Julieta, la viedmense que atiende en una de las zonas más complicadas del AMBA

Tras recibirse de odontóloga, Julieta Galán hizo una especialización en Salud Pública. Ahora trabaja al frente del Centro de Atención Primaria de La Paz, un barrio de Quilmes, que es uno de los municipios bonaerenses más afectados por la covid-19.





El día a día y la realidad de los trabajadores de salud distan mucho de las de cualquier otra profesión no esencial, y en este contexto marcado por la crisis del coronavirus, este sector juega un rol crucial.


Este es el caso de Julieta Galán, una viedmense que se ha transformado en pieza clave en la prestación de cuidados y seguimiento de pacientes en Quilmes Oeste, uno de los lugares calientes del conurbano bonaerense.

Allí dirige el Centro de Atención Primaria de la Salud (Caps) de La Paz, un barrio rodeado de frigoríficos de carne vacuna.

Para ella, ese paisaje es habitual. Toda su vida en Viedma estuvo ligada a las vacas. Es que su padre, Horacio Galán, siempre se dedicó a la asesoría y comercialización ganadera. Pero ella ahora mira de lejos los frigoríficos. Lo que le preocupa y la ocupa es la situación de las personas que viven en ese barrio.

Allí viven 14.174 personas, y unos 3.000 usuarios que se deben atender. En Quilmes, hasta este momento hay más de 10.200 casos informados, y su intendenta, Mayra Mendoza, es una de las que dieron positivo.

Vestida para atender a los enfermos de covid-19, junto a compañeros de trabajo.


“Desde el 12 de marzo estamos en emergencia sanitaria y las autoridades (quilmeñas) decidieron que el CAPS debería continuar abierto, así que acá estamos trabajando bien y el virus está bastante controlado”, cuenta a RÍO NEGRO.

De alguna manera, allí están más tranquilos porque no debieron cercar la zona como sí ocurrió en las villas Azul e Itatí. En La Paz, donde hay familias de humilde condición y en casas con hasta 10 integrantes, Julieta trabaja en el “Detectar”.

El “Detectar “ es el dispositivo creado por el Ministerio de Salud de la Nación para la detección precoz de casos de coronavirus, y para completar la jornada se da una vuelta por la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) para supervisar un centro de aislamiento.


Sobre su contacto con los contagiados, resume que “ellos necesitan acompañamiento. Algunos sienten culpa de haber contagiado a un adulto mayor; otros exhiben miedo de perder el trabajo, y los que viven de changas preguntan todo el tiempo sobre el momento en que pueden volver” a estar en la calle.

“Siempre se recalca que se trata de una enfermedad desconocida, hacemos una orientación sobre la donación de plasma y la contención va mucho en la charla porque (a los pacientes aislados) les gusta que los llamen para sentirse contenidos”, apunta sobre los recursos a los que apela para enfrentar la situación, con camisolín y tapabocas mediante.

Dentro del abordaje territorial, debe controlar las muestras de exámenes positivos de Covid, hacer el seguimiento de pacientes, preguntar con quién compartió el mate, y si hay que ayudar con alimentos o elementos de limpieza, concreta la coordinación.

Frente al centro de atención en el que trabaja diariamente.


Hay trabajo extra. El celular de Julieta suena todo el día, y para completar, también debe coordinar derivaciones en ambulancia.

“Con el coronavirus, todos los días tenemos una cosa nueva, y acá nunca una se aburre”, concluye.


La trayectoria



Julieta (38) se formó en el colegio Zatti de Viedma. Se recibió de odontóloga en la Universidad Nacional de La Plata. Trabajó en un consultorio privado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) pero buscó nuevos horizontes cursando una maestría en Salud Pública en la misma institución de educación superior que le sirvió como sustento para desempeñarse al frente del CAPS desde marzo de 2019.


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