La desigualdad de ingresos en medio de la pandemia

Un informe oficial revela la disparidad que existe entre las distintas regiones del país. El virus impone la necesidad de planificar el día después.



Disparidad. La estructura de ingresos es muy diferente en las distintas regiones del país.

Es una de las discusiones históricas de la cátedra económica. ¿Qué es primero? ¿Oferta o demanda? La discusión tiene la misma lógica y el mismo nivel de respuesta que intentar saber si es primero el huevo o la gallina.
Por lo pronto, más allá del orden de importancia o prioridad, tanto la escuela clásica como el pensamiento heterodoxo han dedicado largos desarrollos al estudio de la oferta y la demanda, a los mecanismos que sirven para incentivarlas, y a los factores que las deprimen.
El debate volvió a escena ante el impacto que ha generado la pandemia. En este caso parece no haber dudas de que el golpe que el coronavirus está propinando, llegó primero a la oferta. La cuarentena sanitaria obligó a infinidad de sectores a reducir drásticamente su nivel de operatividad, y en muchos rubros la parálisis llegó a ser prácticamente total. Por traslación, el derrumbe de la oferta significa un cuello de botella en cuanto a las remuneraciones, que se convierte en crisis de ingresos, impactando luego en el consumo, y por ende en la demanda.
En efecto, uno de los mayores interrogantes de cara a la pos cuarentena es la capacidad que tendrá la demanda para reaccionar una vez que la actividad económica comience a ponerse de pie. Precisamente allí han apuntado las medidas adoptadas por el gobierno. Tanto el programa de Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP) que asume el pago del 50% de los salarios de las empresas privadas, como el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), como los créditos subsidiados a monotributistas, tienen por objetivo sostener un piso mínimo de ingresos que garantice la contención de la demanda.
No obstante, la lógica indica que la intención oficial de morigerar la caída con fondos públicos, chocará de frente con la falta de financiamiento, y con la dinámica propia de la recesión argentina, nacida dos años antes del arribo del Covid-19 al país.
Una de las primeras premisas que se creyeron ciertas allá por el mes de marzo, cuando la mayoría de los análisis se basaba en proyecciones sobre lo desconocido, fue que el coronavirus golpeaba a todos por igual, y que no había diferencias entre razas, credos o niveles de ingreso. Resultó tan falso como la necesidad de elegir entre salud y economía. El transcurrir de las semanas demostró que la pandemia golpea fuerte en todo el mundo, sin importar cuál sea la estrategia sanitaria de cada país. De la misma forma quedó claro que existen marcadas diferencias en el grado de impacto, en base al sector económico, y en base a la fortaleza económica y financiera de cada caso. Al mirar del lado de la demanda, y especialmente en el consumo, el impacto es muy distinto en los diferentes sectores en base a la estructura previa que presentaban los ingresos.
El Indec publicó esta semana un estudio titulado “Informe de Ingresos”, que da cuenta de la dispar estructura de ingresos que existe en Argentina, tanto entre las distintas regiones del país, así como entre las diferentes actividades, y también entre géneros.
El derrumbe de ingresos que dejará la pandemia no será el mismo en todas las regiones, no será el mismo en las distintas capas de ingreso, no será igual entre trabajadores registrados e informales, y no será el mismo para todas las actividades.
De ello se ocupa el informe oficial publicado esta semana, e base a una encuesta nacional realizada a más de 45.000 hogares en todo el territorio nacional, durante los años 2017 y 2018. Los valores dados a conocer están expresados en términos reales a precios de diciembre de 2018. No obstante, el estudio arroja una panorámica acabada acerca de la enorme desigualdad en torno a la estructura de ingresos.


