La limpia
Reflexiones, pensamientos, anécdotas y sueños sobre viajar.
En el camino
Irene Caselli irenecaselli@gmail.com Hay que despertarse temprano para llegar. Son tres horas de Quito a Riobamba, una pequeña ciudad en los Andes ecuatorianos. Voy a un hospital que mezcla prácticas occidentales con ceremonias ancestrales. Allí, los curanderos gozan de buena reputación. Para la medicina andina las enfermedades del cuerpo son el resultado de un desequilibrio espiritual. Los yachaks o doctores tradicionales detectan las afecciones y hacen la limpia de energías con hierbas y humo. Hace meses que me enfermo sin parar, una gripe después de otra. Me siento débil. Los dolores de cabeza me matan. Estoy dispuesta a una aventura para deshacerme de mis males, tal vez por mis orígenes: soy del sur de Italia, napolitana, tierra de supersticiosos, donde todos creen al menos en el mal de ojo. Mucha gente va regularmente a la India para encontrar yoguis que los guíen espiritualmente. Otros van a la Amazonia para curarse con hierbas alucinógenas como la ayahuasca. Y los Beatles tenían su gurú personal. Me convenzo de que vale la pena probar si encuentro el mío. “Tendrás que ponerte llucha”, me avisan, utilizando una palabra ecuatoriana que significa desnuda. Me río. No me parece grave quitarme la ropa frente a un hombre conectado con la Pacha Mama. Ya en el hospital, que es igual a cualquier otro, una mujer me cuenta que trabaja con enfermos terminales de cáncer: “Una vez al mes necesito una limpia para librarme de las malas energías y seguir adelante”. Es mi turno. En el cuarto hay mucho humo. Taita Mariano, el yachak, lleva un poncho rojo y un sombrero negro. Habla poco. “Llucha”. Me quedo en corpiño y bombacha. Me da una vela y me indica que me la pase alrededor del cuerpo para que la cera se impregne de mi aura. Se la devuelvo y la enciende. Donde solo veo humo, Taita Mariano ve mi aura. Se para y me pasa hierbas por el cuerpo. Hay ortiga, que en teoría irrita y pica al rozar la piel, pero a mi no me duele. Al contrario, me relajo escuchando las hojas. En la segunda fase, el yachak hace un buche con un alcohol fermentado con hierbas medicinales y me lo escupe en la cara. Una lluvia que me llega en forma de rocío. Siento una sensación de alivio que no entiendo. Toma carbón y sella la ceremonia soplando el humo hacia mi. Estoy mojada y huelo rara. Mientras me visto, le pregunto a Taita Mariano qué vio. Me dice que soy muy espiritual, que estoy conectada con la Pacha Mama y que podría ser una buena curandera … aunque para eso debería casarme con él. Twitter: @irenecaselli