A un mes de la explosión en NAO las familias exigen justicia para recuperar la paz

Padres, madres, hijos, hermanos y esposas de Víctor Herrera, Fernando Jara y Gonzalo Molina se concentrarán hoy en la entrada de la refinería. Reclaman que la planta no vuelva a habilitarse hasta tener el resultado de las pericias. Todas las dudas están puestas sobre los dueños de la empresa.





Las familias de Víctor Herrera, Fernando Jara y Gonzalo Molina, los operarios fallecidos en la explosión de la destilería de New American Oil –NAO- en Plaza Huincul no encuentran paz y buscan justicia. Hoy se cumple un mes de aquella madrugada y toman fuerzas para seguir con el pedido de saber qué pasó, para que los responsables sean juzgados y paguen por las tres muertes. Hoy, se concentrarán en la entrada de la planta para mantener la memoria dr los empleados y exigir que no se habilite la planta de nuevo.  

Carolina, Valeria, Laura, Eli, Adán y Gabriel son los hijos de “Vitoco” Herrera. Su viuda, Rita no tiene ánimo y deposita en ellos la confianza para que reclamen justicia. Ceferino, junto a Miguel, José y Marisol, son los hermanos de Gonzalo Molina. Sus padres, Pedro y Blanca, tampoco están en condiciones de hablar. Lo mismo ocurre con Cristina Mora, la mamá de Fernando Jara y su padre, Oscar, por eso es Emanuel, el hermano mayor es quien está en contacto.  

A las tres familias las unió el dolor, la madrugada del 22 de septiembre de 2022, cuando después de las 4 de la madrugada una explosión seguida de incendio les sesgó la vida a los empleados de NAO que cubrían la primera de las tres noches del turno que empezaba a la medianoche y concluía a las 8 del día siguiente.  

Desde entonces, sus vidas quedaron en suspenso y todavía no pueden iniciar el duelo, en especial las madres y padres, porque esperan el resultado del ADN que les indicará con certeza qué cuerpo corresponde a cada familia. La explosión no permitió la identificación inmediata y por eso deben esperar este trámite judicial. Luego si podrán darles sepultura.  

Mientras esto ocurre, la pregunta que desvela a todos por igual es saber qué ocurrió esa madrugada. Se niegan a nombrarlo como “accidente”. “Necesito saber la verdad y que haya justicia. Y sin justicia no hay paz. Hasta este momento necesito justicia, la verdad y el responsable de (lo que ocurrió) esa noche, si son Mónaco y Arias”, dice claramente Emanuel Jara.  

Todos coinciden en tener conciencia de la magnitud de lo ocurrido, y el tiempo que demandan las pericias y el ADN, “pero la sensación mía y que compartimos es la desidia y el abandono”, insiste.  

A un mes de lo ocurrido, cada uno recuerda cómo se enteró y toda la espera que debieron padecer hasta que recién dieciséis horas después, uno de los dueños de la empresa NAO se acercó –por separado- a cada casa.  

Ceferino, dice que su hermano Gonza, era reservado, sin embargo, en las últimas semanas “ya no aguantaba ciertas cosas y tomando mate, le dijo a mi mamá: en cualquier momento va a pasar algo en la planta y vamos a tener que salir corriendo”.  

Sostiene que es muy difícil cargar con esta situación en el día a día.  

“Ellos se fueron a laburar y no volvieron más. Eso es lo que nos pasa a las tres familias.  Mi vieja me dice: lo esperé todo el día, y el domingo se sienta junto a la foto de Gonza y no puede creer que mi hermano no va a volver”, relata Ceferino.  

Para que no quede impune y estas negligencias son sistemáticas, no es que es un hecho aislado. Es algo que se repite y se seguirá repitiendo. Considero y quiero que la muerte de mi hermano (Fer), sea un punto de inflexión, un antes y un después porque ¿cuántos muertos más necesita nuestro pueblo?”.

Emanuel Jara, hermano de Fernando.

Los trabajadores Víctor y Fernando eran vecinos, por lo que sus familiares estaban pendientes esperando novedades ese día. A la casa de Herrera, uno de los propietarios se apersonó, aunque rápidamente le dijeron que se retirara.  

En el caso de Jara, Emanuel recuerda que increpó al dueño: “Si tenías una nómina de tres empleados a la noche y sabías a las 4:30 que el accidente era fatal, tendrías que haber generado una contención inmediata. Y no generar, más adelante, un discurso cínico de rearmar la empresa y que era como una familia. Eso no existe y nunca pasó”. 

Eli, que es policía, se enteró de la explosión a poco de haber ocurrido y enseguida temió lo peor, aunque “tenía un hilito de esperanza” que no fuera cierto lo que presentía. Ahora sostiene que “no se cuidó al trabajador, queremos que sea un antecedente y que no se repita en otros lugares. Que mi viejo se haya ido nos duele, pero que deje esa huellita para que no pase más. Era tan especial, se fue así nomás. Dejaremos en evidencia lo bueno que era, lo buen trabajador, no quería jubilarse, hacía 25 años en total, 19 con NAO que trabajaba. Tuvieron la suerte que tenían gente muy buena trabajando”, relata Eli.  

Su hermana acota “me lo imagino que quiso ayudar a sus compañeros que tenían la edad de sus hijos”.  

Gabriel, en tanto recuerda que insistirán con la recolección de firmas y para ello tienen planillas de adhesión repartidas por comercios y a través de change.org con la petición para que en Plaza Huincul no se habilite la planta nuevamente. No pretenden que los compañeros de sus familiares pierdan el trabajo, sino que puedan estar en condiciones seguras. 


"Esto no fue una tragedia, fue un crimen social"


A un mes de la explosión, la investigación que inició la fiscalía continúa. Se aguarda el resultado de varias de las pericias ordenadas tanto en la planta siniestrada como en la base central, en Buenos Aires. Se espera conocer qué ocasionó la explosión y el incendio posterior ese 22 de septiembre.  

Además de los tres fallecidos Herrera, Molina y Jara, en el incendio; un vigilador resultó herido al intentar salir de la casilla donde permanecía, al lado del portón de acceso a la planta. El fuego también alcanzó a los camiones estacionados para la carga y a un auto particular.  

La fiscal Ana Mathieu, junto a la asistente letrada Valeria Ceballos siguen con la investigación y mantiene el contacto con las familias de los tres operarios.  

“Cuando hablo de esto no le digo que es una tragedia. Es un crimen social, ni accidente, ni negligencia digo directamente crimen y asesinos a los dueños de NAO”, aporta Emanuel, hermano de Fernando. E insiste que con “este crimen les quitaron todos los sueños que tenía cada uno”.  

Ceferino cuenta que seguramente “pasaron cosas que ni siquiera nosotros nos enteramos y ellos las tenían naturalizadas”. Recordó que tanto Gonzalo como Fernando unas semanas antes inhalaron algún producto y debieron ir al médico. “Se les cerraba la garganta y tenían ampollas que no sabían de qué era”, describen.  

Gabriel, otro de los hijos de Víctor sostiene que a la empresa “no les importaba los obreros, porque el mismo día sacaron producto y a menos de un mes ya tiene el control de la planta y están limpiando. Te da la pauta de cómo se maneja la empresa”.  

Las tres familias convocan a los vecinos que quieran sumarse a una concentración para hoy a las 10 en la entrada de la refinería de NAO, en Plaza Huincul. Así podrán recordar a Fer, Gonza y Víctor, según reza la convocatoria. 


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