Implican a la Iglesia con la represión ilegal
Dos ex seminaristas que estuvieron detenidos por la dictadura argentina (1976-83) en un centro clandestino al lado de la Catedral de Córdoba, se presentaron a declarar en una causa en la que está acusada la jerarquía eclesiástica.
Los ex aspirantes a sacerdotes son Daniel García Carranza y Alejandro Dausá, quienes relataron ante la jueza Cristina Garzón de Lascano los pormenores de su secuestro y detención.
La causa está abierta para investigar, además, la responsabilidad del ex general Luciano Benjamín Menéndez, por entonces al mando del Tercer Cuerpo de Ejército, a raíz de crímenes, torturas y desaparición de personas.
En el expediente, además del militar, quien se encuentra con prisión domiciliaria por otras causas, también está acusada la cúpula de la Iglesia católica que por entonces estaba en manos del cardenal Raúl Primatesta.
Dausá, radicado en Cuba, aseguró ante la magistrada que luego de su secuestro estuvo detenido en un centro clandestino que estaba separado nada más que por un angosto pasaje de la Catedral de Córdoba, consignaron las fuentes.
Los mencionados seminaristas, junto a sus colegas Alfredo Velarde, Humberto Pantoja y Daniel Destefani, de la Orden de Nuestra Señora de La Salette, fueron secuestrados, junto al cura norteamericano Santiago Weeks, por policías cordobeses el 3 de agosto de 1976.
El grupo fue liberado dos meses después tras las decisivas gestiones que hizo ante el Congreso de Estados Unidos la monja norteamericana Joan McCarthy, quien fue testigo casual del secuestro. Según el testimonio de los ex seminaristas, el grupo fue trasladado en varias oportunidades al campo de concentración La Perla, donde fueron interrogados por Rubén «El Cura» Magaldi, famoso torturador del lugar y gran conocedor de la Iglesia Católica.
«Lo que nos pasó no fue casualidad, el objetivo era eliminar a todos los que practicábamos una tarea pastoral a favor de los pobres, inspirados en la Teología de la Liberación», aseguró Dausá al diario Página/12.
Consultado sobre la responsabilidad de la jerarquía episcopal cordobesa en las detenciones, Carranza respondió que «si dejaban de tocar el órgano hubieran escuchado nuestros gritos de sufrimiento», en referencia a que al lugar de detención lo separaba nada más que un angosto pasaje de la Catedral. (AFP)