Juzgan al policía que mató a un penitenciario
El efectivo fue acribillado en el 2013 de 14 disparos. Para los peritos Antolín Cerda, otro uniformado, actuó en estado de emoción violenta.
NEUQUÉN (AN).- El 27 de junio de 2013 el cabo Antolín Cerda asesinó de 14 disparos al penitenciario Lucas Ibáñez en calle Fotheringham al 600 de esta ciudad.
El policía admitió el crimen que podría ser un caso de femicidio vinculado, ya que la víctima fatal era la nueva pareja de la exmujer de Cerda.
Por el lado de la defensa en cambio se trata de buscar atenuantes. Ayer por ejemplo un perito aseguró que fue una sonrisa la que supuestamente desencadenó el fatal ataque.
“Para un observador común puede ser un acto insignificante, pero aunque Cerda tenía conocimiento (de la relación que su mujer tenía con Ibáñez) es diferente que a uno le cuenten algo a vivenciarlo”, explicó el perito forense Edgar Blasco al declarar en el juicio.
Tanto él como el perito psiquiátrico Flavio D’Ángelo, coincidieron en que Cerda actuó en estado de emoción violenta, en crisis, una situación que atenúa la posible condena a recibir.
En cambio para el querellante por la familia de Ibáñez, Gustavo Olivera, Cerda tuvo tiempo de pensar lo que haría ya que siguió a la pareja por varias cuadras, le pidió al taxista que siguiera el auto de ellos a distancia e incluso le pagó.
El crimen fue uno más de una serie de hechos violentos que involucraron a policías y exparejas. Rosa, la mujer de Cerda, lo había dejado y había iniciado una relación con Ibáñez.
Ayer la mujer contó que “diez días antes le había dicho que ya no me buscara” y contó que el mismo día del crimen habían acordado con Cerda volver a convivir y traer con ellos a otro hijo de ella.
Pero fue a las 22 cuando ella salió de su trabajo que Cerda la esperó y vio cómo se fue con Ibáñez. Rosa dijo que supuestamente se iban a despedir, pero ayer agregó que “Lucas no hablaba, miraba por el espejo (retrovisor) y se reía”.
Detrás de ellos, en un taxi, Cerda los siguió hasta Fotheringham al 600 en donde tras insultar a Rosa y tratar de hacerla bajar discutió con Ibáñez, a quien le había pedido que respetara su familia.
Fue entonces que una sonrisa de parte de Ibáñez habría desencadenado el ataque. Cerda disparó hasta que vació el cargador, luego llamó a la policía, pidió una ambulancia y se entregó.
Todos los testigos contaron que repetía una y otra vez: “Me mandé una cagada, lo maté”.
Según el psiquiatra forense Cerda presenta en su personalidad un rasgo de hipercontrol en lo afectivo “que es lo que sienta las bases para reacciones desmedidas o explosivas”.
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