La historia secreta de los hermanastros, novios y asesinos

Revelan más detalles sobre los hermanastros acusados de parricidio en Pilar. Algunos truculentos, delatando así el estado de los vínculos de la familia. Un caso policial que sigue conmocionando.

Redacción

Por Redacción

PARRICIDIO DE PILAR

Durante las últimas dos semanas, Karen Klein (22) y Leandro Acosta (25) hicieron una vida normal. Llevaron a sus hermanitos mellizos al colegio, fueron a trabajar, prepararon la comida y saludaron con una sonrisa a los vecinos. Nada los alteró. Ni siquiera las preguntas constantes de los hermanos de Ricardo Klein (54) sobre el paradero de éste y el de su esposa, Miryam Kowalczuk. Ni las sospechas que empezaron a caer sobre sus espaldas. Pero la aparición de huesos humanos semicalcinados en su casa y restos de sangre en la propiedad terminaron por dejar al descubierto un plan macabro.

Así informa Perfil y otros medios porteños este sábado: Karen y Leandro conspiraron de una forma salvaje por “odio” hacia sus padres que cartoneaban para poder mantener la casa. Y lo hicieron de una forma sangrienta: Ricardo fue ejecutado de un balazo mientras dormía, su mujer fue baleada mientras bajaba la escalera.

Lo peor llegó después. Para ocultar la masacre, los hijos cortaron los cuerpos de sus padres y los prendieron fuego. Para limpiar la escena y borrar todo tiempo de huellas sacaron todos los muebles de la habitación de sus padres y limpiaron con lavandina.

El intenso humo que desprendía el fuego en el que eran consumidos los cuerpos de las víctimas llamó la atención de todo el vecindario, en la localidad bonaerense de Pilar. Sin embargo, el que hizo la denuncia fue el tío de los asesinos. “Cada vez que iba a la casa de mi sobrina y de su novio no me podían dar respuestas lógicas de dónde se había ido mi hermano, por eso decidí ir a hacer la denuncia por averiguación de paradero”, contó Klein.

Miryam, la nueva esposa de Ricardo Klein, era oriunda de Chaco, aunque hacía unos 17 años que se había mudado a Buenos Aires junto a su hijo Leandro. Según cuentan sus familiares, ella había empezado a trabajar como empleada doméstica en un country de Pilar. Allí conoció a Ricardo.

La pareja empezó a convivir en la casa de Sarratea al 2700, junto a los hijos que cada uno de ellos tenía de una pareja anterior. Después llegaron los mellizos, que hoy tienen 11 años.

“Karen no quería a Miryam y tampoco se llevaba muy bien con su padre”, cuenta un familiar de la chaqueña. “Ella –por Miryam– nos contaba que Leandro había cambiado mucho desde que se había puesto en pareja con Karen. Ella lo dominaba, por eso me parece raro que ahora declare que fue obligada a limpiar la escena”.

Leandro y Karen son hermanastros pero también pareja. “Hacía unos tres años que estaban juntos y mi hermano hasta les estaba construyendo una casa arriba de la propiedad en la que vivían”, recordó Raúl Klein, otro de los hermanos de la víctima. “Ricardo tenía mal carácter pero no era capaz de maltratar a los nenes como dijo Leandro. Le pedía que trabajara, que no fuera un vago”, explicó Roberto.

Tanto los familiares de las víctimas como los investigadores creen que el doble crimen fue planificado al igual que la coartada que plantearon en los días siguientes. “Dieron diferentes versiones desde que se les empezó a preguntar por Ricardo y Miryam. A uno de mis hermanos le dijeron que se habían ido a un casino en Uruguay, mientras que a un amigo de Ricardo le inventaron otra cosa. Después a los vecinos les dijeron que mi sobrina y Leandro habían denunciado a sus padres por maltratar a los mellizos y que se les había dictado una restricción de hogar”, cuenta Roberto Klein. “Estuvieron como diez días conviviendo con los cuerpos descuartizados de mi hermano y mi cuñada, pero ellos hacían una vida normal. Mi sobrina siguió yendo a trabajar y llevaba a los nenes al colegio”, se indigna.

Los hermanos de Klein denunciaron el 12 de septiembre que desde hacía dos semanas no sabían nada de él ni de su esposa. Un chatarrero, amigo de la víctima, les avisó que Leandro estaba vendiendo todo lo que había en la casa, y un changarín declaró que durante esos días el joven le había encargado sacar unas bolsas pesadas de la casa para tirarlas en un basural.

Para los investigadores el móvil sería económico. Los jóvenes pretendían quedarse con los bienes de la pareja, y pensaron que si conseguían descartar los cuerpos y limpiar la escena se asegurarían la impunidad.

Una semana antes, los ahora detenidos por el doble homicidio habían radicado una denuncia en el juzgado de familia, al advertir que sus padres maltrataban a los mellizos de 11 años con los que vivían, hijos biológicos de la pareja. Ahora están en un hogar de menores.

La situación familiar, según cuentan testigos, era desastrosa. “Vivíamos como ratas, ¿a ustedes les parece?”. Eso es lo único que se le escuchó decir a Leandro, ahora detenido por el parricidio. Y le dio la pista a los investigadores que los homicidios se cometieron por odio y resentimiento.

Pero hay una hipótesis más. En la casa había ahorros por 8 mil dólares, con los que los asesinos se quedarían en caso de que el plan a ejecutar les salga bien. Leandro era fanático de River y soñaba con viajar a Japón a ver la Copa Intercontinental.

Agencias


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