La danza y el circo suben a escena
Una treintena de artistas sumarán destrezas el sábado en el teatro La Baita para presentar “Ecléctico”, espectáculo coordinado y dirigido por Lilí Caggiano y Leo Sanabria.
ESPECTÁCULOS
Coordinado y dirigido por Lidia “Lilí” Caggiano y Leonardo Sanabria, este sábado a las 21 será estrenado “Ecléctico”, espectáculo multidisciplinario del que participa una treintena de artistas.
Asistir a uno de los ensayos permite observar el trabajo de jóvenes que, bajo directivas de Alejandra Palacio, afinan detalles coreográficos de gimnasia rítmica que incluyen destreza en el manejo de pelotas y mazas. Especialmente invitadas, formarán parte de la puesta en escena junto a bailarines, acróbatas y malabarista.
Números de danza clásica, charleston, folclore europeo, la recreación de Zorba el griego; malabares y magia, destrezas en telas, clown, trapecistas y el alimento a la imaginación brindado por la luz negra fluorescente conforman la propuesta artística.
Con el incentivo del éxito alcanzado con “El Circo” el año pasado y recordando aún la satisfacción de haber agregado dos funciones a la única prevista, ambos realizadores coinciden en afirmar que redoblan la apuesta con “un espectáculo diferente, arriesgado, divertido y original”.
Directora del grupo Alondra, Caggiano desempeña aquí su actividad como profesora de danza desde hace treinta y tres años. Responsable de la preparación de recreaciones de bailes típicos en la Fiesta de las Colectividades, recuerda que en dos oportunidades acompañó a grupos que participaron de certámenes en Alemania desde donde regresaron como subcampeones mundiales. “Todos los veranos sigo yendo a las fiestas alemanas del sur de Chile”, agrega.
Sanabria reconoce un acercamiento a disciplinas circenses “desde los siete años, cuando comencé haciendo contorsionismo. Luego continué con cuerda, trapecio y telas. También audicioné para el Cirque du Soleil. Trato de seguir formándome. En esta oportunidad me encargo más de la codirección y producción manejando arneses y asistiendo a los números aéreos”, detalla. Dicta talleres en La Baita y en el Club del Prado en Melipal.
La coordinación de tareas, dicen, es facilitada por el conocimiento mutuo. “Cada uno sabe cómo trabaja el otro. Si hay baches o demoras, pasan inadvertidos. Hay números que se hacen en el proscenio para preparar el siguiente, algunos protagonizados por nenas de cuatro y seis años. En cuanto a disciplinas, hay de todo, para todos los gustos”, anticipan.
Trabajo intenso, horas de ensayo, producción, inversión de tiempo y dinero son encarados “con pasión y el público sabe que el espectáculo ofrecido será lo mejor que podemos hacer”, evalúan.
Ambos “nos respetamos y complementamos. Somos meticulosos y exigentes. Claro que las nenas chiquitas cuentan con el perdón implícito del público y con ellas hay elasticidad pero de los más grandes esperamos el desarrollo de toda su potencialidad. No hay profesionales, son todos aficionados que distraen horas de descanso para concurrir a los ensayos”, puntualiza Caggiano.
Vestuario y escenografía propios aportan creatividad. “La satisfacción más grande, sea para una o setecientas personas, es ofrecer lo mejor y sentir que podemos decir: misión cumplida”, sostienen.
DeBariloche