El primer desglose que realiza el informe, es por regiones. Algunos de los resultados pueden apreciarse en los gráficos que acompañan la nota. Las diferencias son notables entre el norte y el sur del país. A precios de 2018, el ingreso familiar promedio a nivel nacional era de $32.131. Solo el GBA ($35.194) y la Patagonia ($40.071), superan la media. En el primero caso, se trata de la zona de mayor densidad demográfica y el núcleo de la mayor cantidad de empresas, en el segundo, de la zona hidrocarburífera. El NEA ($21.762) y el NOA ($26.852), se encuentran en el otro extremo, con los ingresos medios más bajos del país. El mapa adjunto muestra le pone número a la brecha. Se observa que los ingresos del NEA son un 40,5% más bajos que los del promedio a nivel país. El NOA en tanto está un 32,1% por debajo y Cuyo un 18,9%.


El mapa arroja otro dato que resulta más que significativo para comprender la desigualdad y las diferencias de impacto potencial que puede tener la pandemia en las diferentes regiones del país. Se trata del porcentaje promedio de gasto en alimentos y bebidas no alcohólicas en cada región, en relación a al ingreso. Se verifica así que mientras en NOE y NOA el gasto en alimentos insume una tercera parte de los ingresos, en GBA y la Patagonia, solo se lleva un quinto.
Un segundo matiz de la desigualdad, surge al dividir la población por quintiles en base al nivel de ingresos. Resulta así que el 20% de los hogares que más ganan, reciben 10,4 veces más que los hogares que menos ganan. Asimismo, el informe da cuenta de que los hogares de menor nivel de ingresos tienen en promedio una composición con más cantidad de integrantes, lo que a su vez, reduce el ingreso familiar per cápita. Así, el 20% de los hogares de menores ingresos tiene 4,5 integrantes, mientras que el 20% de mayores ingresos tiene 2,15 integrantes en promedio.
Un tercer aspecto que sirve para comprender la desigualdad, es la distancia que existe entre los trabajadores registrados y los informales. El estudio de Indec registra que los trabajadores en blanco reciben 2,6 veces más ingreso que los trabajadores en negro. El último registro oficial indica además, que en Argentina cuatro de cada diez trabajadores activos se desempeñan en la informalidad. No hace falta ningún modelo econométrico para afirmar con un alto grado de certeza que esa proporción será todavía mayor una vez que termine la pandemia.

Alta pobreza. En el NEA supera ampliamente el 40%.


El cuarto aspecto que considera el informe es la desigualdad de ingresos que existe entre mujeres y varones. La brecha de género existe cuando ante la misma tarea, la misma calificación y la misma cantidad de horas de trabajo, los ingresos de los varones son más altos que los de las mujeres. Según el informe de Indec, esa brecha llega en general y en todo el país al 26%, pero se mantiene en todos los rangos etarios.
Los datos ofrecen un panorama todavía más crudo acerca del problema enorme que habrá que gestionar. No se trata solo de la cuarentena, y del efecto devastador que tuvo y tiene sobre los diferentes rubros de la economía. Se trata además de la desigualdad pre existente en relación a los ingresos.
No cabe duda que el impacto que generará la pandemia será mucho más gravoso en los hogares de las personas de menores ingresos, que además de contar con menores recursos, tienen una composición familiar más grande. La expulsión de mano de obra que inevitablemente llegará tarde o temprano en sector formal, derivará en mayor desempleo e informalidad.
Sin embargo, lo que permite comprender el estudio oficial presentado esta semana, es que tampoco alcanza con una política de contención lineal en relación a los ingresos. El efecto marginal que generan los $10.000 pesos del IFE, es muy diferente si se aplican en el NEA que si se lo hace en la Patagonia. El desafío de quienes toman decisiones no es únicamente recomponer ingresos, sino considerar desigualdades. Se impone más que nunca la necesidad de comenzar a planificar el día después.

En números

10,4
La brecha entre el 20% de los hogares de mayor ingreso y el 20% de menor ingreso.
30,3%
La proporción del ingreso medio que se destina a alimentos en el NEA. En la Patagonia en cambio, la proporción llega al 20,6%.

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