“La patria abandonada”
En los últimos 20 años no se ha invertido un solo peso en el bienestar general del pueblo, en bienes y servicios que hacen a su vida cotidiana, y ello ha determinado un deterioro de tal magnitud que resulta difícil pensar cómo y en cuánto tiempo podremos volver a contar con una estructura básica para que el país funcione normalmente y la gente pueda realizar sus actividades cotidianas con normalidad. Me refiero a que cada rincón de esta argentina nación está desbastado, con rutas de asfalto que pasaron a ser de ripio y se convirtieron en tierra por la ausencia absoluta de mantenimiento a cargo de los organismos viales de los estados nacional y provincial. A las vías férreas que unían el inmenso territorio nacional las quitaron en la década de los 90 haciendo desaparecer cada pueblo que florecía al paso del tren, pérdida tan sentida que no es sólo nostalgia, sino una necesidad que grita ser repuesta, pues el desierto y el viento van comiendo lo poco que quedó en pie luego de tal desatino. Una intención que vive alentando el subsidio y desatendiendo el trabajo ha generado al hombre nuevo que mencionan discursos de políticos y autoridades: es el joven “ni-ni”, ese que ni estudia ni trabaja y que con la ayuda del Estado apenas puede alimentarse y comprar la droga mala –el paco– que ha destruido su cerebro, sus fuerzas, sus ganas, el que cuando se acaba el obsequio sale a robar y matar por nada y que finalmente muere demasiado joven (aunque los políticos sin piedad pueden sacarle su voto en un par de elecciones). Los sobrevivientes a esta realidad de mendigos, los que logran acceder a la escuela, lo hacen en edificios derruidos, cada vez con menos días de clases y docentes mal pagos, lo que hace florecer la escuela privada a la que asisten los hijos de los funcionarios que se encargaron de destruir la escuela pública donde nos formamos tantos argentinos y que hoy es ausencia, sólo existe en el corazón de los viejos que la extrañan. Hospitales que apenas se tienen en pie, vacíos de profesionales ante remuneraciones ridículas y que siguen adelante por la acción generosa de un puñado de médicos y enfermeras que se niegan obstinadamente a abandonar el barco y se esmeran por cumplir su rol más allá de sus fuerzas. La seguridad es el primer clamor de la sociedad, víctima indefensa de bandas narcos y trata de personas. El crimen organizado ha hecho pie en cada rincón de la patria sin que los responsables de cuidarnos digan presente a tiempo, antes del tiro del final que hoy le tocó al vecino de la esquina y mañana, vaya uno a saber. Un Estado que en ésta como en tantas materias esenciales mira para otro lado. Así, Argentina fue convertida en zona liberada, con policías, jueces y fiscales que nunca llegan a tiempo para la prevención, sino exactamente al momento del crimen consumado. Dejó de ser ese paraíso de tranquilidad y paz que conocimos los que hoy peinamos canas. Latrocinio, desinversión, apego por el dinero rápido y mal habido han convertido un país dorado de campos de trigo en un lugar inhabitable para el hombre común, sin escuelas, hospitales, seguridad y justicia, sin caminos de fierro, sin rutas seguras; sólo viento y miseria en una nación que por la omisión de malos gobernantes va dejando de ser. Héctor Luis Manchini DNI 7.779.947 San Martín de los Andes
Héctor Luis Manchini DNI 7.779.947 San Martín de los Andes