La «Hillary argentina»

Por Redacción

La primera dama Cristina Fernández de Kirchner, que resultó electa y será la próxima presidenta del país, ha sido descrita repetidamente en los medios como «la Hillary Clinton argentina». Sin embargo, la descripción es algo engañosa.

Antes de entrar en las razones por las que la comparación no es valedera, recapitulemos lo que han dicho casi todos los medios de prensa internacionales incluyendo «The Miami Herald» sobre la senadora Fernández de Kirchner en los últimos días.

Al igual que Hillary, la primera dama argentina es una senadora que se define como «progresista»; conoció a su marido cuando ambos estudiaban abogacía, estuvo a su lado cuando llegó a ser gobernador de un remoto estado sureño y después lo ayudó a llegar a la presidencia de la República. Y su esposo, como el de Hillary, ejerció la presidencia durante varios años de fuerte crecimiento económico, en el caso de Argentina principalmente debido al aumento de los precios internacionales de las materias primas y las compras masivas de soja por parte de China.

A juzgar por lo que recuerdo de la única vez en que conversé con ella, Cristina Fernández podría representar una mejora por lo menos en estilo sobre el presidente Kirchner. Los dos comparten la misma retórica populista y son eximios practicantes de la vieja tradición argentina de culpar a los de afuera por los males del país (un amigo dice que, en la Argentina, el mejor amigo del hombre no es el perro sino el chivo expiatorio); sin embargo, Fernández de Kirchner es algo menos confrontacional y provinciana que su marido.

El presidente saliente arremete casi a diario contra adversarios reales o imaginarios y ha logrado antagonizar a mucha gente, desde el presidente Bush hasta líderes empresariales y periodistas argentinos. Raramente recibe a los empresarios, tiene poco interés por la política internacional y le aburren las reuniones con dignatarios extranjeros.

Aunque Fernández de Kirchner también culpa al Fondo Monetario Internacional y a otros supuestos villanos externos en sus combativos discursos, parece más dispuesta a hablar con quienes no están dentro del pequeño círculo cerrado de amanuenses que acompaña a los Kirchner. En semanas recientes, la senadora se reunió con líderes empresariales argentinos y norteamericanos.

Por otro lado, Fernández de Kirchner tiene más curiosidad por el mundo exterior que su marido. En los últimos meses, además de viajar a Venezuela y Ecuador, visitó Estados Unidos, México, Alemania, España y Austria, donde se reunió con presidentes, políticos y académicos.

Cuando conocí a los Kirchner en una cumbre presidencial, en el 2004, y conversé durante un largo rato con ellos, ella pareció tener una mentalidad más abierta y escuchar más que el presidente, quizá por haber pasado varios años en el Congreso, donde hay que escuchar a los rivales para poder debatir con ellos.

Aunque Fernández de Kirchner probablemente mantendrá las buenas relaciones de su marido con Venezuela, cuyo presidente ha comprado más de 4.000 millones de dólares en bonos argentinos, probablemente mejorará los vínculos con las democracias europeas. Y, según funcionarios argentinos, no sería raro que mejorara las relaciones con Washington después de las elecciones del 2008, cuando asuma un nuevo presidente de Estados Unidos.

Pero hay grandes diferencias con Hillary. A diferencia de ésta, Fernández de Kirchner se presentó como candidata a la presidencia en momentos en que su marido es el primer mandatario del país. Y el presidente Kirchner ha puesto los recursos masivos de su gobierno incluyendo el avión presidencial y publicidad gubernamental al servicio de su campaña.

Según un informe publicado la semana pasada por el Comité de Protección de Periodistas de Nueva York, en los últimos meses el gobierno ha gastado 51 millones de dólares en publicidad oficial, un 63% más que el año pasado. Y aunque Fernández de Kirchner fue electa senadora antes de que su marido llegara a la presidencia, su ascenso a la primera magistratura no ha estado precedido de una elección primaria ni de un debate presidencial. Más bien fue designada a dedo.

Mi opinión: Fernández de Kirchner podría resultar mejor que su marido, pero no soy muy optimista sobre su futuro o el de la Argentina si sigue el camino actual.

Los Kirchner viven bajo la ilusión de que estos últimos años de crecimiento económico se deben a un nuevo modelo económico, en lugar de a factores externos como el creciente apetito de China por la soja argentina. Eso ha llevado al país a la complacencia y a perder su mejor oportunidad en muchas décadas para modernizarse y convertirse en un imán para inversiones internas y extranjeras que producen crecimiento a largo plazo.

En las próximas semanas vamos a escuchar hablar mucho de la «Hillary argentina». Pero tal comparación sólo va a ayudar a disimular el lado menos admirable del ascenso de Fernández de Kirchner a la presidencia.

 

ANDRÉS OPPENHEIMER (*)

Especial para «Río Negro»

(*) Periodista argentino. Analista internacional. Miami


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