La gestión también importa



No sólo los simpatizantes del gobierno nacional sino también muchos dirigentes opositores parecen creer que la política ha de ser un campo de batalla en que se enfrentan distintos “relatos”, de inspiración es de suponer ideológica, y que por lo tanto los meros hechos concretos carecen de importancia. Que éste sea el caso no es exactamente novedoso –ya han pasado más de setenta años desde que el pensador español José Ortega y Gasset pronunciara en La Plata la conferencia en que formuló una exhortación célebre que ha conservado toda su vigencia al decir: “¡Argentinos, a las cosas!”–, pero últimamente la tesitura así supuesta ha llegado a extremos insólitos. En cierto modo, la aversión que tantos políticos e intelectuales sienten por “las cosas” puede entenderse, ya que es mucho más fácil perorar en torno a grandes abstracciones y denunciar a los rivales por su presunta forma de pensar de lo que es ayudar a mejorar las condiciones físicas en que viven millones de personas, pero convendría que tanto los que desempeñan funciones en el gobierno como quienes aspiran a reemplazarlos prestaran más atención a los banales asuntos materiales. Pocos días transcurren sin que surja un nuevo ejemplo de las consecuencias desafortunadas del escaso interés de las autoridades nacionales, provinciales y municipales por los engorrosos detalles prácticos que en otras latitudes obsesionan a los gobernantes. Les gusta hacer gala de su generosidad anunciando la puesta en marcha de planes ambiciosos, pero son reacias a darse el trabajo de cumplir las tareas administrativas correspondientes, sobre todo si tienen motivos para sospechar que, por ser cuestión de proyectos que requerirían años de esfuerzo antes de culminar, otros podrían cosechar los eventuales beneficios políticos. He aquí una razón por la que tantas obras públicas o, si se prefiere, “sociales” propenden a ser suspendidas bien antes de la fecha fijada para su terminación. En Jujuy el conflicto, que ya ha costado la vida de cuatro personas y ha dejado heridas a muchas más, que fue desatado por una agrupación de ultraizquierda que organiza la ocupación de terrenos ajenos ha tomado un giro imprevisto al sumarse a la campaña cien familias de policías de Libertador General San Martín que acusan al gobierno nacional de no haber enviado al Instituto de Vivienda de la provincia los fondos prometidos. Las esposas de los agentes insisten en que no quieren regalos, ya que están dispuestas a pagar lo necesario para que por fin terminen obras que están paralizadas desde hace años. Huelga decir que situaciones como ésta se repiten en muchos otros lugares a lo ancho y lo largo del país, ya que si bien en todas partes las autoridades son pródigas a la hora de anunciar obras, con frecuencia excesiva no se encargan de asegurar que se lleven a cabo. Por desgracia, cuando de las viviendas sociales se trata, lo sucedido con la iniciativa “Sueños Compartidos” de la Fundación Madres de Plaza de Mayo dista de ser una anomalía. Las dificultades que siguen registrándose se han visto agravadas por la voluntad, de por sí elogiable, del gobierno nacional de manejar el gasto público con más prudencia luego de haberse comprometido con programas que no estará en condiciones de financiar. Para ahorrar dinero, el gobierno se ha habituado a atrasar los pagos a las empresas privadas contratadas para distintas obras, algunas muy importantes. Pero los empresarios y quienes carecen de viviendas mínimamente dignas no son los únicos que están protestando contra la tacañería oficial que se atribuye ya a la ineficiencia, ya a la conciencia de que incluso en un año electoral es necesario procurar limitar el aumento del gasto público. Según la jueza María Servini de Cubría, podrían suspenderse las elecciones primarias abiertas previstas para el 14 de este mes debido a la falta de fondos, planteo que el titular de la Dirección Nacional Electoral, Alejandro Tullio, considera extravagante pero que así y todo es sintomático del malestar creciente provocado por el manejo del dinero aportado por los contribuyentes por parte de un gobierno nacional que está mucho más preocupado por las alternativas de la fantasmal “batalla cultural” que está librando contra sus adversarios que por asuntos más terrenales.


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