La mejor noche
Pearl Jam fue la banda del Pepsi Music. En un show inolvidable, su líder, Eddie Vedder, volvió a confirmar el romance con un público fiel.
No paraban de llegar. Eran cientos, eran miles de adolescentes pero, sobre todo, jóvenes adultos, claro, porque Pearl Jam tiene una trayectoria con la música de, al menos, veinte años.
No fue su primer show en el país: antes fue en Ferro, en 2005 y luego La Plata, en 2011. Y quedó claro que la mayoría venía a eso, a encontrarse de nuevo con esta enorme banda, referente del grunge en los 90. El público logró sortear charcos, despegar sus suelas del barro en cada paso (la lluvia del martes dejó, entre otras consecuencias muchísimo más graves, un estadio difícil de transitar y permanecer), y los asistentes iban como “pisando huevos”, como ellos mismos advertían.
Cerca de las 22.30 sonaron los acordes de “Release” y el estadio regaló los primeros gritos a la noche, que estaba “hermosa”, como destacó Eddie Vedder, el vocalista más apasionado. Las más de 60.000 personas no se quedaron, desde entonces, ni un minuto quietas. Saltaron, bailaron, se abrazaron fuerte, celebraron el ritual como pudieron (muchos haciendo equilibrio, literalmente, sobre el barro).
Y siguieron los temas más reconocidos: “Evenflow”, “Lukin”, “Corduroy” (y Vedder pide palmas, marca el ritmo, aunque no hizo falta); luego llegaron “In Hiding”, “Save You” y “Deep”, aunque “Jeremy” hizo estallar a la platea (no sería la única vez): empezó a sonar desde abajo, en el campo y en las gradas laterales el “olé, olé, el cada día te quiero más”, el “soy de Pearl Jam, es un sentimiento, no puedo parar”. Y Vedder , pero también Mike McCready, Stone Gossard, Jeff Ament y Matt Cameron se quedaron quietos, sonrientes, mirando al estadio. Y no sería la primera vez.
Cuando llega el turno de “Wishlist”, que calmó los ánimos (sólo un poco), Vedder aprovechó para pedir al público más cercano al escenario “dos pasos hacia atrás” y agradecer, en castellano, que las personas “nos cuidemos entre todas”. Y seguirían “Hai Hail”, la bellísima “Daugter”, “Got Some” y la evidentemente esperada “Better Man”, porque el público la festejó y agradeció con alaridos y saltos frenéticos, que Vedder acompañó desde el escenario (”suenan realmente bien desde acá”).
Antes de una breve pausa, llegó el turno de los ya clásicos “Elderly Woman Behind the Counter in a Small Town” y “Rearviewmirror”, que el público saltó a rabiar y Vedder saludó con un “son endemoniadamente increíbles, muchachos”.
Luego de la pausa, el ritmo y la adrenalina se mantuvieron con “Do the Evolution” y “Animal”, para bajar decibeles y equilibrar la energía con “Just Breathe”, el tema que a banda eligió para acordarse de los estragos causados por la tormenta, de la pérdida de los seres queridos y de aquellas cosas que “nadie se merece”, con un Vedder evidentemente conmovido.
Con “Black”, el público local hizo lo que siempre hace: cantar, multiplicar los coros hasta que ya no quedan más vueltas en la melodía de la canción (así fue en el 95 y en 2011). La banda se quedó, como cada vez, suspendida, con los ojos en el horizonte, disfrutando del momento más emotivo del show.
Maestros de matices, luego sonaron “I Believe in Miracles”, el hitazo de los 90, “Alive”, “Rockin´ in the Free World”, para cerrar dos horas de un show impactante, conmovedor con “Yellow Ledbetter”. Vedder, en nombre de la banda, no dejó de agradecer el compromiso del público que, evidentemente, sostuvo su romance con Pearl Jam una vez más.
por paula gingins