Juegos radicales
Hace apenas un año, el gran favorito para triunfar en las próximas elecciones presidenciales era el radical Julio Cobos, pero desde entonces mucho ha cambiado. Mientras que las acciones de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner subieron abruptamente luego de la muerte de su marido y todo hace suponer que siguen siendo casi tan altas como fueron antes de las elecciones del 2007, diversos dirigentes radicales se pusieron a obstaculizar la eventual candidatura de Cobos. Con esta finalidad, el senador Ernesto Sanz propuso que la UCR celebrara una elección interna propia con la esperanza no sólo de ganarla derrotando al bonaerense Ricardo Alfonsín sino también de reemplazar a su comprovinciano Cobos como la nueva estrella de la política nacional. Desgraciadamente para Sanz, la maniobra fracasó. Aunque Cobos boicoteó la interna y parece haber abandonado su candidatura, todo hacía pensar que Alfonsín aventajaba a Sanz por un margen respetable, razón por la que el mendocino optó por bajarse, atribuyendo su decisión a la falta de interés de la ciudadanía en lo que para la mayoría era sólo un asunto interno radical. Estaba en lo cierto el senador en cuanto al “grado insuficiente de compromiso y de participación masiva” de la gente en el torneo que él mismo había promocionado. Si bien, merced casi exclusivamente a Cobos, la UCR ha logrado recuperar una parte del terreno que perdió a causa de la debacle protagonizada por el gobierno del presidente Fernando de la Rúa, cuya caída ignominiosa se debió en gran medida a la hostilidad implacable del padre de Ricardo Alfonsín y quienes lo rodeaban, el radicalismo sigue siendo un movimiento minoritario, cuando no sectario, de costumbres particulares que a juicio de muchos sería incapaz de asegurar el mínimo necesario de gobernabilidad. Huelga decir que el fin farsesco de la interna no ayudará a la UCR a convencer a muchos votantes de que, no obstante las apariencias, estaría en condiciones de suministrar a un eventual gobierno una base de sustentación adecuada. Aunque Alfonsín, un político que debe demasiado a su parecido físico con su progenitor, podría verse beneficiado por la decisión de Sanz de apostar a que le favorezcan los resultados de las elecciones primarias obligatorias previstas para el 14 de agosto en que, espera, participarán muchos independientes, puesto que los jefes partidarios insisten en que el bonaerense ya es el único candidato radical, también se sentirá reivindicado Cobos. Con todo, no puede sino perjudicar a quien salga victorioso de la primaria la impresión pésima que ha dejado el embrollo que los radicales acaban de producir. Si bien es innegable que nuestra cultura política sigue siendo excesivamente personalista y temas como el supuesto por la necesidad de fortalecer las instituciones inciden poco en las preferencias del grueso del electorado, el que los radicales sean tan proclives a privilegiar sus reyertas internas sin preocuparse por las consecuencias los perjudica. No es que sus rivales peronistas sean más coherentes, pero por lo menos cuentan con su famosa “vocación de poder”. Los más beneficiados por las luchas internas de la agrupación que, a pesar de todo, aún cuenta con estructuras nacionales, son los kirchneristas. Puede que en el caso de que la presidenta Cristina decida postularse para la reelección le resulte difícil alcanzar el 40% de los votos, pero la oposición está tan dividida que aun así podría ahorrarse la necesidad de enfrentar una segunda vuelta. Tal y como están las cosas, parece poco probable que antes de las elecciones previstas para octubre se formen alianzas estables en torno de a lo sumo dos candidatos opositores, uno de la centroderecha y otro de la centroizquierda, lo que en teoría por lo menos haría posible un triple empate. Por motivos lógicos, el gobierno nacional procurará impedirlo, pero no le será preciso esforzarse mucho ya que cuenta con decenas de colaboradores en las filas opositoras que, obsesionados por el internismo y por la voluntad de hacer tropezar a compañeros o correligionarios que no son de su agrado, parecen resueltos a asegurar que en vísperas de las elecciones presidenciales el estado del “rejunte opositor” siga siendo tan confuso como ha sido desde que los kirchneristas se dedicaron a apropiarse de cuotas cada vez mayores del poder.
Hace apenas un año, el gran favorito para triunfar en las próximas elecciones presidenciales era el radical Julio Cobos, pero desde entonces mucho ha cambiado. Mientras que las acciones de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner subieron abruptamente luego de la muerte de su marido y todo hace suponer que siguen siendo casi tan altas como fueron antes de las elecciones del 2007, diversos dirigentes radicales se pusieron a obstaculizar la eventual candidatura de Cobos. Con esta finalidad, el senador Ernesto Sanz propuso que la UCR celebrara una elección interna propia con la esperanza no sólo de ganarla derrotando al bonaerense Ricardo Alfonsín sino también de reemplazar a su comprovinciano Cobos como la nueva estrella de la política nacional. Desgraciadamente para Sanz, la maniobra fracasó. Aunque Cobos boicoteó la interna y parece haber abandonado su candidatura, todo hacía pensar que Alfonsín aventajaba a Sanz por un margen respetable, razón por la que el mendocino optó por bajarse, atribuyendo su decisión a la falta de interés de la ciudadanía en lo que para la mayoría era sólo un asunto interno radical. Estaba en lo cierto el senador en cuanto al “grado insuficiente de compromiso y de participación masiva” de la gente en el torneo que él mismo había promocionado. Si bien, merced casi exclusivamente a Cobos, la UCR ha logrado recuperar una parte del terreno que perdió a causa de la debacle protagonizada por el gobierno del presidente Fernando de la Rúa, cuya caída ignominiosa se debió en gran medida a la hostilidad implacable del padre de Ricardo Alfonsín y quienes lo rodeaban, el radicalismo sigue siendo un movimiento minoritario, cuando no sectario, de costumbres particulares que a juicio de muchos sería incapaz de asegurar el mínimo necesario de gobernabilidad. Huelga decir que el fin farsesco de la interna no ayudará a la UCR a convencer a muchos votantes de que, no obstante las apariencias, estaría en condiciones de suministrar a un eventual gobierno una base de sustentación adecuada. Aunque Alfonsín, un político que debe demasiado a su parecido físico con su progenitor, podría verse beneficiado por la decisión de Sanz de apostar a que le favorezcan los resultados de las elecciones primarias obligatorias previstas para el 14 de agosto en que, espera, participarán muchos independientes, puesto que los jefes partidarios insisten en que el bonaerense ya es el único candidato radical, también se sentirá reivindicado Cobos. Con todo, no puede sino perjudicar a quien salga victorioso de la primaria la impresión pésima que ha dejado el embrollo que los radicales acaban de producir. Si bien es innegable que nuestra cultura política sigue siendo excesivamente personalista y temas como el supuesto por la necesidad de fortalecer las instituciones inciden poco en las preferencias del grueso del electorado, el que los radicales sean tan proclives a privilegiar sus reyertas internas sin preocuparse por las consecuencias los perjudica. No es que sus rivales peronistas sean más coherentes, pero por lo menos cuentan con su famosa “vocación de poder”. Los más beneficiados por las luchas internas de la agrupación que, a pesar de todo, aún cuenta con estructuras nacionales, son los kirchneristas. Puede que en el caso de que la presidenta Cristina decida postularse para la reelección le resulte difícil alcanzar el 40% de los votos, pero la oposición está tan dividida que aun así podría ahorrarse la necesidad de enfrentar una segunda vuelta. Tal y como están las cosas, parece poco probable que antes de las elecciones previstas para octubre se formen alianzas estables en torno de a lo sumo dos candidatos opositores, uno de la centroderecha y otro de la centroizquierda, lo que en teoría por lo menos haría posible un triple empate. Por motivos lógicos, el gobierno nacional procurará impedirlo, pero no le será preciso esforzarse mucho ya que cuenta con decenas de colaboradores en las filas opositoras que, obsesionados por el internismo y por la voluntad de hacer tropezar a compañeros o correligionarios que no son de su agrado, parecen resueltos a asegurar que en vísperas de las elecciones presidenciales el estado del “rejunte opositor” siga siendo tan confuso como ha sido desde que los kirchneristas se dedicaron a apropiarse de cuotas cada vez mayores del poder.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora