La batalla que se ganó contra el hantavirus, a un año del brote de Epuyén

Hubo 11 muertos. Hay ahora un conocimiento mayor para tratar el virus.Se reconstruyó la fiesta donde estuvo el “caso cero” y se determinó la distancia a la que un humano contagia.



El hospital de Bariloche tiene hoy más herramientas que hace un año (Chino Leiva)

El hospital de Bariloche tiene hoy más herramientas que hace un año (Chino Leiva)

“El brote marcó un antes y un después en Epuyén. Siempre está latente este tema. Hoy hay más conciencia; solo esperamos que esto no vuelva a pasar”. Sebastián Valle, de 28 años, fue uno de los sobrevivientes del brote de hantavirus que tuvo epicentro en Epuyén, en Chubut, y que se prolongó casi cuatro meses.

Su padre y sus dos hermanas no corrieron la misma suerte e integraron la lista de las víctimas. “Se cumple un año del brote y estas fechas son duras, al igual que los cumpleaños porque se sienten aun más las ausencias. Pero hay que tratar de estar fuertes por los que quedamos. Por mis sobrinas”, manifestó el joven que actualmente vive en Esquel, donde trabaja como enfermero.

Sebastián Valle tiene 28 años y es uno de los sobrevivientes del brote de Epuyén, en Chubut. (Chino Leiva)

El brote de hantavirus arrancó en diciembre y se dispersó con tal virulencia que produjo un total de 34 casos de contagio y 11 muertes en la región.

Los profesionales que estuvieron abocados al brote coincidieron en que “el conocimiento recabado al post-brote es amplio” y permitió un compendio de protocolos que abarcan desde la admisión de un paciente, su derivación, los casos de aislamiento respiratorio domiciliario, la camilla de bioseguridad y hasta el manejo del cadáver.

“Este brote permitió confirmar que la transmisión fue interhumana. Con el brote de El Bolsón en el 96, hubo pacientes que fallecieron y no se pudo tomar muestras. Acá se logró una secuencia genómica de todos pacientes afectados”, puntualizó el médico generalista Jorge Elías, que coordinó todo el operativo sanitario en el hospital de Esquel durante el brote.

La detección temprana es clave para el tratamiento (Chino Leiva)

Además, 11 sobrevivientes donaron sangre para investigar el nivel de anticuerpos que tienen y evaluar la conformación de un banco de suero que podría ser utilizado en pacientes que, a futuro, contraigan hantavirus.

Estas extracciones se llevaron a cabo en junio y la investigación aun se encuentra en etapa de desarrollo. “Si bien la experiencia en Chile no es alentadora y aun no hay un estudio que compruebe la efectividad del tratamiento con este suero hiperinmune, no quita que podamos incursionar e investigar la utilidad del suero”, señaló Elías, director asociado del Área Programática de Esquel.

El paciente cero

El 3 de diciembre del año pasado, una joven de 14 años resultó ser la primera víctima fatal del brote de Epuyén. Todo comenzó en una fiesta de cumpleaños a la que asistió un peón rural que había contraído el virus. A partir de ahí, comenzaron los contagios.

Cuando la situación se salió de control, se conformaron equipos multidisciplinarios conformados por epidemiólogos, zoólogos, veterinarios, biólogos y médicos generalistas.

“Analizar el paciente cero fue parte del trabajo de investigación inicial precoz cuando aun no se tenían datos. La investigación implicó un croquis del salón de la fiesta, de la ubicación de las mesas y los invitados, a partir de los testimonios. Se hizo una reconstrucción para ubicar el paciente cero dentro del salón de donde surgieron también los 5 siguientes casos”, especificó Elías.

De ese trabajo, surgió un patrón que permitió redefinir “el contacto estrecho”. Se determinó que el tiempo transcurrido desde que el paciente afectado de hantavirus podía contagiar a otro es de 30 minutos -o más- de contacto; mientras que la distancia entre uno y otro para el contagio es de un metro o menos.

“Esas dos variables no eran conocidas hasta ese momento en el campo de la salud. Fueron incorporaciones valiosas y en base a eso, surgió el protocolo que define el contacto estrecho. Por eso, se determinó 45 días para el aislamiento respiratorio selectivo en los domicilios”, recalcó Elías.

