Honrar la memoria todos los días y cualquier día

No es algo monumental: son baldosas que recuerdan a los desaparecidos.

Redacción

Por Redacción

24 de marzo, Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia en el que se conmemora en Argentina las muertes de civiles producidas por la última dictadura militar que gobernó el país, en virtud de que esa fecha coincide con el aniversario del golpe. Fue hace pocos años, en agosto del 2002, que el Congreso de la Nación Argentina dictó la ley 25.633 creando el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia con el fin de conmemorar a las víctimas, pero sin darle categoría de día no laborable. Tres años después, durante la gestión del presidente Néstor Kirchner, se impulsó desde el Poder Ejecutivo Nacional que la fecha se convirtiera en un día no laborable e inamovible. Como sucede con los feriados históricos en general, el del 24 de marzo instala interrogantes acerca de cómo se logra acompañar la decisión de instaurar este feriado con acciones concretas que apunten al fortalecimiento de la memoria, desde políticas evocativas que apunten a la reflexión sobre el pasado, y a su transmisión a las generaciones que no vivieron el acontecimiento. Por ello, al igual que ocurre con las reflexiones sobre el modo de conmemorar los acontecimientos que los feriados nacionales simbolizan, se instalan aquí controversias sobre cuáles son las estrategias más eficaces para que éstos sean accesibles, controversias que tocan de lleno a las propuestas memoriales canónicas, las cuales son impugnadas porque se erigen allí en forma definitiva y parecen clausurar otros accesos al pasado, dada su inerte pero opulenta fisonomía. Conviene recordar también, que en nuestro país, desde el restablecimiento de la democracia, las formas de conmemoración del pasado reciente dictatorial fueron conformándose de acuerdo a las coyunturas políticas; esto explica por qué inicialmente, los familiares de las víctimas y los Organismos de Derechos Humanos generaron acciones que tendían a denunciar la impunidad de medidas como la Ley de Obediencia Debida o los indultos. A fines de los noventa, cuando los hijos de desaparecidos ya eran jóvenes de casi veinte años, se congregaron en torno a HIJOS, agrupación que trabajó junto a los demás organismos para visualizar la impunidad, pero desde estrategias de señalamiento distintas. En colaboración con colectivos de arte como Etcétera o Grupo de Arte Callejero (GAC) promovieron los Escraches, señalamientos masivos a través de acciones performáticas, bombas de pintura, etc. en los domicilios de los genocidas que en aquel momento disponían del privilegio del arresto domiciliario, o de aquellos que simplemente estaban en libertad por los indultos o los sobreseimientos. Las acciones tenían un lema, o mejor, una advertencia: Si no hay justicia, hay escrache. Afortunadamente, en virtud de que hoy el escenario es otro para los ex dictadores, y que los juicios se están llevando a cabo en distintas provincias de nuestro país, las consignas de los organismos de Derechos Humanos son otras también y por eso, las poéticas de memoria que se proponen, ya no tienen que ver exclusivamente con la protesta y la denuncia sino con pensar también el modo de construir marcas de memoria que se tracen de cara al futuro. Existe una iniciativa que se suma a la decisión de evitar formas monumentales, que aspira a descentralizar la memoria dispersándola por distintos puntos de la ciudad, y que enaltece la figura del desaparecido no sólo en su condición de víctima sino también como alumno, trabajador, militante, buscando restituir su identidad al nombrarlo en el espacio público, burlando la ominosa condición del desaparecido, al exhibirlo como ‘ausencia presente’. Barrios por memoria y justicia es el resultado de la intención de distintas asambleas barriales de la ciudad de Buenos Aires de honrar la memoria de los vecinos desaparecidos de Almagro, Balvanera, San Cristóbal, Palermo, Parque Patricios (por citar algunos de los numerosos barrios). A fines del 2005 comenzaron a trabajar en la realización de señalamientos en las veredas para el 24 de marzo del 2006, fecha en que se conmemoraban los treinta años del golpe. Desde entonces, el conjunto de asambleas que funcionan en cada barrio decidió compartir el deseo de marcar los pasos en esta ciudad de los militantes populares secuestrados asesinados por el terrorismo de Estado, antes o durante la última dictadura militar, a través de baldosas con sus nombres emplazadas en el lugar donde vivieron, trabajaron, estudiaron, militaron, fueron secuestrados y/o asesinados. “Queremos que las veredas por las que transitaron hablen de ellos” afirman. Actualmente hay alrededor de 500 baldosas en distintos barrios, todas ellas respetan el formato acordado así como el texto de la baldosa. “Aquí vivió, trabajó, fue detenido …. militante popular detenido desaparecido por el Terrorismo de Estado … Familiares y Vecinos Barrios por Memoria y Justicia”. Las baldosas logran descentralizar la memoria, porque la misma no aparece concentrada en un único monumento sino a través de distintas marcas; así, cruzarse con una, y luego otra a lo largo de la ciudad permite reconocerlas como parte de una misma cartografía. Por otra parte, quienes transitan la ciudad y reconocen las baldosas y sus intenciones, recalan en el absoluto dramatismo de esos cientos de individuos que la dictadura silenció. En tal sentido, las distintas asambleas se reúnen en forma periódica y relevan la información sobre cada uno de los desaparecidos del barrio realzando la individualidad de cada uno. La búsqueda de nuevos datos es permanente así como el hallazgo de nuevos nombres y la construcción de nuevas baldosas en el barrio. Para la realización de las baldosas no cuentan con financiamiento alguno sino que se realizan con aportes voluntarios de los vecinos así como de las instituciones donde se emplazan las baldosas. Gisela, integrante de la asamblea de Balvanera, expresó que en general cuando se coloca una baldosa en la vereda de una escuela, hasta los alumnos realizan colectas voluntarias para contribuir en la realización de la misma. Este tipo acciones desafían lo monumental y proponen una nueva forma de hacer memoria que tiene que ver con la construcción colectiva y plural, gestos surgidos desde sectores de la población autoconvocados, que persiguen la materialización de la memoria, la interpelación callejera y fundamentalmente el trabajo de recuerdo permanente. Varias baldosas han sido dañadas con inscripciones, golpes, etc. y la actitud de las asambleas ante esto, corrobora el compromiso del que hablaba; Fanny –de la asamblea de Almagro– cuenta que se encargan de arreglarlas cada vez que alguien las daña y de reponerlas si hace falta, mostrando que no se trata sólo de erigir sino principalmente de sostener esas prácticas en el tiempo, de preservarlas y de ir por más. Por eso, a pesar de que las fechas conmemorativas tienen un rol político fundamental, también es cierto que honrar la memoria es una acción que debería realizarse a diario como lo muestran estas asambleas barriales, las cuales, con la construcción de sus baldosas se encargan “de lunes a viernes” de la memoria de nuestro pasado reciente dictatorial.

Baldosas como ésta, que recuerda a Raymundo Gleyzer, logran descentralizar la memoria.

María José Melendo (UNC-UNRN)


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