La kinesióloga a la que enfrentó en un acto

Por Redacción

La relación entre Carlos Soria y una kinesióloga que se desempeñaba en Adanil irrumpió con fuerza ayer en el juicio contra Susana Freydoz. El vínculo existía. Nadie podría negarlo porque el exgobernador realizó en ese centro del barrio Norte roquense su rehabilitación luego de la operación del corazón a la que fue sometido a mediados de 2007. Hasta dónde llegaron es la incógnita que sobrevuela en las audiencias realizadas en la Ciudad Judicial. Freydoz aseguraba ante sus amigas que habían ido mucho más allá del contacto entre médico y paciente. Fundamentaba su postura con pruebas que ella consideraba irrefutables, como el mensaje de texto que le mostró a Elsa Romagnoli la noche del 22 de diciembre de 2011, en la misma chacra donde nueve días después ocurriría la tragedia. “A pesar de todo te sigo extrañando” había escrito Soria, según ratificó la amiga del matrimonio ayer frente a los jueces de la Cámara Primera. Cuando Romagnoli terminó de leer, Freydoz hizo una síntesis sobre su estado de ánimo. “Cómo querés que esté bien con esto”, le dijo. La testigo agregó que su amiga “siempre hacía referencia a una persona, una kinesióloga que trabajaba en Adanil” y luego precisó que “desde un año antes ya hablaba de esta persona”, llamada Paula. Romagnoli declaró en el juicio luego de su marido, el médico Edgardo Peacock. Ambos relataron otra situación protagonizada por la esposa de Soria, quien admitió haber citado a la presidenta de la comisión de Adanil, Marcia Guevara, para reprocharle que mantuviera en el staff a la kinesióloga, exigiéndole que la echaran. Peacock dijo que nunca tuvo pruebas ni quiso preguntar concretamente, pero que Soria “sugería que veía a alguien, pero siempre en una letra borrosa”. Luego se explayó sobre la relación del exgobernador con la kinesióloga e indicó que los comentarios que habían llegado a él tenían que ver con la prestación de “otros servicios” por parte de la profesional de Adanil. Cuando los jueces le pidieron que especifique a qué se refería, respondió: “servicios íntimos”. En su declaración el médico también recordó otra “anécdota”, ocurrida en septiembre de 2011, cuando se inauguraron las mejoras sobre la calle Mendoza, entre Alsina y Ruta 22. Según el relato, ese día Freydoz divisó desde el palco a una mujer, decidió bajar “y la conminó a retirarse”. Los jueces le preguntaron si esa mujer era la kinesióloga, a lo que dijo suponer que sí, porque “no había un abanico muy grande”. La última testigo que declaró ayer, Cristina Pereyra de Müller, recordó que una vez su amiga le aseguró que si en algún momento encontraba a Soria con la kinesióloga “la reviento y lo reviento a mi marido”. La camarista María Evelina García Balduini le preguntó a Müller si conocía el apellido de la profesional de Adanil, pero la mujer dijo que no podía recordarlo.


Exit mobile version