Droga para la primera etapa

La Ribavirina, una droga que se usa en casos de hepatitis B, se probó en hamsters sirios que desarrollan hantavirus al igual que los seres humanos. Se comprobó que en las etapas iniciales de la enfermedad, la droga tenía un gran efecto y reducía en un 70% el pase a la fase siguiente más grave, la cardiopulmonar.

En pleno brote de Epuyén, los expertos consensuaron un protocolo para el uso de esta medicación que se administró a los últimos pacientes con hantavirus (cinco del hospital de Bariloche y otros cuatro de Esquel). La evolución fue buena y ninguno de esos pacientes terminó en terapia intensiva.

“No solo sobrevivieron sino que el período de internación fue abreviado: un promedio de 7 días contra 21. Ahora se trabaja para que ese protocolo avance a nivel nacional y se pueda aplicar fuera del contexto de este brote”, explicó el médico de Esquel.

Fernando Tortosa, el jefe del Departamento Médico del hospital Ramón Carrillo de Bariloche, brindó más detalles: “Ninguno de los nueve pacientes evolucionó a un síndrome cardiopulmonar. Sin embargo, en las fases más tardías, el beneficio de la Ribavirina no sería tan importante. Por eso es importante la detección temprana, reforzar los laboratorios locales y mejorar la red de derivación con el Malbrán”.

La administración de Ribavirina sería conveniente cuando el paciente aun no tiene los síntomas o cuenta con los primeros síntomas (cefalea, fiebre, dolor abdominal).

Tortosa destacó que “el interrogatorio epidemiológico también es muy importante porque puede indicar que el paciente está en riesgo (más que la clínica)”.

A ocho meses de la finalización del brote que se cobró 11 vidas, Elías concluyó: “Esta contingencia fue brutal. Fue estar en la trinchera con un enemigo invisible. Entiendo que ganamos una batalla con el virus hanta. Solo una. Ahora hay que estar con todo nuestro arsenal atento porque el virus puede tener sus estrategias para atacar”.

El primer laboratorio de Biología Molecular

En el 2018, el hospital Ramón Carrillo de Bariloche comenzó a disponer del test rápido Elisa para dilucidar si un paciente contrajo hantavirus, en solo 3 horas. Tres profesionales se capacitaron en el uso de estos reactivos desarrollados por el Instituto Malbrán que permiten una detección temprana del virus.

En marzo de este año, cuando se registraban las últimos contagios de Epuyén y la región, el gobierno rionegrino adquirió un laboratorio de biología molecular para el hospital de Bariloche que se inaugurará a principios de diciembre. En esa oportunidad, personal del Malbrán validará la técnica del laboratorio.

Se trata de un método de diagnostico que permite detectar hantavirus -de esta forma, ya no se dependerá del diagnóstico del Malbrán- aunque también norovirus, gripe, HPV, tuberculosis, entre otros.

La mirada de Chile

Luego de los 34 casos de hantavirus de Epuyén, el hospital de Bariloche, junto al Ministerio de Salud de Río Negro, convocó a los profesionales expertos en hantavirus del país y de Chile, en un Congreso Patagónico de Hantavirus que se realizó en un hotel de la ciudad lacustre.

El desafío del encuentro fue evaluar el brote de Epuyén, los nuevos conocimientos y los avances alcanzados.

El médico chileno Mario Calvo Arellana, profesor de la Universidad Austral de Chile y especialista en enfermedades infecciosas del adulto, resaltó dos inconvenientes respecto a la investigación de hantavirus. “En cuanto al financiamiento, el hantavirus entra dentro de lo que llamamos enfermedades huérfanas. No tiene una importancia global como para afectar a países que invierten más en ciencia”, puntualizó.

“Nuestros países -agregó- invierten un porcentaje muy pequeño en su PGB (Producto Geográfico Bruto) en ciencia. Por otra parte, por el poco número de casos, todos sabemos que cualquier inversión de la industria privada no producirá rentabilidad; entonces, los avances serán lentos”, dijo.

Calvo Arellana también destacó la “poca comunicación entre los grupos de estudios” pese a las reuniones en Argentina y Chile. “Nuestros sistemas de desarrollo de investigación son competitivos y no colaborativos, lo que un escenario de bajo financiamiento es más dañino para las colaboraciones entre grupos de investigación que tarde o temprano deben luchar por conseguir financiamiento unos respecto a los otros”, señaló el médico.


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