La maldición del “Agente Naranja”
Hace frío en Thanh Xuan, cerca de Hanoi. Envueltos en chaquetas y bufandas, los jóvenes se acuclillan en una pequeña habitación, donde algunos asistentes los ayudan a acostarse, levantarse y comer. Están esperando su turno con el doctor Vu Son Ha, quien señala a su próximo paciente, un chico de 22 años de cabeza muy grande y ojos saltones. “Su padre era soldado, luchaba en Vietnam del Sur”, explica. El “Pueblo de la Paz”, fundado en 1991 con ayuda internacional, da cobijo a más de un centenar de discapacitados. Para ese joven, la misión de su padre en el frente sigue siendo una maldición 40 años después de la retirada de los estadounidenses. Durante la guerra, como muchos otros, ese soldado estuvo expuesto al “Agente Naranja”, un defoliador tóxico que los norteamericanos usaron para poder bombardear mejor los caminos por los que los comunistas huían a la selva. Las consecuencias fueron horribles. Cientos de miles de personas padecieron cáncer de próstata, pulmón, piel, hígado, leucemia y otras enfermedades. También hubo bebés que sufrieron daños antes de nacer, algo que sigue ocurriendo hasta dos generaciones después, elevando el número a 150.000 en la actualidad. Cuando el 27 de enero de 1973 los estadounidenses sellaron su retirada de Vietnam en el Acuerdo de París, no se habló de las terribles consecuencias de las decisiones tomadas durante la guerra. En la capital francesa se sentó como negociador estadounidense Henry Kissinger, que después se convertiría en secretario de Estado y ganaría el Premio Nobel de Paz. Dos meses después se retiraba el último soldado estadounidense y los enfrentamientos finalizaron dos años más tarde, con la entrada de los comunistas en Saigón. Estados Unidos y Vietnam retomaron sus relaciones hace 20 años y desde entonces florece el comercio. Pero el “Agente Naranja” sigue siendo un capítulo por resolver. El Ejército norteamericano empleó más de 43 millones de litros del gas venenoso entre 1956 y 1970, en una región con 4,5 millones de habitantes. Hasta el día de hoy, el gobierno estadounidense no reconoció oficialmente las graves consecuencias para la salud que tuvo el empleo de aquella sustancia. Aun así, al menos desde el año pasado colaboran con 43 millones de dólares (32 millones de euros) en la recuperación del territorio afectado del antiguo puesto militar de Danang. Los veteranos estadounidense de Vietnam que sufrieron las consecuencias del “Agente Naranja” y lo denunciaron recibieron al menos una compensación económica, en virtud de un acuerdo extrajudicial. Pero las víctimas vietnamitas siguen con las manos vacías, más allá de los 100 dólares mensuales de ayuda del gobierno de su país. “Estados Unidos intenta librarse de su responsabilidad”, apunta Mai The Chinh, miembro de la directiva de la Asociación de Víctimas Tibetanas (VAVA). La única ayuda que recibieron hasta ahora fue la relacionada con la cooperación al desarrollo. “Desde 1989 aportamos 54 millones de dólares para ayudar a discapacitados vietnamitas, independientemente de los motivos”, explicó por su parte el portavoz de la embajada norteamericana en el país, Chris Hodges. “El gobierno estadounidense debería hacer más por las víctimas del ‘Agente Naranja’”, reclama, sin embargo, la directora del “Pueblo de la Paz”, Nguyen Thi Thanh. Su organización depende en gran parte de los donativos, cada vez más escasos desde el inicio de la crisis económica. “Como norteamericanos tenemos la obligación moral de hacer algo en lugar de discutir si fue el ‘Agente Naranja’ el que produjo las malformaciones o no”, concluye Susan Hammond, de la organización estadounidense War Legacies Project.
Marianne Brown DPA