Héctor Alberto Sanguiliano, Sanyú, persiguió su pasión por el dibujo



Neuquén


Héctor publica humor gráfico, ilustraciones e historietas desde hace casi 50 años con el seudónimo de Sanyú en editoriales del país y Europa.


Nació casualmente en Buenos Aires el 21 de septiembre de 1951, pero es hijo de los neuquinos Vicente Sanguiliano y Elodia del Carmen Ibáñez. Su infancia y adolescencia las vivió en Entre Ríos 33 de Neuquén, por esa época zona de amplios baldíos y canales de riego, donde en cada patio había frutales, quintas, parrales y gallineros.

Su padre era hijo de Antonio Sanguiliano, calabrés, y de Dolores Aburto, descendiente de mapuches (su madre es hija de Manuel Ibáñez y Rosa Parada, ambos nativos de Chile).

Su abuelo Antonio llegó a la Argentina en 1905, como empleado de la familia Zingoni; desembarcó en Bahía Blanca y continuaron en barco hasta las cercanías de Carmen de Patagones, desde allí en carro hasta Catan Lil. Los abuelos Ibáñez llegaron desde la zona de Temuco a instalarse en un campo en Chapúa, alrededor de 1910. A fines de los 40 la familia se mudó a Neuquén, al barrio Villa Farrel.

Héctor recuerda el pequeño campo de su abuelo en Santo Tomás, que había comprado en los años 40, como el lugar de vacaciones de su infancia. Ese campo lo acondicionó como si fuera una réplica de su Calabria natal con nogales, ciruelos, damascos, un vergel. “Mi abuelo hacía todo tipo de chacinados de cerdo y un fiambre al que llamaba Capocolo y que en un viaje a Italia encontré en una fiambrería”, afirma Sanyú. Cuando se asentaron en Neuquén, su papá trabajaba como Bombero de la Policía provincial.

Héctor cursó la primaria en la Escuela Nº 2 y recuerda a su maestra de primero inferior, la Sra. de Borgarello, quien fue la que promovió en sus padres la idea de que estudiara dibujo. El secundario lo hizo en la Escuela San Martín. Héctor se recibió de Perito Mercantil, y se fue a Bahía Blanca a estudiar Economía, pero no completó la carrera. Partió a Buenos Aires a trabajar de dibujante, que era su vocación. Andrés Cascioli, director gráfico de la revista “Satiricón”, le dio su primera oportunidad en 1974 en un suplemento de humor negro.

Luego comenzó a trabajar en Mengano, otra revista humorística importante. Allí compartió con Osvaldo Soriano -quien fue alumno de la escuela Enet Nº 1 de Neuquén capital-, Trillo, Dolina y los grandes creadores de la historieta de esa época.

Durante la dictadura se cerró todo y dejó de publicar humor y con Amengual hicieron ilustraciones infantiles. En ese lapso formó pareja y nació su hija Mariana. En 1978 apareció la revista “Humor Registrado” y volvió a hacer humor político; recuerda la primera tapa de la revista con la cara de Menotti y las orejas de Martínez de Hoz.

En su estadía en Buenos Aires vivió profesionalmente del dibujo publicando en las principales editoriales del país, en revistas de historietas y de humor. Ha organizado muestras colectivas y personales, una de ellas en la sala Saraco en 1995, y también publicó la historieta “Neuquenía” en un diario local.

Entre sus libros se destacan sus adaptaciones de la literatura a la historieta de obras de Arlt, Faulkner, Hemingway, Ballard, etc.; recopiladas en “Letras Escogidas”, que publica en 1995; “El inspector Justo y otros relatos”, antología, en Ediciones Colihue; “Triste, solitario y final”, versión en historieta de la novela de Osvaldo Soriano, y “El hombre descuadernado”, con guión de Felipe Cava.

Al fallecer su padre, y como su hija había emigrado a Suecia con su marido, decidió volver a su tierra. Es abuelo de tres niños suecos a los que suele visitar. Sanyú, un hijo de la Patagonia que regresó a su pueblo con su valija cargada de obras, reconocimiento y la mirada aguzada del artista, ese que ve los mundos detrás del mundo.

Beatriz Carolina Chávez

DNI 6.251.256


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Héctor Alberto Sanguiliano, Sanyú, persiguió su pasión por el dibujo