Juego de espías

Por Redacción

Por ser la presidenta Cristina Fernández de Kirchner notoriamente proclive a creerse víctima de conspiraciones siniestras urdidas por agentes de los “poderes concentrados” económicos, medios de difusión “golpistas”, la denostada “corporación” judicial, los fondos buitre, Estados Unidos y a veces, según parece, el “mundo”, no extraña que, para enfrentar la fase final de su gestión, haya optado por rodearse de espías presuntamente más leales hacia su persona que los hombres de los recién defenestrados Héctor Icazuriaga y Francisco Larcher, amigos predilectos ellos de su marido difunto, además de entregar aún más poder a gente de La Cámpora y, sobre todo, al jefe del Ejército, teniente general César Milani, un especialista en tareas de inteligencia. De acuerdo común, los cambios que se anunciaron el martes, en que el ya exsecretario de la Presidencia Oscar Parrilli se ha visto convertido en jefe de los espías no militares, un cargo ingrato que con toda probabilidad le resulte demasiado pesado, fueron motivados por la preocupación que les ocasiona a la presidenta y sus allegados la voluntad un tanto tardía de distintos jueces y fiscales de cumplir con su trabajo investigando los negocios heterodoxos de la familia presidencial y una lista cada vez más larga de funcionarios kirchneristas. Aunque nadie parece saber muy bien lo que podrían hacer los espías de la Secretaría de Inteligencia (SI, ex-SIDE) o la gente de Milani para ayudar a los acusados de enriquecerse ilícitamente, conjunto éste que incluye al militar mismo, salvo procurar enterarse de algunos detalles acerca de la vida privada o la trayectoria personal de los magistrados más activos que servirían para desprestigiarlos, quienes atribuyen el relevo de las cúpulas que Cristina acaba de ordenar a su deseo de frustrar a la Justicia dan por descontado que lo que quiere la presidenta es contar con el respaldo decidido de una versión criolla de la Stasi de la Alemania comunista. Se trataría de una maniobra bastante riesgosa. Al fin y al cabo, no es necesario ser un espía profesional para entender que el gobierno actual está acercándose a la puerta de salida y que, dentro de un año, habrá otro que podría tener ideas muy diferentes. Huelga decir que a los integrantes de la ex-SIDE, y de los organismos que formalmente responden a Milani, les convendría mucho más congraciarse con los eventuales sucesores de sus amos políticos actuales que con quienes están por irse. Sería por lo tanto asombroso que desistieran de acumular información que los kirchneristas preferirían mantener en secreto por prever que podría resultarles útil en un futuro ya próximo. Si el gobierno elige ampliar sus facultades y darles más recursos, les sería fácil formar bibliotecas enteras de prontuarios que terminarían en manos de los resueltos a poner en marcha un operativo manos limpias y obligar a los sospechosos de corrupción a rendir cuentas ante los tribunales. Es posible que el temor a que Cristina se haya propuesto movilizar a los espías para que hagan frente a los interesados en averiguar las rutas tomadas por el “dinero K” sólo sea producto de una teoría conspirativa opositora, que sea un síntoma más del clima enrarecido que se ha difundido por el país, pero así y todo la preocupación que muchos sienten puede entenderse. Aunque nuestros servicios de inteligencia distan de estar a la altura de los de otros países y su capacidad para analizar la realidad política es limitada, podrían suministrarle a la presidenta más datos puntuales, como los aportados esporádicamente por la AFIP, para que fustigue con mayor eficacia a distintos adversarios a través de la cadena nacional de radio y televisión. Puesto que, para el kirchnerismo, es prioritario defender lo que aún queda del relato que a su juicio sirve para tapar la realidad, es natural que los estrategas oficiales quisieran poder contestar a los críticos acusándolos de perpetrar delitos equiparables con los imputados a la presidenta, los funcionarios de su gobierno y sus socios comerciales. Hasta ahora los esfuerzos en tal sentido han resultado contraproducentes –a nadie se le ocurriría que la diputada Margarita Stolbizer haya amasado una fortuna por medios ilícitos–, pero parecería que los kirchneristas se resisten a darse por vencidos.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Viernes 19 de diciembre de 2014


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