“La pandemia nos dio una nueva oportunidad”

Paula Polich es arquitecta y preside la Regional 1 del Colegio de Arquitectos. Descarta la idea de que la ciudad deba tener un estilo único, pero cree que no hay que perder la identidad de los ríos y la barda. El peatón, la bicicleta y la accesibilidad, las claves.





La modernidad obliga a pensar en una nueva movilidad. “Difícilmente una ciudad puede calificarse por su estilo arquitectónico”.

La modernidad obliga a pensar en una nueva movilidad. “Difícilmente una ciudad puede calificarse por su estilo arquitectónico”.

Difícilmente una ciudad pueda calificarse por su estilo arquitectónico. Eso fue algo que se terminó con la modernidad. Desde entonces todo se parece más a una sucesión y coexistencia de modas y decisiones políticas que, en algunos casos, suelen durar menos que las líneas de diseño en boga.


La joven Neuquén no escapa a las generales de la ley. La presidenta de la Regional 1 del Colegio de Arquitectos neuquino, Paula Polich, no se siente incómoda con esa máxima y tampoco considera que sea una meta deseable. Sin embargo, cree que sí es importante no desconectarse con la identidad de cada lugar. En la capital neuquina: los ríos y la barda.


Muchos pensamos, al principio, que la pandemia nos iba a hacer mejores y esas cosas. Creo que hoy nadie es tan optimista. Pero si pienso que fue como una cachetada, en el sentido de que nos despabiló, para recuperar la idea de que estamos a tiempo de hacer mejor las cosas”, contó la arquitecta en una breve charla con Río Negro.


Volvió sobre las lecciones que está dejando el coronavirus. “La prioridad del peatón, la movilidad en bicicletas y el uso del espacio público, fueron señales que podemos tomar para potenciar. Esto tiene que ser un trabajo interdisciplinario y que pueda sostenerse en el tiempo. Pero lo importante es que estamos a tiempo de hacerlo”, consideró.


Si bien la capital neuquina está lejos de ser una ciudad inclusiva, también en este aspecto tiene mucho potencial para desarrollarse. No únicamente desde la accesibilidad para el desplazamiento sino, considera Polich, desde la conexión con el medio ambiente y la identidad de la ciudad.

Las veredas son uno de los temas. Pero, por ejemplo, se podría pensar en que los árboles no solo estén delimitados por un cuadrado en la vereda. Es una franja que no se utiliza para la circulación peatonal y podría servir hasta como drenaje para las lluvias y contrarrestar todo el pavimento que tenemos”, indicó.


Pero los ríos y la barda son clave en el concepto de priorizar los desplazamientos no motorizados y dar prioridad al peatón. Ambos conceptos desarrollados casi a la fuerza por las restricciones de circulación y las medidas de distanciamiento social.
Polich resaltó la avenida Olascoga/Argentina que conectan el río con la barda neuquina.

Es un buen ejemplo donde se vincula y mantienen las referencias de la ciudad. Pero también podríamos pensar que en vez de que sea solamente un corredor, puedan proyectarse varios para que, tan solo, caminando una persona pueda ir desde la barda al río o unir ambos cauces. Pensar una conexión así para el este, el oeste o multiplicarlas”, delineó.


Por último advirtió sobre la necesidad de repensar los proyectos que prometen grandes cambios. Uno de esos es la avenida Vaca Muerta. En su diseño proyecta cinco carriles por mano para automóviles. Justamente este tipo de iniciativas son las que podrían revisarse bajo las nuevas enseñanzas. Claramente diez carriles para vehículos no parece tener, a primera vista, la perspectiva del peatón, por ejemplo.

En este nuevo aniversario, atravesado por una situación excepcional, que generó nuevas normalidades, la perspectiva que propone Polich toma un mayor relieve.

Pienso el coronavirus que fue como una cachetada, que nos despabiló, para recuperar la idea de que estamos a tiempo de hacer mejor las cosas”.

Paula Polich, titular de la Regional 1 del Colegio de Arquitectos

Le ponen color al oeste neuquino

Ahora son llamativos. Rojos. Amarillos. Los primeros de su tipo en el oeste de Neuquén. Pero todo parece indicar que es el inicio de un tipo de construcción urbana que permitirá multiplicar la cantidad de viviendas y, por lo tanto, de familias, en el mismo terreno. Los edificios del Covicir, en Rodhe y Belgrano, se comenzaron a poblar desde el año pasado y forman una especie de barrio en sí mismos.
Los colores fueron elegidos por los mismos vecinos. “La mayoría de los planes de vivienda están pintados iguales y, generalmente, de colores opacos”. Esa fue la lógica que aplicaron desde la cooperativa de del Círculo Policial Neuquino, contó su presidente, Gabriel Álvarez, quien destacó que trabajan con grupos de inscriptos a los que les pueden dan respuesta de forma total, en lugar de anotar a miles de personas.
Álvarez resaltó que la cooperativa se creó en 2003 porque los policías, por las características de sus trabajos, no pueden ir a vivir a cualquier barrio, pero después abrieron las inscripciones. Los terrenos de ese sector del oeste donde construyeron por primera vez eran de la laguna San Lorenzo. Los siguientes fueron los del kartódromo y las canchas de fútbol del club del círculo policial.
En esos últimos se comenzó a construir, en 2015, la primera etapa. Pero el trabajo se encaró de una forma distinta. “Entraban 80 viviendas, pero con los edificios se proyectaron 276”, recordó la directora provincial de proyecto y planeamiento del IPVU, Bárbara Macedo. Se consiguió financiación desde Nación y se sumó Provincia porque, aunque los servicios estaban alrededor, había que establecer nexos para dar respuesta a la demanda de las cientos de familias que se terminarían mudando.
Son módulos de tres pisos, de dos departamentos por cada piso.


Comentarios


“La pandemia nos dio una nueva oportunidad”