforación. (Ah, en la serie también había un chimpancé…)

Hace frío, decíamos, y si el aire es hielo, imaginen los fierros. Y aquí en el yacimiento de Sierra Barrosa hay muchos fierros. Y unos 2000 HP de potencia en los camiones que, en paralelo, esperan órdenes para enviar las herramientas que irán en búsqueda del gas de arenas compactas, fracturando rocas en pos de tigth gas, uno de los tipos de gas no convencional de los que tanto se habla por estos días. Está bueno aclarar que no se trata de un gas distinto. Es el mismo que, por caso, llega a nuestras casas a través de las cañerías. Lo que cambia es el tipo de yacimiento y la forma de ir en su búsqueda allá abajo, a 2.000, 2.500 ó 3.000 metros, en la denominada roca madre, longevo cementerio generador de hidrocarburos. Ese gas está contenido a muy alta presión, apretado, y sólo puede ser extraído fracturando rocas, y aguantando las paredes para que el hueco logrado no se desmorone. Hay que evitar que la cavidad se tape, aplicando técnicas como las que muy rápidamente se están haciendo conocidas en la Cuenca Neuquina.

Las técnicas modeladas por Estados Unidos en los últimos años dispararon la producción de petróleo y gas y regaron de millones verdes las arcas de muchas empresas pesadas. ¿De qué se habla cuando hablamos de no convencionales y de pozos horizontales? Veamos. Se ingresa por un pozo vertical que, una vez ubicado en la capa con hidrocarburo, tuerce a horizontal para avanzar por entre la “roca madre”, con explosiones que logran un punzado. Luego llega el tiempo de la fractura, con una fortísima presión de agua (mucha agua), arenas (o cerámicos) y químicos que al cabo liberan el petróleo o el gas (o a ambos) para que puedan ser extraídos de la roca madre. Para el procedimiento se usan una bolitas cerámicas o arenas que sostienen a las paredes de un pozo muy estrecho. Ellas apuntalan y dejan pasar los fluidos. A esas bolitas las llaman “agentes de sostén” y son cada vez más populares. Son costosas (600.000 dólares por cada pozo) e indispensables en el proceso. Las traen desde Brasil en sacos de una tonelada y se busca afanosamente algo similar en la Argentina. De hecho, la mismísima presidenta Cristina Fernández ha ordenado su rastreo en cada cantera, de Ushuaia hasta la Quiaca. Se van a necesitar miles y miles de toneladas de esas bolitas en los próximos tiempos. Ellas se aguantan todo: la presión y el calor de infierno que se genera allá abajo.

Recorremos la cuenca hidrocarburífera de la que todos hablan, una suerte de enorme olla en la que tras un generoso depósito orgánico producido hace millones de años se cocinó la materia que el tiempo y fenomenales movimientos tectónicos transformaron en petróleo y gas. La estrella de la gran cuenca, diríamos un estrella mundial, es la formación Vaca Muerta, que se lleva las cámaras y las luces. Con lo que produzcan sus entrañas se espera salvar todos los errores cometidos en nuestro país y al fin recuperar el autoabastecimiento energético. Petróleo y gas para todos.

Líquida y gaseosa

Ya pocos se animan a dudar del potencial de los yacimientos no convencionales de Neuquén. Y mucho menos de Vaca Muerta. Pero existen otras formaciones prometedoras de capas de irregular espesor pero también de gran extensión (anótese Molles, Lajas y Mulichinco) que se sabe o se sospecha contienen energía líquida y gaseosa.

Es costoso sacar estos hidrocarburos, mucho más que el que se logra con la punción vertical y esa suerte de bombilla transportadora de petróleo como las que desde niño hemos incorporado. Se habla de doce o 14 millones de dólares por pozo. Y se necesitan unos 2.000 pozos sólo para el área que se cree más rica de Vaca Muerta. Saque la cuenta.

Este sistema además de oneroso es también más riesgoso: se requieren de entre 600 y 1000 metros cúbicos de agua de la que se recuperará, contaminada, entre el 30 y el 50%. Por eso, la provincia apura las normas de control y manejo del líquido de recupero (ver aparte).

Decíamos que en la olla que es Vaca Muerta, pero sobre todo en lo que fue el interior de ese imaginario gran recipiente, se concentra una impresionante cantidad de petróleo y de gas shale, un precioso hidrocarburo que no está en arenas sino en arcillas compactas y prometedora cantidad como lo comprueban las empresas operadoras de aquí y de allá en cada punción, auscultando la formación que alguna vez fue un mar bien salado y de aguas casi cálidas donde convivían enormes reptiles marinos, algas, caracoles y otros bichos, antes de que la cordillera de los Andes marcara límites.

