La novela gráfica premiada y reconocida que lleva el trazo de un roquense

“Reparador de sueños” se llevó el Premio Ñ de Historieta, organizado por Ediciones de La Flor. Leyendas del rubro como Horacio Altuna y Juan Sasturain la elogiaron. El guión fue obra de Matías Santellán y los dibujos de Serafín, quien desde hace unos años adoptó Roca como su hogar. Serafín ahora es considerado unode los jóvenes más talentosos del géneroen la Argentina.





¿La vida es sueño? A veces parece que sí. Filmes como “Matrix” y “ExistenZ” han traído al presente pop las antiguas reflexiones de los filósofos griegos y los pensadores hinduistas, incitándonos a tener en cuenta las distintas posibilidades de eso que llamamos realidad.

La primera edición del Premio Ñ de Historieta, en conjunto con Ediciones de La Flor, ganada por la obra “Reparador de sueños”, escrita por Matías Santellán y dibujada por Serafín, un joven valor del cómic nacional que vive en General Roca, se sumerge en una materia que aún tiene mucho por dar.

Tal como señalan desde la misma editorial, este reconocimiento viene a llenar un espacio vacío en la escena local del dibujo, una cuestión no menor tomando en cuenta que algunos de los nombres más destacados del rubro, como Altuna, Caloi y Quino, entre tantos pero tantos otros, son argentinos.

“Reparador de sueños” vuelve sobre la idea de los mundos paralelos que se tocan. Y lo hace desde una mirada apocalíptica donde miseria y poesía cruzan sus caminos como dos serpientes furiosas. La fina expresividad de los trazos de Serafín, en el fondo, no hace más que remitir a la vida tal cual la conocemos; el arte de la historieta es una metáfora constante de los hechos cotidianos.

Cacho, el protagonista de la historia, es un mecánico que se encarga de reparar unos aparatos que inducen, de modo legal, a sueños controlados por una corporación. Como se sabe (lo dijo Freud, lo puntualizó Lacán, lo negaron otros, muchos, y la discusión aún sigue) las imágenes que se disparan en la mente de los seres humanos mientras duermen constituyen la materia primordial de sus conductas luego, cuando están despiertos. El gobierno corporativo aspira a que los ciudadanos sólo tengan los sueños más convenientes para su ideario productivo.

Pero el genial mecánico, aun bajo la influencia bastante marchita de un aparato que él mismo se ha encargado de descontrolar, es capaz de reconocer el deseo prohibido en el cuerpo de una mujer, Elizabeth. Desconoce hasta qué punto la piel no es más que una imagen onírica diseñada o una verdad que ha sido lentamente disuelta tras años de dormir bajo las garras de un grupo de tecnócratas.

La fotografía de Elizabeth no deja de torturar a Cacho, quien entiende que en ese nombre hay una señal, una puerta hacia su propia redención y tal vez hacia su libertad. La libertad que no se discute en el mundo futurista del cual Cacho forma parte.

Éste es o ha sido siempre uno de los mayores logros de la historieta argentina: reflejar de un modo profundo la realidad tanto social como política del país del cual ha surgido. Polenia no es una copia de la Argentina de hoy sino algo mucho más complejo: un retrato literario de la voluntad que mueve a muchos de los personajes del poder.

La maquinaria de los sueños puede entenderse como ese paliativo transfigurado en dinero o bolsas de comida que son entregadas en los barrios humildes antes de las elecciones, o como una réplica inexacta pero no por eso equivocada del uso que se le da hoy a la pantalla chica. Millones de personas que consuelan sus frustraciones admirando los movimientos de una chica de glúteos hipertrofiados o atentas a las alternativas del nuevo campeonato de fútbol donde se dirimen los colores y el honor de una institución. Metáforas, falsa poesía de la pobreza, analgésicos visuales que empujan a las gentes a mirar para el costado, donde estalla la tela multicolor y en HD mientras la verdad se derrumba como un edificio en llamas.

Todo esto fluye subterráneamente en el texto visceral y rudo de Matías Santellán, dibujado con mano maestra por Serafín.

¿La vida es sueño? Cacho lo descubrirá en el último de los minutos antes de que comience el principio del fin.

Claudio Andrade

candrade@rionegro.com.at


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