Jefe de Gabinete, el cargo del engaño
El cargo de jefe de Gabinete de Ministros fue creado mediante la reforma de la Constitución nacional de 1994. Un reciente trabajo del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) recuerda que la creación del cargo se alentó desde una necesidad: “Atenuar el presidencialismo y dotar al Ejecutivo de un diseño institucional que permita superar las crisis políticas y resguardar la figura del presidente”. En los hechos, quedó abierta la posibilidad de dos modelos de estatus político para el jefe de Gabinete de Ministros, en función del tipo de vinculaciones que establezca con el presidente, el resto del gabinete, la administración pública y el Congreso. El trabajo del Cippec forma parte de la propuesta “100 políticas para potenciar el desarrollo” que anualmente formula la organización. En su capítulo 15 –elaborado por Fernando Straface (*)– se reflexiona sobre el sistema político argentino en el marco del definido presidencialismo que lo signa. Señala Straface que un jefe de Gabinete “con poder político (exgobernador de distrito importante o líder del partido de gobierno, por ejemplo), capacidad y espacio político otorgado por el presidente para conducir el gabinete e intensa vinculación con los líderes del Congreso tanto del gobierno como de la oposición acercará el estatus político institucional del jefe de Gabinete a una suerte de primer ministro de un sistema semipresidencial. En el otro extremo, un jefe de Gabinete que actúa bajo delegación acotada del presidente, sin control operacional y político sobre el resto del gabinete y con escaso poder de negociación autónomo con el Congreso se asemeja más a un modelo de jefe de Gabinete como “vocero presidencial”, “armador político y/o coordinador ocasional de temas de importancia para el presidente”. En los hechos, en la práctica objetiva del cargo, éste ha derivado en un poder estéril, neutro en el marco del fuerte presidencialismo que define al sistema político argentino. Siguiendo el trabajo del Cippec, se obtiene: • Entre 1994 y el 2011 se sucedieron 13 jefes de Gabinete. En la práctica, ninguno desempeñó plenamente las funciones definidas en la Constitución y el rol institucional del jefe de Gabinete fue concentrándose en tareas de vocería del gobierno. • En algunos casos, el jefe de Gabinete tuvo un importante rol político por delegación del presidente, pero nunca hasta ahora actuó plenamente como interfase con el Congreso ni como jefe de la administración nacional. Ninguno hizo uso de la prerrogativa constitucional que le permite convocar el acuerdo de ministros (artículo 100 inciso 4) y desde hace varios años se abandonaron las reuniones de gabinete que, de acuerdo con la Constitución, podrían ser convocadas por el propio jefe de Gabinete (artículo 100 inciso 5). Tampoco desarrollaron la práctica de concurrir a las sesiones del Congreso (ver infografía) ni de participar en los debates, una atribución que brinda la oportunidad de construir un diálogo con los distintos bloques legislativos (artículo 100 inciso 9). • La configuración del sistema político argentino abre la posibilidad de que existan ejecutivos minoritarios en su contingente legislativo y/o de coalición sin una mayoría estable en el Parlamento. De concretarse un escenario de este tipo, sería una oportunidad para que la figura del jefe de Gabinete adquiriera el rol político institucional que pretendían los constituyentes y recuperara las atribuciones que le asigna la Constitución: actuar como ministro coordinador y como nexo del Poder Ejecutivo con la oposición en el Congreso. Un objetivo que dista de lograrse de cara a la centralización de poder que abona el nocivo presidencialismo que define al sistema político argentino. (*) Fernando Straface es director ejecutivo del Cippec, licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de El Salvador y magíster en Políticas Públicas por la Universidad de Harvard