“La destrucción del empleo”
Las pequeñas y medianas empresas están viviendo tiempos difíciles como consecuencia de la baja actividad económica y la incertidumbre que provoca la ausencia de una política económica clara. Los factores son varios: alto costo laboral, alta presión impositiva, competencia desleal promovida por el Estado, baja rentabilidad, mercados deprimidos, falta de cultura de trabajo, de responsabilidad, de sacrificio, de sentido de pertenencia, de horizonte para nuestros jóvenes, problemas de vivienda y mucha conflictividad. Esta situación se ve agravada por la posición que adoptan muchos colaboradores de pequeñas empresas que no entienden la verdadera situación en la cual se verán si no cambian de actitud ante la emergencia. Los gremios siguen presionando sobre los emprendedores con mensajes intimidatorios, como si fuéramos culpables de que nos vaya mal. Los empleados quieren salvarse a través de algún juicio laboral. Pan para hoy, hambre para mañana. Aquel a quien le dimos una oportunidad de aprender, de relacionarse con otras personas y crecer, aquel que en su momento nos agradeció por “la mano que me da”, hoy nos desconoce y hasta amenaza de muerte a su empleador (como ha sucedido) por la pérdida de trabajo. Muchachos, hay que hacerse cargo. En las pequeñas empresas estamos todos en el mismo barco y, para salvarse, todos deben remar cuando las papas queman. Ya no existen los “patrones”, hoy todos trabajan a la par, cumpliendo cada uno su función. El empresario invierte, planifica, arriesga, dirige la empresa y trabaja codo a codo con su personal, velando por la prosperidad del conjunto. Cuando la cosa marcha bien somos todos amigos; cuando por circunstancias ajenas a nuestra voluntad la cosa marcha mal, pasamos a ser los malos de la película que los dejamos sin trabajo. Una situación totalmente injusta. Los emprendedores, además de perder el capital invertido, soportan juicios laborales y embargos que abortan cualquier intento de recomposición de las empresas. Un gran porcentaje de emprendedores achica sus estructuras manteniendo parte de su personal; otros sencillamente optan por mantener una pequeña estructura familiar para seguir adelante; algunos se dedican personalmente a ejercer su oficio sin incorporar personal. Y todo esto significa trabajar menos, ya que no se puede cumplir con todos los compromisos si no se tiene la estructura adecuada. Por un lado, los trabajos serán selectivos y redundarán en mayores beneficios para los pequeños empresarios; por el otro, los desempleados engrosarán los planes sociales que aumentarán inexorablemente. Estamos en presencia de la destrucción del empleo. Cuando otros países crecen, generan más y más trabajo; nosotros nos deshacemos de nuestro capital humano porque no nos dan los números. Inventamos feriados… feriados puentes, feriados turísticos, asuetos administrativos para que disfruten los que siempre han podido viajar. La gran mayoría se sienta en la vereda contando las horas para terminar con el aburrimiento. Vivimos en el reino del revés. Necesitaremos muchos años para salir de este gran problema pero, cuanto antes empecemos a darnos cuenta de lo importante que es la educación de los pueblos, menores serán nuestros sufrimientos. Cultura general y cultura del trabajo; actitud y servicio. Los gobiernos deben proteger las pequeñas empresas facilitando su evolución, los gremios darse cuenta de que los reclamos excesivos llevarán a la desaparición de las pymes y, por ende, la desaparición de puestos de trabajo (la fábula de la rana y el escorpión). Aunque parezca mentira, en el fondo somos culpables por no participar en política. Las políticas públicas son las que en definitiva rigen nuestras vidas y están diseñadas muchas veces por personas que no tienen la menor idea de lo que son el trabajo y el sacrificio. La corrupción está adquiriendo límites intolerables, ganándoles la batalla a los valores, la virtud y el trabajo. Ricardo Dougall, DNI 10.532.537 – Neuquén
Ricardo Dougall, DNI 10.532.537 – Neuquén