Avanzan

Exxon, EOG, Total, Shell pero sobre todo YPF avanzan sobre el mapa y sobre Vaca Muerta. La cantidad y calidad de petróleo y gas que se promete la formación son fenomenales. Argentina está considerada la tercera reserva mundial de gas shale.

El geofísico de la empresa Gas y Petróleo (G&P) de Neuquén Eduardo Achem explica que Vaca Muerta, si bien es muy extensa (casi 70.000 kilómetros cuadrados) tiene una “zona prospectiva” por excelencia en Loma de la Lata y en otros puntos cercanos, que se van expandiendo conforme los especialistas descifran el subterráneo escenario. En esa zona se dieron dos condiciones fundamentales: “maduración y contenido orgánico total”, fundamentó el profesional sanjuanino. La traducción se puede simplificar: mucho petróleo y gas.

Achem se formó en YPF y desde hace algunos meses apostó por la empresa de energía provincial: “un proyecto muy atractivo, para un momento clave de la industria”, dice.

Vivió y trabajó en Estados Unidos, fue al sur de la Argentina, estacionó en Buenos Aires y encontró su lugar en el mundo en el Alto Valle. Eduardo cree que el futuro llegó y que no hay vuelta atrás, que es necesario hacer las cosas bien, y estar preparados para una explosión de trabajo y oportunidades.

“Neuquén lleva dos o tres años de ventaja con respecto a las demás cuencas del país, se ha avanzado muchísimo, se está trabajando con mucha seriedad y eso es percibido por la industria en general”, afirmó el director de Exploración de G&P, Gustavo Nagel, flamante miembro del directorio de YPF tras las estatización de la empresa. Nagel le da la derecha al gobernador Jorge Sapag apasionado difusor de los no convencionales.

La expectativa se ha transformado en acción y aseguran que sólo se trata de la previa. Hay plena ocupación en el sector petrolero. Los equipos de perforación y terminación tienen agenda completa. A lo largo y a lo ancho de la cuenca es cotidiano el movimiento de camiones como los que aquí en el pozo Lajas 8 está yendo por tigth gas. El Lajas 7 fue un éxito: arrancó con una producción 220.000 metros cúbicos diarios y ahora está en 160.000, cuando la media es 70.000 metros cúbicos.

“Vamos a ver cómo se estabiliza pero ha sido un buen resultado”, explica, cauteloso, Gerardo Kuracz, el máximo referente de YPF para los proyectos de tigth en la Argentina.

Kuracz describe cómo es el procedimiento, cómo están previstas las fracturas y cómo es el comando que se realiza desde un camión que controla a los demás camiones. Todo está afinado y todo es orden y precaución en la locación que está a cargo de Roberto Basualdo, company man de YPF.

Roberto, de 34 años, está desde los 18 en el campo. Es un “viejo” desde hace mucho. Es que aquí todos se llaman “viejos”. Los unos a los otros. Es una costumbre de cuando el trabajo en el campo tajeaba más que ahora la humanidad de los petroleros. “Se ha avanzado mucho con los no convencionales, he tenido la oportunidad de trabajar con ‘viejos’ de todos lados, se comparte mucho y no hay egoísmos. Parece que vamos a tener mucho trabajo”, dice Basualdo.

Sólo en Sierra Barrosa, la actividad creció este año un 50% con respecto a 2011, explica Gustavo Naves, gerente del área zona central de YPF de la denominada Unidad Neuquén Gas.

En YPF en las últimas semanas se aprobaron viejos y nuevos proyectos. No se sabe bien de dónde saldrán todos los fondos pero la expectativa sube, sobre todo luego de que YPF confirmara sum plan con Neuquén como eje. En toda la cuenca, el nivel de inversión de todas las empresas creció un 40% este año y se espera duplicar en 2012. Duplicar en la práctica no es matemáticamente el doble de perforaciones, camiones y puestos de trabajo, pero se le acerca. Hay empresas locales que apuestan fuerte. Y algunas de ellas ya venden servicios a todos el mundo.

Hace unos días, en Neuquén, el CEO de EOG, el multimillonario, Mark Papa dio una serie de pautas, algunas muy básicas de lo que será este fenómeno que ya se vivió en Estados Unidos.

“Prepárense y especialícense, no van a poder hacer todo”, dijo.

También afirmó que comparado con los campo shale que explotaron con EOG en Texas más que Vaca Muerta se está hablando de un “elefante”. Papa es una suerte de gurú en estos desarrollos.

El mundo no convencional está girando.


Matías Subat

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