Inmigración y controles

Si Alberto Fernández cree que el capitalismo es malo porque la economía argentina funciona mal, hay que advertirle que lo que hay aquí no es capitalismo sino un estatismo abrumador y socializante fogoneado por un sindicalismo más fuerte que el Estado. El sindicalismo y los políticos son la verdadera oligarquía que parasita al pueblo trabajador; conocen de la pobreza solo por los noticieros. Ellos viven en Puerto Madero o en barrios privados. Necesitan asesorarse para hablar de la realidad que vive la gente.

El ascenso de estas dos castas señala la creciente caída de nuestra pasada prosperidad, y la dolorosa emigración de nuestros hijos. Esta emigración nunca les preocupó; más, les tienden “puentes de plata” pues podrían llegar a desafiar el proyecto de país que establecieron.

Los inmigrantes, en cambio, no son una amenaza a sus privilegios, y por eso para ellos habrá escuelas, hospitales, comedores y merenderos, algún terreno usurpado, se colgarán de la luz y del agua, tendrán planes a la carta y también voto.

Después de 70 años de empobrecimiento, el papel de ricachón despilfarrador que, en este tema, exhibe nuestro país resulta una extravagancia y una burla a nuestros pobres.

Humberto Guglielmin

DNI 10.401.180

Bahía Blanca


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