La figura de Juan Carlos Lezcano

Neuquén

Juan Carlos Lezcano nació en Tandil el 8 de marzo de 1952, llegó a esta ciudad siendo muy chico junto a su hermana mayor y su padre ferroviario. Vivió su niñez y adolescencia en la colonia ferroviaria de Neuquén, donde junto a otros compañeros de barrio abrazó la profesión policial. Ingresó a la fuerza cursando sus estudios en Viedma, en la entonces Escuela Regional de Policía, y egresó en 1970, con los mejores promedios inició su carrera en esta provincia.

Llegó al grado máximo de carrera policial, entre 1999 y 20003 fue jefe de Policía y entre 2008 y 2009 subsecretario de Seguridad de la provincia.

Su carrera policial fue brillante, pues ya de joven se destacó no solo por su continua entrega profesional sino también por sus notables virtudes intelectuales que le permitieron ser becado por la Policía neuquina y ser el primer licenciado en Seguridad en nuestra provincia con destacado promedio, egresado del Instituto Universitario de la Policía Federal Argentina. Además troncó sus estudios como abogado, a falta de cinco materias para volver a calzase el uniforme policial y tomar el cargo de jefe de Policía.

Hombre de mente abierta y profundas convicciones, permitió durante su gestión que se desarrollaran arduas y extensas discusiones sobre el presente y el futuro de la institución policial. Durante esa gestión y parte de la siguiente comandada por Walter Cofre se impusieron -no sin resistencias- las ideas de la Policía de proximidad y el diseño de una nueva carrera policial que se denominó en su momento de “Cuadro único”.

Además apostó fuertemente a la capacitación policial con cursos iniciales de un año completo, externados y mixtos. Se iniciaron las bases para la posterior creación del Instituto Superior en Seguridad Ciudadana.

Junto a compañeros de profesión como Horacio Jankowski, Ramón Rodríguez y Luis Quiles entre otros, se desarrollaron proyectos institucionales que culminaron con el dictado de nuevas leyes de organización policial e incluso con el diseño de la estructura de la Subsecretaría de Seguridad. Siempre permitió la discusión franca, abierta y apasionada de temas policiales en una institución tradicionalmente verticalista, no acostumbrada a ese estilo, tratando de proyectar una profesional y eficiente.

Hasta hoy rondan innumerables anécdotas del Bocha -como se lo llamaba afectuosamente- como un hombre de inagotable energía para trabajar y estar en todos los detalles. Solía recorrer la ciudad hasta altas horas de la noche controlando cada detalle del trabajo policial.

Hombre de eternas y profundas discusiones sobre seguridad pública, tanto que a pocos días de su muerte todavía compartía opiniones sobre el caso Chocobar y sus consecuencias. Fue un soñador que intentó plasmar sus ideas en la práctica, tomando el riesgo de la crítica y el ataque antes que conformarse con la sola provisión de tecnología, medios y hombres como si eso bastara para un plan de seguridad pública.

A este jefe de Policía no se le ha brindado, en mi opinión, el reconocimiento que merece, qué bueno sería inmortalizarlo con el nombre de la Escuela de Policía que hoy lleva el de Adalberto Staub, no solo muy lejano y ajeno a nuestra institución sino también cuestionado por su intervención en la llamada Matanza de Zainuco.

Ese sería un digno reconocimiento a un hombre íntegro, laborioso, comprometido, de finos modales, respetuoso, soñador y con un profundo amor por el uniforme policial. Ojalá así sea.

Miguel Novoa

DNI 13.970.874


Exit mobile version