Infinitos anaqueles
Desde hace unos años estamos viviendo en la era de la información.
COLUMNISTAS
Se estima que la capacidad instalada de almacenamiento en el mundo ya supera los 2,5 zettabytes. Un zettabyte es igual a mil trillones de bytes y se expresa con un uno seguido de veintiún ceros, una inmensa cantidad cuya dimensión es imposible de imaginar.
El constante crecimiento del volumen de información electrónica almacenada en el mundo pone a prueba la capacidad para procesarla. Las clásicas bases de datos resultan técnicas insuficientes para procesar esa información. Este fenómeno ha dado lugar al concepto de big data, conjunto de datos demasiado grande para su tratamiento con herramientas tradicionales de gestión de bases de datos. Dicho de otro modo: el conjunto es de un tamaño tal, que supera la capacidad de captura, almacenamiento, gestión y análisis de base de datos.
Interesa destacar de dónde proviene esa información. La humanidad genera y almacena información en forma creciente y en cantidades astronómicas. Contribuyen a la acumulación masiva de datos, por ejemplo, la industria -donde las empresas mantienen grandes volúmenes de datos referidos a las transacciones y reúnen información sobre clientes, proveedores, operaciones, etcétera- y el sector estatal. En muchos países se gestionan enormes bases de datos tales como censo de población, registros médicos y registros tributarios, entre otros. A todo esto se agregan operaciones bancarias y financieras realizadas en línea o por dispositivos móviles, análisis de redes sociales como Twitter o Facebook, ubicación geográfica mediante coordenadas GPS y, en general, todas las actividades que realizamos varias veces en el día con nuestros smartphones, generando un inmenso volumen de datos diariamente en el mundo.
También podemos mencionar las comunicaciones denominadas «máquina a máquina» y los sensores digitales instalados en contenedores y en medidores eléctricos para monitorear el consumo de energía. Esta explosión de grandes volúmenes de datos viene transformando la conducción de una investigación, echando mano a las habilidades en el uso de big data para resolver problemas complejos. Entre otras aplicaciones, el registro de ciudadanos con antecedentes penales, el análisis en tiempo real que permite el monitoreo de bebés prematuros en salas de neonatología y en general todo tipo de información actualizada en tiempo real conforman el big data actual.
Las características más notables del big data son: volumen muy importante, variedad -cuyo ejemplo más importante es la información que almacena Facebook sobre sus usuarios- y la velocidad de búsqueda y análisis. Un ejemplo: hace mucho tiempo, trabajando en IBM, se necesitaba el dato de las cantidades en stock de una parte componente de un equipo que estaba almacenado en más de 100 filiales de la empresa en todo el mundo. Ese trabajo de consulta nos llevó todo un día y nos pareció haber logrado un récord en velocidad de acceso; hoy en día con la tecnología existente la misma consulta insumiría unos pocos minutos.
El concepto de big data nos lleva a su antecedente literario, descripto en el cuento de Borges «La biblioteca de Babel» («Ficciones», 1944), donde la misma se conforma de infinitos hexágonos y anaqueles que contienen infinito número de libros. Este conjunto o big data se actualiza permanentemente para responder a la necesidad de actualización y disposición, sus motores de búsqueda, servidores, las redes sociales y en general la economía digital y sus mercados.
Hasta aquí hemos visto cómo el concepto de big data resulta de gran utilidad para las grandes organizaciones y para los Estados. Es de esperar que sirvan al ciudadano común, por ejemplo, por medio de las organizaciones de la sociedad civil y los grupos de usuarios, consumidores y electores, lo que les ayudará a tomar decisiones más elaboradas y plantear con debido respaldo sus requerimientos ante la administración estatal.
(*) Contador público
ALEJANDRO JOFRE (*)
COLUMNISTAS
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