Las pequeñas y medianas empresas están viviendo tiempos difíciles como consecuencia de la baja actividad económica y la incertidumbre que provoca la ausencia de una política económica clara. Los factores son varios: alto costo laboral, alta presión impositiva, competencia desleal promovida por el Estado, baja rentabilidad, mercados deprimidos, falta de cultura de trabajo, de responsabilidad, de sacrificio, de sentido de pertenencia, de horizonte para nuestros jóvenes, problemas de vivienda y mucha conflictividad. Esta situación se ve agravada por la posición que adoptan muchos colaboradores de pequeñas empresas que no entienden la verdadera situación en la cual se verán si no cambian de actitud ante la emergencia. Los gremios siguen presionando sobre los emprendedores con mensajes intimidatorios, como si fuéramos culpables de que nos vaya mal. Los empleados quieren salvarse a través de algún juicio laboral. Pan para hoy, hambre para mañana. Aquel a quien le dimos una oportunidad de aprender, de relacionarse con otras personas y crecer, aquel que en su momento nos agradeció por “la mano que me da”, hoy nos desconoce y hasta amenaza de muerte a su empleador (como ha sucedido) por la pérdida de trabajo. Muchachos, hay que hacerse cargo. En las pequeñas empresas estamos todos en el mismo barco y, para salvarse, todos deben remar cuando las papas queman. Ya no existen los “patrones”, hoy todos trabajan a la par, cumpliendo cada uno su función. El empresario invierte, planifica, arriesga, dirige la empresa y trabaja codo a codo con su personal, velando por la prosperidad del conjunto. Cuando la cosa marcha bien somos todos amigos; cuando por circunstancias ajenas a nuestra voluntad la cosa marcha mal, pasamos a ser los malos de la película que los dejamos sin trabajo. Una situación totalmente injusta. Los emprendedores, además de perder el capital invertido, soportan juicios laborales y embargos que abortan cualquier intento de recomposición de las empresas. Un gran porcentaje de emprendedores achica sus estructuras manteniendo parte de su personal; otros sencillamente optan por mantener una pequeña estructura familiar para seguir adelante; algunos se dedican personalmente a ejercer su oficio sin incorporar personal. Y todo esto significa trabajar menos, ya que no se puede cumplir con todos los compromisos si no se tiene la estructura adecuada. Por un lado, los trabajos serán selectivos y redundarán en mayores beneficios para los pequeños empresarios; por el otro, los desempleados engrosarán los planes sociales que aumentarán inexorablemente. Estamos en presencia de la destrucción del empleo. Cuando otros países crecen, generan más y más trabajo; nosotros nos deshacemos de nuestro capital humano porque no nos dan los números. Inventamos feriados... feriados puentes, feriados turísticos, asuetos administrativos para que disfruten los que siempre han podido viajar. La gran mayoría se sienta en la vereda contando las horas para terminar con el aburrimiento. Vivimos en el reino del revés. Necesitaremos muchos años para salir de este gran problema pero, cuanto antes empecemos a darnos cuenta de lo importante que es la educación de los pueblos, menores serán nuestros sufrimientos. Cultura general y cultura del trabajo; actitud y servicio. Los gobiernos deben proteger las pequeñas empresas facilitando su evolución, los gremios darse cuenta de que los reclamos excesivos llevarán a la desaparición de las pymes y, por ende, la desaparición de puestos de trabajo (la fábula de la rana y el escorpión). Aunque parezca mentira, en el fondo somos culpables por no participar en política. Las políticas públicas son las que en definitiva rigen nuestras vidas y están diseñadas muchas veces por personas que no tienen la menor idea de lo que son el trabajo y el sacrificio. La corrupción está adquiriendo límites intolerables, ganándoles la batalla a los valores, la virtud y el trabajo. Ricardo Dougall, DNI 10.532.537 - Neuquén
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora